Cuando el cine se veía sentado hacia adelante

Rosa Belmonte

Robert Mitchum no se daba ninguna importancia. Pensaba que cualquiera podía actuar. Decidió ser actor al ver a Rin-Tin-Tin ("Si el perro puede hacerlo, yo también"). De hecho, alardeaba de que como actor tenía dos estilos. Con caballo y sin caballo. Y sólo superaba a otros actores en que había estado más tiempo en la cárcel. Como seductor tampoco tenía pose alguna. Dorothy Spence fue la mujer de su vida. Según contó su hijo, Chris Mitchum, en un documental sobre el actor la declaración fue tal que así: "Quédate conmigo y te tirarás pedos bajo bragas de seda". 57 años estuvieron juntos, hasta que Mitchum murió. Aunque él se acostara con muchas estrellas. Ese tipo de apariencia ruda pero más elegante que un dandy estuvo haciendo su magia en la única película de Charles Laughton: La noche del cazador (1955). Pero en España se estrenó en agosto de 1970, así que hay excusa para escribir de esa obra maestra. Aunque no se necesite.

El productor Paul Gregory instó a Laughton a dirigir la novela de Davis Grubb que James Agee adaptó con el director controlándolo todo. Por supuesto, también tuvo que ver con los actores. Lillian Gish, la protectora de los niños a los que persigue el exconvicto Powell (Mitchum) porque han escondido un botín, le preguntó a Laughton en su primera reunión que por qué la quería a ella. "Mire usted, cuando iba a ver mis primeras películas [en las que salía ella] la gente sentaba en sillas rectas y se inclinaba hacia adelante. Ahora se repantingan, echan la cabeza para atrás y comen chucherías y palomitas. Quiero que se sienten rectos otra vez". También se pensó para el papel en Jane Darwell, Ethel Barrymore, Helen Hayes, Agnes Moorehead o Elsa Lanchester.

Laughton filmó el miedo en La noche del cazador. La película es malvada y más inquietante que cualquiera. El director de fotografía, Stanley Cortez, que participó en El cuarto mandamiento (1942), dijo que sólo dos directores con los que había trabajado habían entendido la luz, Orson Welles y Charles Laughton. Pero la escena debajo del agua no es obra de Cortez sino de Hilyard M. Brown. En todo caso, qué desperdicio de talento al dirigir una sola película. Críticas negativas y ahí os quedáis, que yo tengo otras cosas que hacer. Dirigir teatro, por ejemplo. En el teatro, decía Laughton, puedes cambiar lo que quieras, añadir, quitar… En el cine no era posible.

Robert Mitchum adoraba a Laughton como director. No siendo él muy de hablar de esas cosas, años después confesó que era el director que prefería de todos con los que había trabajado y La noche del cazador su película favorita. Y Laughton consideraba a Mitchum uno de los mejores actores del mundo, además de elogiarlo más allá de su imagen pública. Culto, amable, tierno, caballero y no sé cuántos elogios más…. Lo que no impidió que algún día se presentara borracho en el rodaje. Además, a veces, cuando se hartaba de los niños (se llevaba peor con la niña, pero alguna vez se hartó del niño) dejó al paciente Mitchum que dirigiera las escenas que tenía con el mocoso. Y Shelley Winters (la viuda con la que se casa para conseguir el dinero) consideraba su interpretación en La noche del cazador la más compleja de su carrera. También es verdad que los dos adultos que Laughton quería originalmente para la película eran Gary Cooper y Betty Grable, pero los dos dijeron que no. Gary Cooper porque pensó que interpretar a semejante tiparraco sería malo para su carrera.

Para Laughton la película era como un pesadillesco cuento de Mamá Oca. Aunque él también tenía sus propias pesadillas. Como en United Artist no se fiaban ni de Laughton ni de Paul Gregory como productor, a Robert Mitchum lo tuvieron rodando a la vez La noche del cazador y No serás un extraño de Stanley Kramer. Se permitió a este empezar cuando todavía Laughton no había terminado. Mitchum volvía cuando tenía tiempo libre. Por ejemplo, la escena en la que lo detiene la policía se rodó con Mitchum ya en la otra película. Qué falta de respeto de esos patanes por Laughton. Ya decía Robert Mitchum cuando le preguntaban cómo era la cárcel que era igual que Hollywood, aunque la gente tenía más clase.

Y su respeto por el oficio de actor lo perdió del todo cuando Greer Garson necesitó veinticinco tomas para decir "no".

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