María Cristina de Habsburgo: "Doña Virtudes" salvó la Corona

Pedro Fernández Barbadillo
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Alfonso XII y María Cristina

En 1878, Alfonso XII perdió a su primera mujer. Aún no tenía hijos y la heredera de la corona era la Chata, otra hija de Isabel II. La siguiente esposa, elegida por Cánovas del Castillo, fue una archiduquesa austriaca: María Cristina de Habsburgo. Había recibido una educación esmerada: hablaba cinco idiomas, tocaba el piano y había aprendido economía y ciencia política.

La boda se celebró en la basílica de Atocha en noviembre de 1879 y en seguida nacieron dos niñas. Al tiempo, Alfonso vivía aventuras con otras mujeres. Con Elena Sanz tuvo dos hijos varones. Algunos de estos amoríos eran tan conocidos que María Cristina llegó a amenazar a su marido con marcharse de España si al menos no era capaz de ser discreto.

Alfonso murió en noviembre de 1885, cuando María Cristina había comenzado su tercer embarazo. En espera de si el niño era varón o mujer, las Cortes no tomaron ninguna decisión sucesoria. En mayo de 1886, nació Alfonso XIII. Su madre desempeñó la regencia en su nombre durante 17 años, la más larga de nuestra historia.

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María Cristina con sus tres hijos.

Los carlistas y los republicanos trataron de aprovechar el aparente vacío de poder para alcanzar el poder. Los republicanos organizaron un pronunciamiento militar en Madrid en septiembre de 1886 que fracasó. Fue el último en casi medio siglo.

Y en un discurso en el Congreso, el carlista Juan Vázquez de Mella pontificó:

¡Desgraciados los pueblos que para su condenación se hallan gobernados por mujeres y niños!

Ambos partidos acusaron a la regente de ser débil, ignorante y manipulable por los políticos liberales, por el Vaticano o por Viena. Incluso muchos de los que jalearon la guerra con Estados Unidos luego la culparon de haber gastado demasiado en la lista civil de la casa real. Con ese dinero, según ellos, se podía haber dispuesto de algún crucero más… que también habría ido al fondo del mar.

En cambio, Emilia Pardo Bazán le escribió una carta (1894) para felicitarle por su gobierno. Según la escritora gallega, la reina Victoria y María Cristina:

...prueban plenamente que la función política la desempeña a maravilla la mujer

Los partidos liberales, el conservador y el progresista, mantuvieron el turno pacífico del anterior reinado. La bonanza económica favoreció los primeros años de la Regencia. Barcelona se convirtió en el principal puerto español que acogía el tráfico con Filipinas y el Pacífico gracias en parte a que en la ciudad tenía su sede la Compañía Trasatlántica Española, propiedad del marqués de Comillas. Se aprobaron el Código Civil, el juicio por jurado y el sufragio universal masculino. En política, nacieron el PSOE, la UGT, el catalanismo y el PNV. Los anarquistas se lanzaron al terrorismo.

A pesar de su carácter conservador y de reconocer que Cánovas había restaurado la Monarquía, María Cristina prefería a Sagasta. Cánovas le había impedido despedirse de Alfonso mientras agonizaba por miedo a que le contagiara la tuberculosis.

En los años 90 comenzaron los problemas militares. En 1893 y 1894, el Ejército tuvo que combatir en Melilla contra las cabilas rifeñas. En 1895 se dio en Cuba el grito de Baire. Y en 1896 estalló una rebelión en Filipinas.

Las dos mayores crisis fueron el asesinato de Cánovas por un pistolero anarquista (1897) y la guerra con Estados Unidos (1898), en la que España perdió los últimos jirones del Imperio.

Doña Virtudes

Su seriedad y su ejemplaridad hicieron que los españoles la llamaran Doña Virtudes. Por primera vez en todo el siglo XIX, del Palacio Real no salían juerguistas, ni agitadores ni espadones ni conspiradores. Allí, Alfonso crecía rodeado de mujeres.

En 1902 concluyo la regencia, pero siguió siendo consejera de su hijo, sobre todo en sus primeros años. Se opuso a la aceptación por Alfonso XIII del golpe de Estado del general Primo de Rivera (1923). Pensaba que por mucho que el pueblo la apoyase, la Dictadura perjudicaría a la Corona.

Falleció de manera inesperada la noche del 6 de febrero de 1929. Horas antes había asistido con su nuera, Victoria Eugenia, y sus nietas Beatriz y Cristina al Teatro de La Zarzuela. Su muerte fue muy sentida entre el pueblo y deprimió a Alfonso XIII.

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