Crítica: 'Spiderhead', la película de Netflix con Chris Hemsworth y Milles Teller

Juan Manuel González

La irrupción de Netflix en la realización de largometrajes comerciales para el gran público ha tenido, si bien con sus más y sus menos, un efecto positivo: aquí están esas películas más o menos genéricas (y de género), de tamaño y presupuesto medio, basadas en el talento de sus estrellas y de su director, de esas que siempre se hicieron en Hollywood hasta que todo se "hiperfranquició" hasta el tuétano. Spiderhead es una de esas películas, un thriller con dos actores relevantes (Chris Hemsworth está a punto de estrenar Thor y Miles Teller parece haber encontrado su sitio en Top Gun: Maverick) y un director, Joseph Kosinski, que tras el éxito de, precisamente, la citada secuela con Tom Cruise está pidiendo a gritos formar parte de las grandes ligas.

Spiderhead, con guión de los responsables de Deadpool y Bienvenidos a Zombieland (basándose en un relato publicado en The New Yorker hace 12 años) sí adolece sin embargo de algunos de los vicios asociados a Netflix, y que podríamos resumir fundamentalmente en no sacar todo el provecho de la idea. El guión tiene una atractiva premisa en clave de thriller sci-fi con un fuerte componente moral pero, más allá de su atractivo planteamiento con ambientación de ciencia ficción paranoica de los 60, de la fuerza de las imágenes industriales y clínicas proporcionadas por Kosinski, de la labor de su pareja protagonista (de la que hablaremos ahora) la película no acaba de desarrollar esas proposiciones, de generar situaciones que exploten adecuadamente el andamiaje planteado por Rhett Reese y Paul Wernick, Kosinski y su dúo actoral.

Bienvenidos a Spiderhead, un espectacular recinto ubicado en una isla paradisiaca donde un grupo de reclusos se someten voluntariamente a la experimentación con ciertas sustancias farmacológicas. A los mandos de la investigación, Steve (Chris Hemsworth), un científico con pinta de ejecutivo hipster (ya saben: náuticos sin calcetines, pantalones pitillo, suscripción a Apple Music y cuerpo musculoso) que encuentra en Jeff (Miles Teller), un joven atormentado por un suceso reciente, la mejor de sus cobayas. Naturalmente y debido a una serie de acontecimientos o casualidades menores, el aparente equilibrio de fuerzas en Spiderhead está a punto de cambiar…

Y lo hace gracias al duelo de dos jóvenes actores con ganas de más. Por un lado, el bien llevado estoicismo de Teller, que parece haber recuperado el paso tras algunas decisiones artísticas desafortunadas, pero sobre todo de la mano de Chris Hemsworth, el mejor de los intérpretes salidos de la factoría Marvel y definitivamente una personalidad con ganas de más, de mucho, mucho más. El talante cómico y desvergonzado que imprime el australiano al clásico cliché del "mad doctor" nos da la clave para interpretar las mejores bazas del film, actualizando él solito la mítica figura de, pongamos por caso, un Vincent Price o Herbert West, a la América corporativa de este milenio, esa que disimula tras el discurso "woke" indisimulados rasgos de sociopatía y en la que ya estamos inmersos. Con estos mimbres, resulta por eso un poco triste que ni el guión ni Kosinski (que demuestra por otro lado su dominio cinematográfico y de la cámara no solo en las secuencias de acción, más bien escasas) logren sacar más provecho de lo que al fin y al cabo es un larvado enfrentamiento de clases sociales.

El resultado, no obstante, es uno de los largometrajes originales de Netflix que mejor equilibran sus pretensiones (limitadas) con sus resultados (absolutamente entretenidos). Uno que no desarrolla su idea o proporciona genuina tensión pero al menos sí refleja, de manera amena y divertida, una sociedad capaz de vender su alma al mejor postor corporativo con tal de sufrir un poquito menos.

Spiderhead se estrena en Netflix el 17 de junio.

A continuación