Dinosaurios y tiburones. Terror en la pantalla

Miguel del Pino

Parece mentira, pero hace ya cuarenta años que un gigantesco tiburón causó una oleada de pánico al partir barcos y devorar bañistas, afortunadamente sólo en aguas cinematográficas. El pasado verano nos ocupábamos en esta sección de los verdaderos tiburones y de su presencia y peligro en las costas españolas, de manera que este verano si divisamos la amenazadora aleta saliendo del agua nos asustaremos sólo lo justo.

Coincide este aniversario con el anuncio del inminente estreno de la cuarta entrega de Jurassic Park (Jurassic World, es el título de la nueva entrega), de manera que no nos faltarán sobresaltos, la imaginación al servicio del terror y supuestamente de la zoología.

La verdadera historia de los Dinosaurios

Por increíble que parezca, hasta bien entrado el siglo XIX nadie había tenido noticias ciertas de que en el pasado hubieran existido gigantescas estirpes de reptiles, muchos de ellos gigantes, que en su momento, la Era Secundaria, habían conquistado nuestro planeta en una verdadera irradiación explosiva y diversificación de formas y nichos ecológicos. Se habían encontrado huesos fosilizados de gran tamaño, pero la imaginación y la superstición los había atribuido a seres humanos gigantes de un remoto pasado de nuestra especie.

En realidad los dinosaurios son un grupo de reptiles prehistóricos que dominó la Tierra y que comprendía centenares de especies diferentes. Algunos eran verdaderamente muy grandes y llegaban a pesar tanto como veinte elefantes adultos; otros eran muy pequeños y no superaban el tamaño de una paloma.

Ciertos dinosaurios corrían sobre sus patas traseras, mientras que otros se desplazaban a cuatro patas. Muchos se alimentaban sólo de plantas pero también los había carnívoros, carroñeros o depredadores, que comían preferentemente otros dinosaurios. No hubo dinosaurios marinos ni voladores y uno de los hábitats idóneos fue el ambiente de los pantanos, muy frecuentes en diferentes lugares durante la Era Secundaria.

La historia del descubrimiento de los dinosaurios comenzó con Gideon Mantell (1790-1852), un doctor aficionado al coleccionismo de fósiles y minerales, que en 1824 halló en las piedras de las canteras de la comarca de Sussex unos dientes gigantescos que correspondían sin duda a un grupo de animales hasta entonces completamente desconocido. Mantell sabía la suficiente zoología como para estar seguro de que los animales no eran mamíferos y de que los dientes eran propios de un reptil herbívoro. Él conocía las iguanas sudamericanas, y por el parecido de los dientes de éstas con los fósiles encontrados dio al reptil gigante el nombre de Iguanodon, es decir, dientes de iguana.

Las creencias de Mantell fueron confirmadas por el gran zoólogo francés Georges Cuvier (1769-1832). Ambos se formaron la idea de que había existido un grupo de reptiles gigantes que creyeron exclusivamente vegetariano, sin embargo, en virtud de nuevos descubrimientos, Richard Owen amplió este concepto a formas carnívoras y propuso el nombre de Dinosaurios, que significa "lagartos terribles". Estamos a un solo paso del mito del Tiranosaurio.

En principio, los descubrimientos de dinosaurios se restringieron a las islas Británicas, pero muy pronto saltó la investigación a Norteamérica, donde los buscadores de fósiles se hallaron ante formidables yacimientos que comprendían esqueletos completos que en ocasiones tenían que desenterrar, mientras eran atacados por los indios. ¿No es un magnífico argumento aún no explotado en el mundo del western?…

Hoy la Ciencia divide el grupo de los Dinosaurios en dos grandes apartados que se distinguen en función de la estructura y disposición de los huesos de la pelvis: son los Ornitisquios, o dinosaurios con pelvis de ave, y los Saurischios, o dinosaurios con pelvis de reptil. Se trata efectivamente de dos ramas evolutivas muy diferentes.

En los ornitisquios encontramos a los famosos dinosaurios cornudos, como el Triceratops, que debía de cumplir un papel ecológico parecido al rinoceronte. También pertenecen a esta sección los dinosaurios de pico de pato o los "dinosaurios loro".

Más conocidos son los Saurisquios entre los que hay formas carnívoras como los Carnosaurios. El más popular es el Tyranosaurus rex, del Cretácico inferior, encontrado en Estados Unidos y Mongolia. Una criatura realmente aterradora que pesaba 7 toneladas y alcanzaba los doce metros de longitud, caminando sobre sus poderosas patas posteriores en posición erguida y con dos minúsculos brazos con los que podía sujetar a sus presas.

Los saurópodos por su parte eran muy parecidos entre sí y alcanzaban las dimensiones máximas entre todos los dinosaurios. Eran herbívoros y habitaban las zonas pantanosas. El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid cuenta con una réplica del esqueleto de un Diplodocus carnegiei que ha asombrado a los niños de las diferentes generaciones que lo han contemplado.

Si el lector desea profundizar más en la sistemática y la variedad de los dinosaurios no le remitimos a los más complejos tratados de Paleontología, sino a los más pequeños de la casa; los niños adoran a los dinosaurios, se aprenden sus nombres y devoran las galletas que los avispados fabricantes elaboran con sus siluetas. Ellos son los verdaderos expertos, ayudados por su prodigiosa memoria infantil, aún no desgastada.

¿Podría ser cierta la reconstrucción de un dinosaurio?

Lamentablemente la tesis de Parque Jurásico pertenece a la más pura ciencia-ficción, aunque resulta muy ingeniosa. Efectivamente se conservan perfectamente gracias a su incrustación en gotas de ámbar insectos picadores que pueden contener en su buche sangre de dinosaurio, pero los más de sesenta millones de años transcurridos desde la extinción son demasiados para la conservación en buen estado del ADN. En los años ochenta del pasado siglo, Woodward ha recuperado pequeños fragmentos de lo que pudo ser ADN de dinosaurio, pero la biotecnología actual no sería capaz de recrear un genoma de manera tan completa como se sugiere en las míticas películas.

¿Realmente se extinguieron?

Esta es otra cuestión. En el mapa evolutivo de los reptiles, los dinosaurios están próximos a los cocodrilos, y sobre todo a las aves, hasta el extremo de que algunos científicos opinan que éstas no son sino dinosaurios muy especializados que han llegado hasta nuestros días. En cualquier nido de gorriones se podría estar produciendo el milagro de "recordar" en la evolución a los dinosaurios del pasado.

Tratando de ser exactos también habría que poner en hora el reloj de Parque Jurásico, ya que la mayor parte de los dinosaurios que aparecen en pantalla no son jurásicos, sino cretácicos , y aquí las diferencias entre periodos de eras geológicas se miden en decenas de millones de años.

Parque Jurásico español

No queremos terminar sin admirar el verdadero Parque español de los Dinosaurios: Dinópolis, a la misma salida de Teruel capital. Ningún español interesado por la Ciencia debería dejar de visitarlo, para admirar el trabajo de sus científicos y las extraordinarias reconstrucciones que allí se muestran. No es extraño que alguno de los saurópodos descubiertos en las zonas próximas pueda aspirar al título de "Dinosaurio más grande del mundo".

Aunque para buscar plusmarcas zoológicas de tamaños no hace falta remontarse al pasado, ya que la Ballena azul (Balaenoptera musculus) es el mayor ser viviente que jamás haya palpitado en nuestro planeta. Su nombre específico, musculus, significa "ratoncillo", una broma del gran Linneo, que dio tan curioso nombre a la especie.

A continuación