Crítica: 'El Juicio de los 7 de Chicago' (Netflix), de Aaron Sorkin

El juicio de los 7 de Chicago es una de las grandes apuestas de este año para los Oscar.

Juanma González

El Juicio de los 7 de Chicago relata uno de los primeros grandes juicios mediáticos de la historia de Estados Unidos, el de los activistas acusados por la administración de Nixon de conspirar contra la seguridad nacional en plena guerra del Vietnam. Lo hace en clave de drama judicial "a la maniera" de Aaron Sorkin, su guionista y director, creador de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca y responsable a su vez de libretos tan brillantes como el de Algunos Hombres Buenos, Moneyball y La Red Social.

En su segunda película tras las cámaras, Sorkin elabora un complejo tapiz judicial con un plantel de actores privilegiado. Que el filme haya sido estrenado por Netflix tras soltar nada menos que 40 millones a Paramount es signo de, una vez más, los tiempos que corren para el cine en tiempos de pandemia (una pandemia no solo vírica). Que los resultados disten un tanto de lo planificado por el guionista y director no es culpa de nadie, ni del espectador, ni de Netflix y ni siquiera del dichoso virus.

¿Es El Juicio de los Siete de Chicago una mala película? En absoluto. Sorkin recupera coordenadas del gran cine clásico americano y aporta un activismo político que apenas disimula la metáfora con tiempos actuales, y eso no es en absoluto malo. Un intento por revalorizar fórmulas en desuso que resulta digna, entretenida y necesaria... pero a su pesar, esto último más en lo estilístico que lo ideológico

El problema de El Juicio de los 7 de Chicago es que da por sentada su propia inteligencia. Y la apuesta de Sorkin por un drama judicial en el que los hechos juzgados son narrados en "flashback" provoca una desconexión emocional con esos mismos acontecimientos del cual la película, distanciada de su propio contexto, nunca se recupera. La precisión y buen gusto habitual de los diálogos de Sorkin y el tono más bien bienhumorado de la mayoría del relato, que amortigua la temida solemnidad, apenas oculta la sensación de que la película es ideológica y moralmente más simplona de lo que pretende. Sorkin, al fin y al cabo, ha planteado una película de buenos y malos, de demócratas contra republicanos, pero da la impresión de no comprender demasiado su propia paradoja de progres defensores de las estructuras contra conservadores antisistema, y desde luego se complace en su apenas disimulada metáfora trumpiana.

A su favor juega la vehemencia y energía narrativa del filme, por mucho que la mayoría provenga del guión, el montaje y los actores. La presencia de Mark Rylance, ese descubrimiento de Spielberg (inicialmente vinculado al proyecto), nos da la medida del éxito o fracaso de la empresa: Sorkin parece querer dirigir una película de Spielberg, pero el resultado se queda a mitad de camino entre la mediocre Amistad y la brillante El Puente de los Espías.

El Juicio de los 7 de Chicago está ya disponible en Netflix

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