La historia según la izquierda: el fascismo contra el pueblo

Pedro Fernández Barbadillo

En los primeros años 80, el corresponsal en México del periódico que leía hacía malabares con la geografía para no incluir a la tiranía comunista de los Castro cuando escribía sobre las dictaduras en Iberoamérica. Como Cuba está en el Caribe hablaba de dictaduras en Sudamérica o de "juntas militares". Fue una de mis primeras lecciones prácticas de la propaganda izquierdista.

Cuando entré en la exposición organizada por la Oficina de Derechos Humanos y Memoria del Ayuntamiento de Madrid, me sentí como si leyese una crónica periodística de Joaquín Ibarz escrita desde el bar del hotel Florida. Lengua de madera, sí, y con el vocabulario y los conceptos de la propaganda comunista de la guerra civil y la posguerra.

La exposición se limita a los 16 días de noviembre en que las columnas de los ‘nacionales’ se acercan a la ciudad y son detenidas. Así queda justificado, en opinión de los comisarios, que no se mencionen los ‘paseos’, las ‘patrullas del amanecer’, las checas, la matanza del cuartel de La Montaña y los asesinatos de la cárcel Modelo, los saqueos de viviendas, los incendios de iglesias, la exhumación de cadáveres de monjas, la petición de ayuda a la URSS el 25 de julio por José Giral, la llegada del embajador de Stalin, Marcel Rosenberg, en agosto…, y, por supuesto, la incompetencia del Gobierno de la Victoria de Largo Caballero.

Tampoco se describe el aparato de propaganda montado por los comunistas, ya asesorados por ‘técnicos’ de Stalin. A los madrileños se les ocultó durante semanas la marcha triunfal de las columnas rebeldes hasta que las seguridades de victoria fueron sustituidas por gritos de miedo. Entonces los comunistas, con Pasionaria como aulladora, elaboraron el bulo de la quinta columna para amparar el exterminio de los ‘enemigos de clase’.

No hay otros españoles, sino "fascistas"

Se presenta un monstruo informe y sanguinario como el Cthulhu de Lovecraft, el fascismo, contra un pueblo formado por obreros, mujeres y niños de carne y hueso, que sólo quieren trabajar, comer y vivir en democracia.

La palabra que más se repite para definir a los atacantes es fascismo, ni sublevados, ni rebeldes, ni franquistas, ni, por supuesto, nacionales: "los fascistas", "la ofensiva fascista", "el ejército fascista", "el avance fascista"…

Enfrente del "pueblo", no hay otros españoles, sino fascistas, generales (se mencionan a Franco y a Mola, epítomes del mal) y, dos tipos de demonios en los que el Mal se encarna: legionarios y regulares (no se menciona que los regulares eran marroquíes para no caer en la islamofobia).

Y ante ese monstruo, todo está justificado. Desde matar a los sospechosos a mentir. El tiempo no ha suavizado en la izquierda del Ayuntamiento de Madrid su ideología ni su odio.

El Gobierno de Largo queda como cobarde y entreguista al huir de Madrid; sólo le falta el calificativo de burgués. Se omite que, en la huida a Valencia, varios ministros fueron detenidos en Tarancón por unos milicianos anarquistas y a punto estuvieron de ser fusilados.

Se cita a Cipriano Mera entre los defensores, pero se oculta su participación el golpe de Casado (y del PSOE, la CNT, Unión Republicana, Izquierda Republicana y la UGT) de marzo de 1939 contra los comunistas y Negrín.

¿Por qué Franco se desvió a Toledo?

En el tablón de la cronología, se afirma que Franco "decide desviar la ofensiva de Madrid hacia Toledo, lo cual le hace perder un tiempo valioso y da pie a la llegada de armamento soviético y a la reorganización del ejército republicano".

No se explica qué pasa en Toledo. ¿Había más fascistas o Franco, que era idiota, quería comerse unas migas? Y la respuesta es que el general iba a liberar a los sitiados en el alcázar, como se lo había prometido a éstos, y lo hizo conscientemente, sabedor de la importancia del factor moral en una guerra.

