La primera oficial rusa fusilada por la Cheka

Pedro Fernández Barbadillo

Uno de los espectáculos que más rechazo me producen es el ensalzamiento de cualquier causa conjugándola en femenino. Se nos habla del suicido y se cuenta cuántas mujeres mueren por su propia mano, olvidando a los varones, que son el 75%. El mismo Poder que fija los sueldos lamenta la discriminación laboral de las mujeres, pero no menciona la discriminación que sufren los mayores de 45 años. El aborto sólo es criticable cuando afecta a niñas. Y la violencia doméstica no existe cuando las asesinas son mujeres.

La izquierda española está recurriendo para legitimarse y penetrar entre las mujeres a la mentira de que ella promovió el voto femenino, para lo que no duda en ondear los nombres de Victoria Kent y la asesina Margarita Nelken, que se opusieron a ese derecho, y en apoderarse de la figura de Clara Campoamor, a la que entonces el PSOE y otros partidos acusaron de su derrota en las elecciones de 1933.

A medida que el pensamiento de izquierdas queda reducido a la conquista del Gobierno por el medio que sea, las contradicciones y las manipulaciones son mayores. En este año en que se conmemora el primer centenario de la revolución bolchevique de nuevo se ha tratado de ignorar los genocidios cometidos por Lenin y sus camaradas, y cuando se reconocían se añadía como disculpa las consignas, ya viejas, de que con los zares moría más gente y que, a fin de cuentas, de Rusia desapareció el hambre.

Los mismos políticos e intelectuales orgánicos feministas que desconocen la historia de Clara Campoamor tampoco saben que fue el Gobierno de Febrero el que reclutó las primeras unidades militares de mujeres, con oficiales de su sexo y, en cambio, el Gobierno bolchevique el que asesinó a la primera oficial femenina: María Bochkareva.

El Batallón de la Muerte de Mujeres Rusas

María Bochkareva (1889-1920) tuvo una vida nada envidiable: un marido maltratador al que abandonó, luego un jefe que resultó ser un proxeneta, un segundo marido que por ladrón fue deportado a Siberia y al que también dejó cuando cayó en el alcoholismo.

En noviembre de 1914, cuando ya había estallado la Primera Guerra Mundial, trató de alistarse, pero se le rechazó. Bochkareva apeló al zar Nicolás II y consiguió que éste le permitiera sentar plaza como soldado. Tuvo un excelente comportamiento en el frente norte: fue herida varias veces, salvó a un grupo de compañeros de un ataque alemán, recibió la Cruz de San Jorge y ascendió a suboficial.

Después de la Revolución de Febrero, en una visita que el presidente de la Duma, Mijaíl Rodzianko, hizo al frente le solicitó su apoyo para solicitar ministro del Ejército en el Gobierno Provisional, Alexandr Kerenski, permiso para reclutar un batallón de la muerte formado íntegramente por mujeres.

En mayo, se dirigió a una multitud en Petrogrado y en dos días reunió a 2.000 voluntarias; la selección posterior redujo las reclutas a 500. Bochkareva expulsaba a las que flirteaban con los instructores masculinos, tenían poco espíritu militar o pretendían organizar un soviet (autorizados por el Gobierno Provisional en el Ejército y la Armada). El duro entrenamiento posterior, que incluyó el rapado al cero y diez horas diarias de ejercicios, dejó a sólo 300 mujeres en el batallón.

La ayudante de campo de Bochkareva era Mariya Skrydlova, de 21 años de edad, hija de un almirante y ahijada del zar. Había trabajado como enfermera en el hospital naval, hasta la Revolución de Febrero. Entonces, asistió al asesinato por una chusma de varios oficiales heridos en sus camas y recibió unos insultos terribles de un soldado al que había estado cuidando; también supo que varias amigas suyas enfermeras habían sido violadas y hasta asesinadas.

Los bolcheviques atacan a las mujeres

Cuando las muejeres desfilaban por la ciudad, llena de desertores, vagos, emboscados y conspiradores, recibían abucheos, que ellas mismas devolvían con palabras más gruesas. Los periodistas y fotógrafos norteamericanos enviaron a sus periódicos numerosas crónicas y fotografías, y así empezó a darse a conocer Bochkareva en EEUU.

En junio, el batallón marchó al frente. En su desfile por la avenida Nevski de Petrogrado, un general les gritó "¡Dios os bendiga! ¡Vais a llegar todas, no como esos otros!" En la estación de tren, los bolcheviques les lanzaron pullas e incitaron a los soldados masculinos contra ellas.

El 7 de julio entraron en combate en Smorgon contra los alemanes. El batallón registró 50 bajas y unos días después María Bochkareva fue herida en la cabeza por un rebote. Se le envió a un hospital de Petrogrado y el Gobierno la ascendió a teniente. Así se convirtió en la primera oficial femenina del Ejército ruso.

Cuando los comunistas dieron su golpe de Estado en noviembre, Bochkareva estaba en Petrogrado, pero su batallón seguía en el frente. Otra pequeña unidad femenina, el Primer Batallón de Mujeres de Petrogrado, a la que había revistado el día anterior, participó en la defensa del Palacio de Invierno, junto con grupos de cadetes y cosacos.

Unos meses después, los bolcheviques la detuvieron y acusaron de estar a las órdenes del general Kornílov, convertido en uno de los primeros caudillos blancos contra los rojos. Le libró del fusilamiento un soldado amigo.

A continuación, vestida de enfermera, cruzó todo el país hasta Vladivostok, de donde zarpó para EEUU. En abril, llegó a san Francisco y participó en una campaña de relaciones públicas favorable a los blancos. Escribió sus memorias con el periodista Isaac Don Levin (nacido en Rusia) y en julio se entrevistó con el presidente Wilson.

Con los 'blancos' de Kolchak

Regresó a su patria, en la que ya había estallado la guerra civil, por el puerto de Arcángel, junto a Finlandia, en agosto de 1918, en un embarque de tropas británicas.

Después de muchos avatares, en abril de 1919 alcanzó Omsk, donde se reunió con el almirante Kolchak, presidente del Gobierno Provisional de Todas las Rusias, que le encargó la formación de una unidad médica constituida por mujeres.

Sin embargo, la guerra estaba perdida para los blancos. En el invierno de 1919, el Ejército Rojo la capturó en Tomsk, a 900 kilómetros al oeste de Omsk, y la entregó a la despiadada Cheka, que la interrogó durante cuatro meses. Al final, los chekistas la condenaron a ser ejecutada como enemiga del pueblo. Su libro de memorias sirvió como prueba contra ella, porque, según los rojos, mostraba la complicidad de Bochkareva con el general Kornílov, uno de los caudillos blancos. La sentencia se cumplió el 16 de mayo de 1920.

Al amparo de una ley aprobada en Rusia en 1991 sobre la rehabilitación de las víctimas del terror rojo, en 1992 el fiscal del distrito de Omsk anuló el juicio y explicó que en el expediente Bochkareva no hay constancia de su ejecución. Esa ausencia de documentación alimentó alguna teoría conspiranoica, pero como sabemos la Cheka no tenía remilgos con los contrarrevolucionarios. Como un dios azteca, Lenin exigía sacrificios humanos.

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