Bombardeos de pan a los madrileños hambrientos

Pedro Fernández Barbadillo

Los madrileños fueron los españoles que peor lo pasaron en la guerra civil. Estuvieron en la línea del frente desde noviembre de 1936 a marzo de 1939. Sufrieron bombardeos de la aviación del bando nacional, padecieron las chekas y los paseos organizados por los rojos, una guerra civil dentro del bando republicano en marzo de 1939 y hambre, y racionamiento desde el otoño de 1936.

Los cupones de racionamiento se introdujeron en 1936, se sustituyeron por cartillas en 1937 y éstas no se abolieron hasta 1952. Uno de los datos del capítulo que dedico al racionamiento de alimentos en mi libro Eternamente Franco es que Madrid lo soportó más tiempo que Barcelona, París, Roma, o Bruselas.

Sin duda, los madrileños habrían pasado aprietos, pues la población de la ciudad, de un millón de habitantes, aumentó en los meses anteriores con las gentes evacuadas (por las buenas o por las malas) del territorio que iban conquistando los rebeldes, y además sólo quedó abierta una carretera, la que comunicaba con Valencia y Murcia. Sin embargo la incompetencia y la maldad de la izquierda empeoraron en mucho las necesidades de los madrileños.

Leche, carne y huevos sólo con receta médica

El alcalde de Madrid, el republicano Pedro Rico, aseguró el 4 de agosto de 1936 que "el pueblo puede estar tranquilo", pues "el abastecimiento de los frentes y la retaguardia está y seguirá estando asegurada". En octubre, empezó el racionamiento; y el 17 de noviembre la Junta de Defensa, presidida por el general José Miaja, estableció una tarjeta de aprovisionamiento. La misma mentira y la misma improvisación que sufrieron los súbditos de Stalin cuando Alemania invadió la URSS.

El 7 de enero de 1937, la Junta, de la que formaba parte Santiago Carrillo, ordenó que la leche, los huevos, el pescado, la carne y el azúcar sólo se despacharan con receta médica.

A pesar de semejantes restricciones, pronto surgieron el desabastecimiento y el hambre y, por supuesto, el mercado negro, del que se beneficiaban los partidos y sindicatos. En febrero de 1937, la misma Junta elaboró un informe según el cual entraban en Madrid unas 158 toneladas de alimentos diarias, cuando se necesitaban 2.000 toneladas.

Sin embargo, en la zona nacional, y aunque el territorio y la población controlados por el Gobierno de Burgos aumentaba mes tras mes, nunca se implantó el racionamiento. Las únicas restricciones alimenticias se dictaron el 16 de julio de 1937, para establecer el día semanal del plato único y el día sin postre, como muestra de solidaridad con los combatientes y para recaudar fondos para ellos y sus familias.

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Las lentejas recibieron el apodo humorístico de ‘Píldoras para la Victoria del Doctor Negrín’, quien, en cambio, disfrutaba de comida y prostitutas de sobra. Elena Fortún describe en Celia en la revolución cómo se comían gatos, perros y ratas. "Madrid, qué bien resistes."

En marzo de 1938, la dieta de los madrileños sólo cubría el 50% del mínimo necesario y en diciembre cayó al 36%, aunque luego se recuperó en algo. Sin embargo, la Comisión Internacional para la Ayuda a Niños Refugiados declaró en París, a mediados de marzo de 1939, que el índice de mortandad infantil en Madrid era doce veces superior a la media anterior a la guerra. Los niños se desmayaban en las colas para conseguir pan y la población no recibía más de 800 calorías diarias.

Miaja avisa de que el pan tiene microbios

Por supuesto, esta situación era conocida en la zona nacional y la usaban en su propaganda de guerra. En Radio Nacional se leían las listas de prisioneros y heridos, lo que desmoralizaba a los rojos, a la vez que tranquilizaba a los familiares de los soldados; y también los menús diarios de restaurantes y cuarteles. En el otoño de 1938, la campaña de propaganda alcanzó su clímax con una operación genial.

El 3 de octubre, dos días después del segundo aniversario de la elección de Franco como jefe del Estado y generalísimo, doce aviones bombardearon la ciudad con pan blanco. Los panecillos estaban envueltos en bolsas de papel cruzados con los colores rojigualdos y con los siguientes mensajes:

"No nos importa lo que penséis, nos basta saber que sufrís y sois españoles"

"En la España Nacional, «Una, Grande y Libre», no hay un hogar sin lumbre ni una familia sin pan"

"Mientras vuestros jefes exportan las cosechas y malgastan el oro en propagandas calumniosas o en comprar armas con que prolongar vuestra agonía, la España Nacional siente la angustia que padecéis, os envía esta muestra de su recuerdo, para los niños, las mujeres y los enfermos"

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Algunas familias guardan todavía las bolsas como prueba de estas acciones. En algunos casos, como la bolsa que aquí reproducimos, sólo estaba impresa por un lado. Los dos hermanos que recogieron esos panes (y cuyos descendientes nos han facilitado las imágenes) ampliaban las magras raciones que recibían del Frente Popular gracias a la organización Ambulancias Escocesas dirigidas por Fernanda Jacobsen, mujer que merecería nombrar una calle por su labor para aplacar el hambre de los niños.

El abotargado general Miaja, incapaz de alimentar a la población bajo su responsabilidad, advirtió a los madrileños que no comieran el pan del enemigo (ABC, 4-X-1938):

"No probéis ninguna clase de víveres que os arrojen esos traidores, que pueden estar llenos de microbios capaces de producir graves trastornos y el peligro de vuestras vidas"

El gobernador civil aseguró que los madrileños habían entregado en las comisarías "el pan de la traición", que "aunque no contuviera materias tóxicas, las contiene de tipo moral".

El mando nacional repitió el bombardeo a mediados de mes y luego lo trasladó a otras ciudades, como Alicante y Barcelona.

"Menos Franco y más pan blanco"

Al parecer, los bombardeos de pan blanco asombraron a Joseph Goebbels, uno de los maestros de la propaganda política del siglo XX.

Al comienzo la guerra de agresión de la URSS a Finlandia, el 30 de noviembre de 1939, los soviéticos bombardearon Heksinki. El ministro de Asuntos Exteriores de Stalin, Vacheslav Mólotov, afirmó ante la prensa internacional que el Gobierno de la URSS empleó su aviación para arrojar pan a los finlandeses que pasaban hambre bajo el régimen capitalista. Los atacados pusieron a las bombas el mote de ‘cestas de pan de Mólotov’.

Durante los años del largo racionamiento, circuló en España otra frase hecha con el pan: "Menos Franco y más pan blanco". En el Madrid de la guerra, grupos de mujeres se habían manifestado al grito de "¡Pan, carbón o rendición!".

Hoy, por el contrario, los españoles consideran que el pan engorda y que es malo, y no dejan de reducir su consumo.

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