Crítica: 'Feliz día de tu muerte' (Happy Death Day)

Juan Manuel González

Uno solo puede asumir la naturaleza derivativa de un producto como Feliz día de tu muerte a base de caradura y cachondeo. Es lo que han debido pensar el guionista Scott Lobdell (autor, curiosamente o no, de no pocos cómics de superhéroes) y el productor de moda Jason Blum a la hora de presentarnos la aquí presente, una cinta de terror que es, en sí misma, producto de un puro high-concept (quizá no tan high) de esos que encantan en los despachos de los ejecutivos de cine.

En efecto, Feliz día de tu muerte se podría resumir como Atrapado en el tiempo + Scream, eso es lo que es y eso es lo que hay, aunque afortunadamente se reserva un par de lecturas que justifican su existencia fuera de los fondos de catálogo de las plataformas VOD (o lo que hasta ahora era simplemente el "directo a vídeo") y otros experimentos nostálgicos a la moda. Todo ello parece una obviedad a tenor de los muy buenos resultados en taquilla del filme, presupuestado en esos nimios 5 millones de dólares típicos de la productora Blumhouse, y que ha vuelto a demostrar la buena salud del terror en un año preñado de éxitos para el género. Y no deja de ser un aceptable dibujo del panorama en el que se recibe el filme.

Feliz día de tu muerte nos presenta a Tree (Jessica Rothe), un insoportable producto de fraternidad snob que, salpicada por algún eco cósmico irracional ideado por Frank Capra, se ve obligada a repetir, una y otra vez, el mismo día: nada menos que el de su asesinato a manos de un psicópata enmascarado salido de algún slasher de los ochenta o noventa.

El filme de Christopher B. Landon no esconde, como decimos, su naturaleza de copia de copia, y de hecho presume de ella. No lo suficiente, ojo: en ocasiones uno echa de menos algo más de salero en los diálogos, aunque sobre todo en la puesta en escena e inventiva de los asesinatos. No reivindicaré el nombre de Kevin Williamson, creador de Scream, en base a sus repipis diálogos, pero Feliz día de tu muerte se habría beneficiado de algo de eso y, sobre todo, de más pompa, carne y sangre en sus escenas de terror y suspense, que en su mayoría (y salvo alguna que otra: la explosión del coche patrulla sería una de ellas) no aportan absolutamente nada, forzando al filme a conformarse con su ligereza, a quedarse un tanto a medio camino de sus intenciones.

Dicho lo cual, y a pesar de ello, la película funciona bastante bien. Jessica Rothe (cuyo parecido con Blake Lively no puede ser del todo casual) cumple bien su cometido, al tiempo que el guión aprovecha decentemente la oportunidad de hacer cierto comentario "meta" que no ahoga la espontaneidad del relato. En efecto, Feliz día de tu muerte, en ese bucle eterno de repetición del mismo día, realiza una serie de analogías que quizá suenen ensimismadas al poco ducho en el género de terror, pero que tienen su gracia. Cada secuencia es una diferente permutación de los mismos hechos, permitiendo a Lobdell y Landon estructurar su película, desenredarla, como un verdadero pelotón de secuelas de una saga de terror. Una peculiar parodia del afán de alargar el chicle de las películas y sagas de terror slasher y en el cada una de esas repeticiones funciona como secuela de la anterior, como una variación más histérica y cabrona de la original como si de una ristra de segundas, terceras, cuartas y décimas partes se tratase.

Pero también nos vale como reflexión sobre el traído y llevado estereotipo de la "final girl", llevada esta vez a un territorio abiertamente moral típico del cine clásico con moraleja. Tree pasa de ser una versión femenina de un "womanizer" (la chica amanece en la cama de un desconocido) para madurar y, sobre todo, descubrir su trauma, y su verdadera identidad, durante el proceso. La película lo ilustra con sentido del humor y en base a montajes musicales de algún remedo de Taylor Swift. Esta evolución, y no tanto descubrir la identidad del asesino, es el eje central de Feliz día de tu muerte, película que en definitiva al menos demuestra haber entendido bien la raigambre que sostenía la original Atrapado en el tiempo: el análisis de un arquetipo y sus relaciones con el entorno.

A continuación