Crítica: 'El Extranjero', con Jackie Chan y Pierce Brosnan

Juan Manuel González

Quienes consideren la mítica miniserie británica Edge of Darkness como un tótem del relato de venganzas detectivescas, y en menor grado su más reciente traslación al largometraje americano protagonizada por Mel Gibson, Al Límite, no les será ajeno el argumento de la trágica aventura dispuesta (aparentemente) para disfrute de los fans de Jackie Chan en El Extranjero. Las tres tienen el mismo comienzo, con el asesinato de una joven ante los ojos impertérritos de un padre menos indefenso de lo que parece (pero condenado, desde ese momento, a enfrentarse a estructuras ocultas del poder); y las tres están dirigidas por el neozelandés Martin Campbell, un realizador que pasará a la historia por haber sido el responsable de remozar al agente 007 para dos décadas distintas, los 90 y los 2000, en Goldeneye y Casino Royale (estoy seguro de que no pocos fans de James Bond aspiramos a, al menos, otra entrega dirigida por Campbell) y por lanzar a Banderas al mercado USA con La máscara del Zorro.

Campbell es otro de esos realizadores de género infravalorados, dotado de un pulso narrativo y temático coherente, además de competente: los suyos son siempre relatos más hoscos de lo que aparentan, con una cierta oscuridad y un gusto por el suspense que no oculta el extraordinario, infravalorado y excelente talento que despliega en las secuencias de acción (con un timing en el montaje especialmente excelso). El extranjero tiene la particularidad de presentarse como una gran co-producción internacional (por ahí asoma el nombre de Wanda Films, responsable de los 80 millones recaudados por el filme en China) y estar, en consecuencia, al servicio de un Jackie Chan más dramático y serio que en anteriores ocasiones. Y el actor cumple, pero la publicidad se olvida mencionar a -no por casualidad en el director de Goldeneye- un Pierce Brosnan simplemente excelente, responsable como viceprimer ministro británico de sostener tantos minutos o más como la estrella asiática y, desde luego, de proporcionar un mayor peso dramático al guión una vez toca enredar la trama tras el bombazo inicial. La maniobra tiene más sentido si conocemos los precedentes citados: se trata, en realidad, del desdoblamiento del policía que protagonizaba las dos Edge of Darkness y que interpretaron primero Bob Peck y luego Mel Gibson, un tipo que pagaba el precio de su búsqueda de la verdad consumiéndose, metafórica pero también físicamente, del mismo modo que el relato navegaba a dos aguas entre las pulsiones del cine de acción (y venganza) y las de una perspectiva más ética del mismo, las proporcionadas por la búsqueda de la verdad típica de todo thriller crítico con las cloacas del poder.

Campbell respeta a Chan y le proporciona un par o tres de excelentes secuencias acrobáticas de huida pero, en realidad, se lleva rápido el asunto al subgénero "Bourne" presentando, y esto es ya la aportación particular del filme, dos personajes con un pasado oculto que son dos vías de atajar el mismo problema... para al final fulminar toda ambigüedad posible revelando los peligros de navegar a dos aguas con la violencia terrorista. El relato abunda así en la acción típica de un thriller internacional, pero en realidad late a un ritmo mucho más político y social, entregando una película de acción imperfecta e incluso manipuladora en algunos de sus recursos, pero incuestionablemente elegante y turbia, con un par de secuencias de diálogo, responsabilidad de Brosnan (cuestionándose de nuevo la imagen de héroe británico de su etapa como 007) tan bien orquestadas como las de pelea de Chan. El Extranjero es, desde luego, un show menos tosco de lo que podría esperarse, y una muestra del buen hacer de un director que ha necesitado (al igual que otros de aquella época y adscripción, como Renny Harlin) apoyarse en la industria oriental para confeccionar un relato típico pero sorprendentemente local.

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