Ignat Solzhenitsyn: "Mi padre nos transmitió que las acciones cuentan mucho más que las palabras”

Libertad Digital entrevista al segundo hijo del escritor ruso, un prestigioso director y pianista afincado en EEUU.

Nuria Richart

Ignat Solzhenitsyn (1972) es el hijo mediano del escritor y víctima del comunismo Alexander Solzhenitsyn y Natalia Svetlova, su segunda esposa. Vive en EEUU y es un reputado director y pianista invitado por las orquestas más importantes del mundo. Le encontramos estos días en la tierra de Putin invitado a los actos organizados por el centenario del nacimiento de su padre. El 11 de diciembre, el otrora exagente del KGB, el presidente de Rusia Vladímir Putin, llegó con unos cuantos capullos a la nueva estatua del barbudo disidente (será difícil que a escasos metros no haya otra de Lenin, una plaga en Moscú) y echó flores en el pedestal de la nueva escultura del que fue punta de lanza de la disidencia comunista. Este viernes se abría al público la nueva casa-museo de Solzhenitsyn (en el 12 de la calle Tverskaya) y en la Biblioteca Estatal de Rusia se celebra la macro conferencia, "Alexánder Solzhenitsin: mirada desde el siglo XXI" con 60 expertos de todo el mundo.

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Pero sin duda el momento más emotivo del soviético programa será cuando se apaguen las luces de una pequeña sala del Teatro Bolshoi y el director de orquesta, Ignat Solzhenitsyn marque el arranque de la ópera Un día en la vida de Iván Denísovich, basada en la novela de su padre (1962), la primera en la que denunció el sistema de campos de trabajo y de purga civil. Una víctima son todas. Gracias a Solzhenitsyn el mundo decente incluyó en su vocabulario la palabra Gulag, el sistema de trabajo esclavo y castigo soviético.

Ignat llegó a EEUU con 3 años. En febrero de 1974 su padre fue acusado de traición por la publicación del documento polifónico Archipiélago Gulag, el desgarrador relato de 227 víctimas del comunismo. Acto seguido Leonid Brézhnev expulsó a la familia del país. Los cinco se instalaron, durante 20 años, en Cavendish (Vermont), un pueblo de montaña al nordeste de EEUU, cerca de la frontera con Canadá. Los tres retoños Solzhenitsyn se criaron en un ambiente ermitaño-cultural.

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Ignat lo recuerda "como un padre maravilloso, como el ancla de nuestra familia". Le preguntamos por los valores que les transmitió, y nos dice que "fijó en ellos un fuerte ejemplo en el que él creía que las acciones contaban mucho más que las palabras". El poner negro sobre blanco lo que pasaba en los campos de trabajo soviéticos, la purga arbitraria estalinista, fue pasar a la acción.

Nunca una cámara de televisión rodó un gulag, a pesar de ser miles por toda la Rusia. Fueron desmantelados a conciencia y lo único que queda son estratos de huesos bajo las ciudades que los albergaron.

¿Y el Premio Nobel hablaba en casa de su paso por el gulag y de su posterior destierro en Siberia? Su hijo nos dice que no. "No hablamos demasiado sobre esos años, ya que él escribió con mucho detalle sobre ello. Sin embargo, cada vez que teníamos preguntas al respecto, no tenía problemas en respondernos. Se sentía afortunado de haber sobrevivido y de haber aprendido tanto sobre la vida de aquellas duras experiencias".

Solzhenitsyn amó su país. En 1970 no acudió a Estocolmo a recoger el Nobel de Literatura (se lo entregaron cuatro años más tarde, cuando ya estaba en el exilio) por sí le impedían regresar a casa. En cuanto la URSS fue de nuevo Rusia, lo "rehabilitaron" y volvió (en 1994). "Exactamente, él temía que no le permitiesen regresar. Amaba Rusia y nunca soñó con irse. Habría preferido quedarse y continuar su lucha contra las injusticias del régimen comunista".

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Ignat Solzhenitsyn

Un exilio difícil. "Todos los días pensaba en regresar a Rusia algún día. Sin embargo, también estaba agradecido por los años, relativamente pacíficos, que paso en Occidente".

El matemático supo que su lucha era bíblica, David contra Goliat. Pregunta obligada es su opinión sobre la "buena prensa" que ha tenido y tiene el comunismo, sobre esos millones de víctimas del comunismo que esperan el mismo reconocimiento que las víctimas del nazismo. "Es una pregunta muy profunda y preocupante. Mi padre teorizó que parte de la respuesta se encuentra en las raíces filosóficas comunes del humanismo secular y del comunismo".

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Solzhenitsyn murió de un paro cardiaco a los 89 años, hace ahora una década. Y fue igual hasta el final. Según su hijo de las obras de las que se sentía más orgulloso son sus "catedrales gemelas", el Archipiélago Gulag y la Rueda Roja, una tetralogía desde la caída de los zares hasta la llegada de Lenin.

Como ha documentado Anne Applebaum ,

"En 1921 ya había 84 campos en cuarenta y tres provincias. En 1930 era posible encontrarlos en cada una de las doce zonas horarias de la Unión Soviética. A partir de los años 50 había por lo menos 476 complejos de campos que comprendían miles de campos individuales. Pasaron por ellos (al menos) 18.000.000 millones de personas".

Última pregunta: ¿cómo te gustaría que el mundo recuerde a tu padre? "Como un escritor de un poder superior y defensor de la dignidad humana".

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