El silenciado bombardeo republicano de Cabra, el pueblo de Carmen Calvo

Pedro Fernández Barbadillo

Ya es una frase habitual decir que el bando nacional ganó la guerra civil en el campo de batalla, pero la perdió en el de la propaganda. Y es, además, completamente verdadera. El mismo régimen franquista fue incapaz de renovar su discurso legitimador a partir de la ruptura del aislamiento internacional en los años 50 y se refugió, como toda la derecha española del siglo XX, en invocaciones a la patria y al PIB.

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Muchos aspectos de la guerra quedaron olvidados; en unos casos por vagancia o falta de interés (vendía más una biografía del caudillo o de José Antonio, fundador de la Falange) y en otros, sorprendentemente, por el cierre de archivos ordenado por el régimen. Por un lado, el relato canónico estaba fijado; y por otro lado (y es verdad) el Gobierno quería que se olvidase el pasado.

El primer investigador del bombardeo de Cabra, Antonio Arrabal Maíz (2012), lo calificó como El Guernica de la Sub-bética, aunque las diferencias con el pueblo vasco son varias: Guernica estaba junto al frente durante la ofensiva de los nacionales en dirección a Bilbao, era una vía de evacuación de las unidades que huían y tenía fábricas de armamento y refugios antiaéreos. Se trataba de un objetivo militar, por duro que sea decirlo. Cabra, por el contrario, se encontraba lejos del frente y en ella no había fábricas; sin embargo, como en Guernica, se habían acantonado unidades militares.

Cuando el Frente Popular había perdido la guerra

Además, este bombardeo se perpetró durante la última fase de la Batalla del Ebro, que había comenzado el 30 de octubre con el contraataque de las tropas franquistas; es decir, en un momento en que el mando del Ejército Popular sabía que la guerra ya estaba perdida. Dos meses y medio más tarde, el general Juan Yagüe entraría en Barcelona entre el delirio de los catalanes. Y un hecho curioso: ese octubre la aviación nacional comenzó los bombardeos con pan blanco en Madrid, Alicante y otras ciudades, que se repetirían varias veces. Como explica el profesor de la Universidad de Sevilla Julio Rodrigo Fernández García, el bombardeo de Cabra,

"no fue un hecho aislado, fue uno de los 16 bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional que se produjeron en el frente Sur entre el 21 de octubre y el 8 de noviembre de 1938, entre ellos se encuentra el bombardeo de Baena del 28 de octubre de 1938 y los de Albendín y Luque del día 8 de noviembre de 1938."

Se conjetura que el motivo de estas operaciones aéreas en Andalucía, que afectaron más a la población civil que a las fuerzas militares, podría ser la preparación de la ofensiva de Peñarroya-Valsequillo. Los ataques tendrían como objetivos provocar el desorden en las líneas de los nacionales y retener las reservas del general Gonzalo Queipo de Llano, jefe del Ejército del Sur. La batalla de Valsequillo, que se libró en enero de 1939, era parte del Plan P, una operación muy ambiciosa preparada por el teniente general Vicente Rojo, jefe del Ejército Popular, para dividir en dos la zona nacional en su punto más estrecho, en Extremadura; pero fracasó rotundamente. Franco había comenzado la Ofensiva de Cataluña en diciembre y no iba a desviar unidades ni material a un frente secundario cuando tenía a su alcance la conquista de Barcelona.

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Foto de Cris Velasco Biblioteca Nacional

El 7 de noviembre de 1938, a las 7:30 de la mañana, tres bombarderos Tupolev SB-2, apodados ‘Katiuska’, y mandados por el teniente Francisco Cabré y Rofes, dieron tres pasadas sobre cabra y arrojaron 20 bombas, de las que 15 cayeron dentro del casco urbano de la población. Después realizaron un ametrallamiento sobre las casas y los vecinos. Los aviones, que eran los más rápidos de la guerra española, muy superiores a los que tenían los nacionales, regresaron sin problemas a su base, ya que no recibieron fuego antiaéreo ni se encontraron con cazas enemigos.

El parte oficial del Cuartel General del Generalísimo difundido ese mismo día dio la cifra de 86 muertos, la mayoría mujeres y niños. En los días siguientes, la relación de víctimas fue aumentando. Al menos 111 muertos y casi 200 heridos. En Baena, bombardeada 10 días antes por nueve Polikarpov RZ, apodados ‘Natachas’, murieron al menos 10 personas y quedaron heridas otras 16.

Más de 200 muertos en Córdoba

Los bombardeos aéreos son una de las técnicas que extienden el dolor de la guerra a los civiles, un ‘adelanto’ tecnológico que contribuye a crear la ‘guerra total’. A finales de octubre, la aviación nacional había atacado dos pueblos del sur de la provincia de Jaén: Torredelcampo el 24 y Arjonilla el 31. Y después de conocerse el ‘raid’ contra Cabra, Franco ordenó el mismo día 7 un bombardeo de represalia sobre Linares o La Carolina, que no se ejecutó. Según el historiador Jesús Salas Larrazábal, la represalia se ejecutó sobre Martos, bombardeado los días 27, 28 y 29 de diciembre, con un resultados de 14 muertos.

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Foto de Cris Velasco Biblioteca Nacional

Después del otoño de 1936, cuando las ciudades de Córdoba y Granada, en las que triunfó el alzamiento, quedaron unidas por tierra al resto de la zona nacional, y de la toma de Málaga en febrero de 1937, el frente andaluz no movió sus líneas, pero eso no supuso que no hubiera bajas. Córdoba fue una de las ciudades más bombardeadas de la guerra, desde el 26 de julio de 1936 al 9 de diciembre de 1938. ‘La Gloriosa’, la aviación del Frente Popular, causó en ella más de 200 muertos.

Los españoles nunca agradeceremos suficiente al PSOE, el partido más implicado en golpes de Estado en el siglo XX, haber sacado estas historias que ya se borraban de las memorias de los vivos.

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