Entre las verdaderas curiosidades están el dato del cierre de docenas de cines y la limitación de la cartelera a seis películas, la mayoría de las cuales son de propaganda soviética (se dijo que Rosenberg las trajo en su equipaje) y las primeras cartillas de racionamiento que hubo en España. Madrid fue la ciudad de Europa occidental que más tiempo padeció el racionamiento.

La represión contra la población civil no sólo se despacha con un panel, sino que casi se justifica:

También existió otro Madrid. El de los facciosos (sic), el de los monárquicos, el de los sublevados. También el de los caídos en desgracia. En las calles, checas o prisiones, la represión contra el enemigo acecha en la ciudad acechada. Entre los días 6, 7 y 8 de noviembre, con el ejército fascista (sic) próximo a la ciudad, los 973 presos de la cárcel Modelo de Madrid fueron trasladados. Muchos de ellos fueron asesinados en Paracuellos del Jarama, en su tránsito hacia la cárcel Modelo de Valencia.

Quienes no militan en el Frente Popular no son pueblo; son "facciosos", "monárquicos" o "sublevados". Y por eso acaban en las checas. No se plantean los redactores del texto que estas personas fuesen inocentes, porque, claro, habían cometido el delito de ser sospechosos. Los falangistas ni existen.

¿Y quiénes fueron los asesinos de "muchos" de esos presos? Algún turista despistado (los paneles están traducidos al inglés) podría pensar que fueron los legionarios o los aviones alemanes…

El "pueblo" estaba militarizado y movilizado

Como reconozco que a mí la guerra civil me cansa y la mentira (tanto más con fondos públicos) me carga, el historiador Pedro Corral me ha facilitado otras omisiones realizadas por los comisarios Gonzalo Berger y Tània Balló.

Para no alterar el discurso épico de la propaganda de la resistencia de un pueblo mal armado contra "los fascistas" avituallados por Hitler y Mussolini, no se expone que en esta batalla empezaron a combatir las primeras brigadas del nuevo ejército popular, que se formó con las primeras llamadas a filas de reclutas forzosos. Y tampoco que el 29 de octubre el Gobierno de Largo Caballero había decretado la militarización de todos los varones de 20 a 45 años para labores de fortificación, bajo castigo de deserción.

Previamente, el 15 de octubre, en ejemplo de servilismo a la URSS, Largo había instaurado el comisariado político en las unidades militares.

Además, añade Corral, no se cita la muerte del anarquista Buenaventura Durruti, el 20 de noviembre de 1936, después de varias desbandadas de sus hombres y de un intento de desarmarlos con guardias de asalto.

Ni aparece mención alguna al oficial Vicente Rojo (ascendido a teniente coronel "por lealtad") como artífice de la defensa de Madrid salvo porque se incluye una cita de su libro Así fue la defensa de Madrid. Rechina al discurso izquierdista, que debe ser en blanco y negro, el que un militar profesional y católico, y que encima regresó a la España franquista, mandara al pueblo "antifascista".

18.000 atacantes frente a 45.000 defensores

En la exposición no se halla el principal motivo del fracaso de "la ofensiva fascista". ¿La resistencia popular, los técnicos soviéticos y el material enviado por Stalin (de mucho mejor calidad que el recibido de Alemania e Italia por los nacionales), las Brigadas Internacionales…?

En ningún momento se cuenta que los atacantes eran unos 18.000, encima cansados, mientras que los defensores rondaban los 45.000. El general Miaja y la Junta de Defensa tenían a su favor una proporción de tres soldados a uno y, además, se encontraban en una posición fortificada.

De vuelta por la calle Alcalá, me encontré con varios semáforos paritarios. El hombre con pantalón y la mujer con faldita.

La izquierda, tanto Podemos como el PSOE, después de manipular los planes de estudios y dominar los centros de emisión del discurso público (universidades, cine), está modificando el espacio público para imponer su ideología. A los muchos que se resisten, como no pueden condenarles por deserción, pretenden amordazarles con una nueva ley de memoria histórica. Y ni el PP ni Ciudadanos se quieren enterar.

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