El itinerario francés de Eduardo Arroyo

El Instituto Francés presenta la muestra "Eduardo Arroyo: un itinerario francés", que recoge la relación del pintor figurativo con el país galo.

LD / Efe

El pintor Eduardo Arroyo, que falleció el pasado 14 de octubre, nació en 1937 en la madrileña calle Argensola, en plena Guerra Civil. Estudió en el Liceo Francés y en 1958 se instaló en París, huyendo de Franco, una relación con el país galo que se puede ver en la muestra "Eduardo Arroyo: un itinerario francés".

La muestra, que se inaugura este miércoles en el Instituto Francés, es toda una plasmación de la relación sentimental de esta institución con Arroyo, el pintor figurativo, dibujante, cartelista y escritor que tuvo la ironía y la mordacidad como herramienta. Comisariada por Fabienne di Rocco, también biógrafa del artista, la muestra reúne un trabajo seleccionado por el propio pintor, quien estaba trabajando en la misma antes de morir.

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Se trata de 30 obras, 4 pinturas y dibujos, caricaturas y retratos, además de dos grandes vitrinas con la información de la relación del artista con el Liceo; sus notas, fotos de familia y su paso por este centro.

Además se incluye la proyección de una película grabada durante 24 horas por el propio pintor. Las doce últimas horas fueron rodadas de forma continuada sin interrupción, sobre su vida y sus reflexiones. Todo en respuesta a Alberto Anaut, quien le hace una especie de entrevista.

"El hilo conductor de la exposición es su paso por el Liceo y su relación con Francia y todo ello concentrado en la preocupación de Eduardo por la condición del artista y del arte, esto es muy importante", explicó Di Rocco, durante la presentación.

Un libro póstumo

"Le preocupaba la parte oscura o precaria que tuvieron que pasar artistas como Baudelaire, pero también mucho humor, como los retratos que hizo de Stendhal y Flaubert", precisa Di Rocco, quien está traduciendo al castellano el libro que dejó escrito Arroyo en francés y que saldrá en Francia el próximo enero. Un texto inspirado en la novela de misterio de Agatha Christie Los diez negritos.

"Era cierto que el Liceo me convenía, a pesar de que en sus filas de profesores se encontrara el mal nacido cura Argimiro. En el jardin d'enfants del Liceo Francés de Madrid aprendí lo de 'il était un petit navire qui n'avait ja- ja-jamais navigué' (érase un barco pequeñito que jamás había navegado)", escribió.

"Pero cuando por aquella caída desafortunada en el teatro de la Zarzuela mi padre murió, yo me convertí ipso facto en adulto, un adulto que no había navegado jamás. Un dicho afirma que cuando los niños no tienen padres, se convierten en sus propios padres...", siguió Arroyo en su libro de memorias Minuta de un pensamiento.

El pintor también dejó escrito: "No olvidaré que a los catorce años fui expulsado de mi querido Liceo Francés por repetida mala conducta, y ese acontecimiento me hizo comprender, bastante joven, cómo las gastaban mis amigos los franceses."

Arroyo, que decía que "la realidad es infinitamente más preocupante que la ficción y nos atemoriza...", volvió a España en 1976, algo que marcó las dos etapas en su carrera: en el exilio (1959-1976) y tras el exilio.

Iconoclasta e irónico, el Jardín Botánico de Madrid será el escenario de la nueva exposición sobre el pintor, el próximo mes de enero.

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