La obra bien hecha. El paseo del Prado y El Retiro

Agapito Maestre

La Comunidad de Madrid ha presentado la candidatura del Paseo del Prado y El Retiro como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Magnífico es el anuncio. Ciento de valores excepcionales de carácter universal contiene el Paseo del Prado y El Retiro. Bastaría detenerse en la conservación de algunas plantas del Jardín Botánico para nombrar a este lugar Patrimonio Mundial de la Humanidad. La convivencia pacífica entre naturaleza, arte, cultura y ciencia hacen de estos espacios algo único, singular y excepcional en el mundo. Entre las muchas artes que se citan en este tan real como idílico paisaje urbano y natural, elijo hoy la escultura. Dos piezas, entre uno de los bosques de esculturas más grande del mundo, llaman mi atención y estimulan mi pensamiento.

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Escultura ecuestre del General Martínez Campos en el Parque del Retiro de Madrid

La primera es del artista valenciano Mariano Benlliure. Me refiero a la escultura ecuestre del General Martínez Campos, uno de los monumentos más espectaculares del Parque de El Retiro. Benlliure se enfrentó por primera vez en su vida a un desafío: esculpir una figura a caballo. Salió tan airoso del trance que es considerada, junto a la estatua ecuestre de Felipe IV esculpida por Pietro Tacca, única en el mundo. Se trata de un homenaje popular al general Arsenio Martínez Campos, quien al frente de la Brigada Dabán, proclamó en Sagunto rey de España al príncipe don Alfonso, hijo de Isabel II. Restauró, pues, la monarquía borbónica en 1874 y terminó con una de las experiencias políticas más nefastas de la historia de España: la Primera República.

El monumento se inauguró en 1904, cuatro años después de su muerte, con amplia presencia institucional. Representa al general de uniforme de campaña, con capa y tocado con un ros, su caballo hace un gesto muy inusual, ladea e inclina e inclina la cabeza con aire cansado; algunos han interpretado la posición de la cabeza del equino para dar al jinete un mayor realce. Quizá. Pero yo tengo la sensación de que el gesto cansado del jinete no es menor que el de su caballo. El rostro de Martínez Campos, curtido en mil batallas -estuvo en las Carlistas, en la de Cuba y en la de África-, esculpido por Benlliure es una genuina obra de arte: es una síntesis perfecta del cansancio.

Aciertan de pleno quienes sitúan este grupo escultórico en las antípodas del idealismo de los modelos clásicos que ensalzan a políticos y militares. Aquí se retrata la épica del esfuerzo y el cansancio, a alguien a lomos de un caballo que, a diferencia de los que montan caudillos y emperadores, agacha su cabeza en señal de extremo agotamiento. Una genialidad. Quien la contempla, difícilmente eludirá la sensación de estar entre el polvo de las batallas. También esta obra, como todas las grandes del arte, exige al espectador colaboración, un poco de esfuerzo, para imaginar y pensar ese momento único que ha captado el artista. Lejos de cerrar las puertas a cualquier fantasía y reflexión, esta escultura es un permanente estímulo para pensar e imaginar, para añadir algo a lo expresado por el escultor.

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Escultura de Galdós en el Retiro

Cargada de intenciones y llena de significado está la estatua de Galdós en El Retiro. Este segundo ejemplo pertenece al extraordinario escultor palentino Victorio Macho, quien también llevó a cabo el monumento a Santiago Ramón y Cajal muy cerca del estanque del parque. Situada detrás de una terraza en el Paseo de Uruguay, enfrente de la Rosaleda, el escritor aparece sentado en su butaca y con las piernas cubiertas por una manta, tal y como aparece en algunas fotografías de la época, cuando era ya un anciano. Obvio es manifestar que también esta escultura expresa con delicadeza y mesura la épica del esfuerzo, dedicación y trabajo de un hombre que ha perdido la vista en su oficio. La ceguera del artista, sin duda alguna, es el momento cumbre, único, que se recoge con precisión poética. Exacta. Pero Victorio Macho, como en el caso de Benlliure, no cierra, o mejor dicho, no encierra y aprisiona ese momento singular, ese canto al esfuerzo y al trabajo, como si solo tuviera un sentido. Falso. La singularidad de una obra de arte nunca debe rendirse a la extrema pasión o al paroxismo del dolor. Siempre tiene que dejar abierta la libre interpretación a quien la contempla. La estética de Lessing, sí, es invencible: "Lo que constituye el mérito de un hombre no es la verdad que posee o cree poseer, sino el esfuerzo que ha hecho para conquistarla".

En verdad, estas dos estatuas son una síntesis filosófica de lo que representa para los españoles el Paseo del Prado y El Retiro: "la obra bien hecha". Una lápida colocada en un monumento frente al Museo del Prado lo deja meridianamente claro. Son palabras del gran Eugenio d´Ors: "Todo pasa: una sola cosa te será contada y es tu obra bien hecha. Noble es el que se se exige y hombre, tan sólo, quien cada día renueva su entusiasmo, sabio, al descubrir el orden del mundo, que incluye la ironía".

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