Duelo al sol con Pablo Iglesias

Podemos se propone quitar de Telemadrid las películas del oeste si consigue el gobierno autonómico.

Santiago Navajas

El programa de Pablo Iglesias en Hispan TV se denomina Fort Apache, como la mítica película de John Ford. En su trilogía de la caballería del Ejército norteamericano (La legión invencible, Río Grande y la mencionada Fort Apache), Ford adquirió por parte de la izquierda una leyenda de "fascista" porque supuestamente hacía atractiva la imagen del "malvado" militarismo. Sin embargo, Pablo Iglesias y su partido Podemos ha anunciado que censurará los westerns en Telemadrid si alcanzan el poder.

Por supuesto, Iglesias no llamó así a su programa como un homenaje a Ford sino más bien al contrario. Porque tanto él como su camarada Monedero anunciaban que ellos se consideraban "indios". Como en el caso del grupo rapero de protesta también denominado Fort Apache, liderado por el cantante de ultraizquierda Nega, y cuyo primer álbum se llamó precisamente "Cine, ideología y cultura de masas".

No ha sido una mera ocurrencia sino que forma parte de la tradición de la ultraizquierda la censura ideológica. Por ejemplo, el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet proponía en su libro La golosina visual no emitir series de televisión norteamericanas porque según la luminaria de izquierda Kojak y Colombo, por ejemplo, resultan peligrosas para la salud ideológica de los trabajadores europeos. La ultraizquierda siempre a favor del despotismo paternalista.

La censura de la extrema izquierda no se dirige sólo contra la "cultura popular" presuntamente desviada ("degenerada" dirían los nazis) que llevaría a la alienación de los trabajadores de sus intereses y necesidades, sino también contra la cultura de élite. De ahí, aquella célebre crítica de Stalin contra la ópera de Shostakovich Lady Macbeth in Mensk por ser una música "formalista" y "burguesa", que los proletarios no entenderían por su peligrosa innovación y experimentación en los límites del arte.

Un testimonio de primera mano sobre el sectarismo ideológico de la extrema izquierda lo daba Alfredo Bryce Echenique cuando relataba sus años de juventud y compromiso en París, donde descubrió asombrado que todo el cine norteamericano se consideraba de derechas por provenir del "imperialismo yanqui". En mayo del 68 el lema más famoso era "Prohibido prohibir". Pero como no hay regla sin excepción, los maoístas y trotskistas estudiantes revolucionarios prohibían asistir a Madigan, una película de Don Siegel interpretada por Richard Widmark.

Sin embargo, cabe conciliar el antiamericanismo de los bolcheviques hijos de Lenin, que si fuera por ellos todo sería Eisenstein y Antonioni, con los western. Las películas de vaqueros son infinitas. Y si hace falta nos ponemos progres y comprometidos en lugar de los fascistas esos de Ford y Hawks:

1. Solo ante el peligro, Fred Zinnemann. El sheriff interpretado por Gary Cooper se siente angustiado después de que sus vecinos no se atrevan a ayudarle contra unos delincuentes. Apología de la solidaridad y denuncia de la "caza de brujas". Howard Hawks y John Wayne le responderían con El Dorado y Río Bravo.

2. The shooting, Monte Hellman. Un western de autor, existencialista y minimalista, rudo y violento, seco como el desierto, afilado como un cuchillo. Jack Nicholson presta su cara desencajada a un anti héroe de libro, en una combinación aparentemente imposible entre Anthony Mann y Michalangelo Antonioni.

3. Dead man, de Jim Jarmusch. Manierismo tenebrista, formalismo impostado y la obscuridad vagamente new-age de un estilo que sería una traslación del método de planificación interminable usado por el húngaro Bela Tarr en su Satantango para un western críptico.

4. El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, Andrew Dominik. El western ni se crea ni se destruye, se transforma. Para muestra nada mejor que este western deliberadamente poético, concienzudamente ambiguo, oblicuo y lúcido. Jesse James es el Che Guevara del salvaje oeste: vivió rápido, mató mucho y le rodeó el aura de los bellos, malditos y revolucionarios. Hizo un bonito cadáver. Robert Ford fue su Judas. Un héroe. Un miserable. Su cadáver no resultó tan guapo. En cualquier caso ahora son dos cadáveres cinematográficamente exquisitos.

5. La puerta del cielo, Michael Cimino. Este western tenía que haber acabado de una vez por todas con los western pero sólo acabó con la carrera de Michael Cimino. Marxista lucha de clases en el salvaje oeste, metáfora de un capitalismo salvaje. Destrozado en un montaje ad hoc por la productora, es la única película que le puede discutir a El cuarto mandamiento de Orson Welles ser el mejor film mutilado de la historia.

6. Pequeño gran hombre, Arthur Penn. Con Dustin Hoffman y Faye Dunaway. Ejemplo de los westerns de qualité que se realizaron en la desmitificadora década de los 70 en la que todo servía de metáfora más o menos obvia de la Guerra de Vietnam.

7. Bailando con lobos, Kevin Costner. Ecologismo buenista y multiculturalista en vena, el dogma del "buen salvaje" de Rousseau se hizo cine en este western que nos reconcilia con los lobos y nos hace abjurar de la civilización. Como decía Voltaire burlándose del filósofo ginebrino, dan ganas de echarse a gatear a cuatro patas.

8. Sin perdón, Eastwood. El viejo Clint se nos pone feminista y sensible antes de desatar la madre de todos los tiroteos. Hay otros infiernos pero están en este mundo.

9. Apache, Robert Aldrich. Esta hará especialmente felices a Iglesias y Monedero. Reivindicación de los indios a través de la figura de Gerónimo, un rebelde contra el colonialismo y el imperialismo que sueña con que otro mundo, sostenible y en contacto con la tierra en el que todos seamos hermanos, es posible. Burt Lancaster y Jean Peters pueden servir de modelo para Pablo Iglesias y Tania Sánchez para cuando decidan retirarse del mundanal ruido capitalista y dedicarse a cultivar brócoli en el paraíso comunista.

10. El sargento negro, de Ford. Al final, claro, nos tenía que salir Ford. Pero es que si el director norteamericano realizó la película izquierdista por antonomasia, Las uvas de la ira, también filmó un western comprometido y combativo ideológicamente a la izquierda del Río Pecos. Woody Strode en el papel de su vida, nunca tantos negros fueron filmados con tanta pasión y honor.

A continuación