En España, conductoras 90 años antes que en Arabia Saudí

Pedro Fernández Barbadillo

La noticia de la composición del consejo de ministros y ministras ha opacado otro triunfo para la causa feminista. En Arabia Saudí, donde la posesión de una Biblia se castiga con penas severísimas y están prohibidos los templos de otras religiones que no sean la versión sunita del islam, han dado permisos de conducir a diez mujeres, después de que el nuevo rey aprobase el año pasado un decreto que abrogaba esa prohibición, una de los cientos que hay en ese gran aliado de Occidente.

Los medios de comunicación españoles recogieron el teletipo de Europa Press y titularon la noticia con la misma expresión de "simbólico gesto a favor de la igualdad", sin que a las redactoras se les cayera la cara de vergüenza… porque no la modificaron.

El Gobierno socialista es anuncio de nuevas vueltas de tornillo en la ideología de género y el feminismo, que ya son elementos compartidos por todos los partidos parlamentarios. Las quejas habituales de las feministas para reclamar más cuotas, subvenciones e injerencias legales en la vida de los españoles son las de que "queda mucho por hacer" y "aún existen grandes discriminaciones".

Como en los asesinatos por violencia de género, la realidad es otra. Este tipo de muertes está en España muy por debajo en porcentaje de las que se cometen en otros países europeos, incluso en los más feministas y paritarios, como los escandinavos. El asunto de los permisos de conducir es otro que nos permite ver la manipulación que hay detrás de la campaña feminista.

El primer automovilista del mundo, Bertha Benz

La primera persona que condujo un automóvil en carretera fue Bertha Benz. En 1888 se subió, junto con dos de sus hijos, al Benz Patent-Motorwagen, de tres ruedas, diseñado por su marido Karl y financiado por ambos, y recorrió algo más de 100 kilómetros. En ese viaje, se enfrentó a varios problemas mecánicos, que solucionó ella sola o con ayuda. El éxito y la expectación provocaron el interés popular en el nuevo medio de transporte.

En septiembre de 1900, la Gaceta de Madrid publicó el reglamento para el servicio de coches automóviles por las carreteras, firmado por la Reina Regente María Cristina en San Sebastián. En su artículo 5º se establecía la exigencia de un permiso expedido por el gobernador civil después de un examen y sin señalar discriminaciones por sexo.

Art. 5: Nadie podrá conducir un automóvil por las carreteras si no posee un permiso expedido por el Gobernador de la provincia en que tenga su domicilio. Con tal objeto, dicha Autoridad comisionará a la persona o personas facultativas que estime oportunas, a fin de que examinen los antecedentes y documentos relativos a la aptitud del interesado, haciéndole las preguntas y sometiéndole a las pruebas que consideren necesarias.

Otro reglamento, promulgado en 1918, ratificaba la exigencia del permiso de conducir y en el mismo artículo 5 establecía los requisitos para obtenerlo: certificado de buena conducta y otro de salud, saber leer y escribir… Para los menores de edad (de 18 a 21 años) y para las mujeres se añadía lo siguiente:

Los solicitantes deben ser de edad comprendida entre los 18 y 67 años, y si no estando emancipados son menores de edad o hembras, deberán presentar la autorización paterna o marital correspondiente.

Como en el resto de Europa; salvo que en España la licencia marital se suprimió más tarde, en 1975.

Las mujeres leonesas, a la cabeza de España

La primera española que obtuvo el permiso fue la leonesa Catalina García González, en 1925. Cuando se presentó al examen, Catalina García tenía 37 años y era hija de un guardia civil y de un ama de casa. Con su marido, estableció un servicio regular de transporte en el norte de la provincia. También fue por tanto la primera mujer que recibió del Estado la concesión de una línea de transporte de viajeros. Falleció en los años 50.

En 1925 España era un país confesionalmente católico, reinaba Alfonso XIII y gobernaba el Directorio Militar presidido por el teniente general Miguel Primo de Rivera. Es decir, la primera española autorizada para conducir un coche de motor lo fue bajo una dictadura militar de derechas.

Como el coche era un artículo de lujo, la mayoría de las mujeres que tenían el permiso eran miembros de familias adineradas. Fueron los casos de la gerundense Isabel María Llambi (aprobada en 1929) y la bilbaína Teresa Chalbaud Ybarra (1931). Según esta última, cuyo tío tuvo un automóvil con la placa número 1 de Vizcaya, en la década de los 30 en Bilbao no había ni media docena de mujeres con el carné.

Entonces, con monarquía o república, si un coche podía ser una novedad, una mujer conduciéndolo era una extrañeza. El escritor Juan Perucho contó que la primera conductora de Barcelona fue su hermana Rosa, a la que algunos chiquillos apedreaban en los pueblos catalanes cuando aparecía al volante del coche familiar, un Buick de cuatro plazas.

La primera taxista española fue otra leonesa, Piedad Álvarez Rubio, graduada en magisterio, que se sacó la licencia en 1932 para ayudar a su madre y sus hermanos. Aprendió a manejar sin acudir a ninguna academia, sacando coches del garaje familiar. Álvarez pudo demostrar su primicia gracias a que la revista Mundo Gráfico le dedicó un reportaje en 1935. Se retiró en 1974.

En 1976 se incorporó a la Empresa Municipal de Transportes de Madrid la primera conductora de autobuses, María de las Nieves Cuadrado, de 29 años. Llegó desde Almería con una carpeta en la que guardaba recortes de la prensa local donde aparecía conduciendo autobuses. A los tres días ya había conseguido empleo.

Por encima del 40% del censo

La Dirección General de Tráfico y la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil se fundaron en 1959. Antes de la DGT no hay estadísticas fiables del número de permisos.

En el año 1961, los nuevos carnets para conducir vehículos fueron 244.582 para varones y 14.201 para mujeres. Cinco años más tarde, en 1966, los permisos fueron respectivamente 526.231 y 53.250; es decir, mientras los obtenidos por varones se habían duplicado, los correspondientes a mujeres se habían triplicado. En 2016, sin cuotas ni discriminaciones positivas, el número de nuevos permisos se había casi equilibrado: 246.554 para varones y 225.263 para mujeres.

En 2008, por primera vez el censo de mujeres autorizadas a conducir superó el 40%: de casi 25’5 millones de conductores, poco más de 10 millones eran mujeres. En 2016, el censo subió a 26.504.480 conductores, de los que 15.368.583 eran varones y 11.135.897 mujeres, ya un 42%.

En conclusión, en la España católica y europea las mujeres pueden conducir automóviles desde principios del siglo XX; en la Arabia Saudí musulmana, desde 2018. Pero el Imperio Progre nos dice que no podemos juzgar qué cultura es mejor porque eso es una conducta ‘eurocéntrica’ y blanca. A mí me da igual, ¿y a usted?

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