Por qué un 10 de mayo de 1940 se jugó el destino de Europa

Emilio Campmany

Hace hoy exactamente 80 años hubo en los Comunes un debate crucial en una nación en estado de emergencia nacional. El intento de impedir que los alemanes ocuparan Noruega había fracasado. El primer ministro Chamberlain, conservador, lastrado con la mancha de haber sido el inútil apaciguador de Hitler, fue acusado en los Comunes de incompetencia. Los partidos de la oposición, liberal y laborista, mostraron agriamente su descontento. Y algunos conservadores amenazaron con votar en contra del Gobierno o abstenerse. El discurso más vibrante lo pronunció Lloyd George, desde la oposición liberal:

El primer ministro pide sacrificios. La nación está preparada para asumir cualquier sacrificio mientras haya liderazgo y siempre que el Gobierno diga claramente lo que quiere y la nación esté convencida de que quienes la dirigen dan lo mejor de sí mismos. Digo solemnemente que el primer ministro debería dar un ejemplo de sacrificio porque no hay nada que pueda contribuir más a la victoria en esta guerra que su dimisión.

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Churchill y Halifax

Las palabras del viejo león fueron letales. A Chamberlain sólo le cabía formar un amplio gobierno de coalición, pero, cuando se acercó a los laboristas, Clement Attlee le hizo saber que apoyaría cualquier Gobierno que la mayoría conservadora quisiera formar siempre y cuando no estuviera presidido por Chamberlain. Entonces, éste dimitió.

El partido tory quería como sucesor a Halifax. El aristócrata quería pactar con Hitler, entregarle el continente y que a cambio Gran Bretaña conservara su imperio. Sin embargo, a principios de mayo de 1940, cuando Gran Bretaña apenas había sufrido un revés, el pueblo británico no lo habría entendido. Había que esperar a que la gente asumiera que la guerra no podía ganarse. Por eso, alegando que no podía ser primer ministro por no ser miembro de los comunes (tenía escaño en la Cámara de los Lores), renunció en favor de Churchill.

A Sir Winston no le quería nadie. Por un lado, pesaba sobre él la sombra del desastre de Gallipoli en la Primera Guerra Mundial y del reciente fracaso en Noruega, de los que se le hacía responsable por ser en ambos casos el primer lord del Almirantazgo. Pero, era el único que había llamado al rearme y a enfrentarse a los alemanes desde que Hitler remilitarizó Renania en 1936. Su terca y solitaria oposición a Hitler le convirtieron en el obvio sucesor de Chamberlain. De modo que, el 10 de mayo de 1940, tras dimitir Chamberlain, el rey le pidió formar Gobierno.

Ese mismo día, Alemania invadió Francia. La inesperada entrada de los alemanes por el supuestamente inaccesible bosque de las Ardenas permitió a sus divisiones rodear a los británicos y encerrarlos en una bolsa alrededor de Dunkerque. Con Francia postrada y el ejército británico a punto de ser exterminado, Halifax intentó entonces forzar la dimisión de Churchill, hacerse con la jefatura del Gobierno y pedir la paz a los alemanes. No contó con que en pocas semanas Churchill había insuflado en el pueblo británico la firme voluntad de resistir. El famoso discurso de "lucharemos en las playas" y del "no nos rendiremos jamás" acabó con la operación.

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Gabinete de guerra presidido por Winston Churchill y todos sus ministros durante la Segunda Guerra Mundial

¿Hasta dónde habían llegado los contactos de Halifax con los alemanes? Cuando Hitler tuvo la oportunidad de aniquilar al ejército británico y sin embargo vaciló, ¿lo hizo porque esperaba entablar las negociaciones prometidas por Halifax? El que Churchill aceptara durante unos días discutir con el vizconde la posibilidad de entablar negociaciones ¿fue por debilidad o para ganar tiempo y que sus soldados pudieran ser evacuados de Francia? El caso es que durante esos días de mayo se jugó el destino de Europa, que se salvó gracias a la fortaleza y convicciones de un hombre que creía en la libertad. Pero no ha de olvidarse que todo fue posible gracias a un memorable discurso de otro hombre que también amaba la libertad y que supo cómo exigirle a Chamberlain el sacrificio que la nación exigía, su dimisión.

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