Crítica: 'The Prodigy', terror con niño malvado protagonizado por Taylor Schilling

Juan Manuel González

El terror ha cambiado, pero sigue ofreciendo garantías de taquilla y un par de ideas malévolas e interesantes. Si a finales de los 70 películas como La Profecía o El Exorcista sacaron al género del reducto de la serie B como lujosas producciones de estudio (ambas con un argumento que admiten concomitancias con el de ésta The Prodigy: el del niño diabólico) la que aquí dirige Nicholas McCarthy es una película de género para los tiempos del micropresupuesto de la productora Blumhouse y la exitosa Insidious, película de la que hereda algo de su lenguaje visual y, como decimos, no pocas coordenadas industriales. Un retroceso que no es tal cosa, al menos si decidimos obviar cierta pérdida de fuelle en los convencionales pasajes centrales del filme, y si tenemos en cuenta el más que notable comienzo y desenlace que atesora.

The Prodigy narra la historia de Miles, un niño que va dando muestras de un comportamiento ciertamente perturbado que sus padres son incapaces siquiera de admitir. La película de McCarthy juega con el misterio y la ambigüedad la mayor parte de su contenido metraje, o al menos trata de hacerlo, con un primer acto más que suficiente en el que el espectador no sabe cómo se manifestará el mal (pese a un prólogo explicativo bien clarito) y un desarrollo plano y convencional en líneas generales, pero aún así bien plagado de sugerencias turbadoras: ese abrazo en la cama de un niño a su madre, la pesadilla en el pasillo en la que el director copia literalmente uno de los sustos más recordados de la filmografía de Mario Bava...

Las referencias de esta película de la refundada Orion van, sin embargo, por otro lado, con unas gotas de cierta variante del cine de posesiones mezclado con el body-horror de los noventa a la manera de Eric Red (Cuerpo maldito) o Brett Leonard (Virtuosity, Asesino del más allá...) pero pudiendo funcionar perfectamente como una secuela jamás producida del recordado slasher Muñeco diabólico... aunque ya sin muñeco (la misma productora, por cierto, prepara un remake de ese título para este mismo verano, aunque sin posesión diabólica mediante, en lo que podría calificarse como una curiosa partición de ideas en los despachos del estudio).

Lo verdaderamente bueno del filme, dotado de una veta de humor negro un tanto turbador, es sin embargo cómo afirma de manera absoluta el fracaso de las estructuras del sistema destinadas a contener el mal, sea éste sobrenatural o no: tanto el psicólogo como la familia sucumben ante un niño que sabe perfectamente cómo someterlos, engañarlos, volviendo éstas mismas estructuras en su contra (atención a cómo Miles "acojona" al doctor encarnado por Colm Feore) o mediante el puro soborno emocional. Esto, y la batalla interna que en ocasiones se percibe en el joven Miles, redondean The Prodigy como un modesto pero muy defendible título de terror.

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