Crítica: 'El Rey de Zamunda', con Eddie Murphy y Arsenio Hall

El Rey de Zamunda le pone voluntad a acercarse a su predecesora, pero nunca llega a ser creíble o genuinamente cómica.

Juanma González

En un momento dado de El Rey de Zamunda, el nuevo príncipe heredero del reino asegura, poco más menos, que el cine americano es poco más que películas de superhéroes y secuelas tardías que nadie ha pedido. Una nada velada coña al dudoso don de la oportunidad de esta continuación de El príncipe de Zamunda, uno de los mayores (y mejores) éxitos del entonces todopoderoso Eddie Murphy allá por finales de los ochenta.

La presencia tras las cámaras de Graig Brewer, autor de ese pseudo-resurgimiento de Eddie Murphy (y Wesley Snipes) titulado Dolemite, daba pie a cierta esperanza sobre esta El Rey de Zamunda, título que como tantas otras ha terminado estrenándose en una plataforma de streaming, en este caso Prime Video de Amazon, debido a la pandemia. Y sí, la palabra clave es esperanza, porque estamos ante un filme bastante menos inspirado que el que dirigió John Landis.

El Rey de Zamunda es el primer trabajo de Eddie Murphy en el que parece el invitado a su fiesta. El astro de ego gargantuesco aparece aquí desconectado, ausente de su propia película, no tanto por la necesidad de redirigir cierta cuota de protagonismo a nuevas incorporaciones (una decisión lógica e inteligente) sino por la debilidad del conflicto de su personaje. Pero si El príncipe de Zamunda significó algo aparte de un vehículo para su carisma fue por su retrato, quizá imprevisto pero en todo caso consustancial, de un tiempo y una época, del espíritu emprendedor de una América sucia y contradictoria, pero con un determinado empuje. Eso aquí brilla por su ausencia en un filme rodado en plató y apoyado en una serie de coartadas sentimentales que tampoco otorgan un especial romanticismo o peso dramático al filme.

Si Landis plasmaba la jocosidad con excelente técnica cinematográfica y absoluta seriedad, extremo aplicado tanto a la banda sonora como a la interpretación, Brewer convierte aquí a sus personajes en bufones que necesitan de la complicidad del espectador y unos gags inapelables. El caso es que éstos solo se presentan ocasionalmente y el resultado es una película que apenas obtiene una moderada dosis de energía cómica a partir de los números musicales, con algunos momentos de magia verdadera como aquellos que transcurren en la barbería (donde, de nuevo, Murphy y Arsenio Hall maquillados de ancianos hablan de gentrificación y nazismo en América) o ese funeral con alguna ocurrencia interesante. El Rey de Zamunda no es horrible, a veces hasta divierte, pero sí es una experiencia claramente inferior a la original.

El Rey de Zamunda se estrena en Prime Video el 5 de marzo.

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