Diplomacia versus lerdomacia: una lección de los Austrias sobre la Berbería

Pedro de Tena

Imaginen por un momento que se anuncia oficialmente que Moulay Hassan, hijo de Mohamed VI, rey de Marruecos, y heredero del trono alauita, se ha convertido al catolicismo. Conciban después que, desde los despachos más representativos de España, el de la Zarzuela y el de la Moncloa, se notifica a la ciudadanía española que el bautismo del príncipe marroquí tendrá lugar en fecha señalada en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial ante todas las autoridades incluido el nuncio apostólico del Vaticano.

Pues sepan desde el principio que acontecimientos como el descrito ya ocurrieron en tiempos de Felipe II y no una sola vez, sino varias. En ese proceloso mundo de la Berbería, lo que hoy llamamos el Magreb (de Túnez al Sahara Occidental), la diplomacia siempre ha sido necesaria dado el nivel de división de familias y sultanatos y la influencia externa de islamismos ajenos. Pero una cosa es la diplomacia brillante y el efecto propagandístico de tales bautismos y otra bien distinta el ejercicio contumaz de la antidiplomacia.

Hasta la llegada de Pedro Sánchez al gobierno muy especialmente, aunque ha habido antecedentes errados, siempre se ha creído que la diplomacia – que viene de diploma y/o de doblez, según se prefiera -, es una actividad que exige cualificación, estudio, prudencia, sagacidad, astucia y dedicación porque desde ella se defienden los intereses de todos los habitantes de una nación, de un Estado. Desde que Sánchez es presidente, la diplomacia española se ha degradado hasta una simplemacia que, a ratos, parece sencillamente una lerdomacia.

No parecía posible pero, tras más de décadas defendiendo la postura de las Naciones Unidas acerca del destino del antiguo Sáhara español, que incluía una consulta a los saharauis sobre el destino de la zona y soluciones negociadas, de pronto, un día, sin previo aviso a nadie, Pedro Sánchez decidió – quién sabe si le advirtió algo al Rey Felipe VI – que el futuro del Sáhara iba a ser el de una región administrada en régimen de "autonomía" por el reino de Marruecos. Así. Sin más.

Poco antes, Estados Unidos, la mano que mece la cuna en todas las zonas, ya había decidido que esa era la mejor solución al conflicto, pero a cambio de cosas esenciales como el reconocimiento completo de Israel por parte del rey alauita. Sin embargo, en el caso de Sánchez, el cambio español de postura que ha perpetrado no ha sido acompañado de compensación alguna por parte de Marruecos. Es el síntoma inequívoco del tránsito de una diplomacia a una simplemacia o lerdomacia. Si ha habido algún trueque, no habrá sido en beneficio general de los intereses españoles.

Pero no es todo. Muy poco tiempo antes, el gobierno de España dejó entrar irregularmente para curarse a uno de los enemigos declarados del reino de Marruecos, Brahim Ghali, líder del Frente Polisario amparado por Argelia, enemiga a su vez de nuestro vecino del Sur lo que motivó la airada reacción del gobierno marroquí usando, como es costumbre, a la población para saltar la frontera española por Ceuta y provocar un pánico comprensible en la ciudad.

Tras su regalo a Marruecos sin contrapartidas conocidas, el cabreo del gobierno argelino ha sido monumental hasta el punto de que se han interrumpido de hecho las relaciones comerciales y se ha puesto en serio peligro el abastecimiento de gas natural procedente de Argelia, nuestro principal proveedor de este preciado producto energético.

Por eso es digno de recordar lo que era la diplomacia cuando España era una nación respetada, respetable y dotada de una élite inteligente. Comienzan las efemérides taurinas de Leopoldo Vázquez (1890): "1 de enero de 1648: Se celebran corridas de toros reales en la plaza Mayor de Madrid con motivo de haberse bautizado el príncipe de Fez. Hubo en ellas caballeros rejoneadores".

Es el momento de restregarse los ojos como si hubiéramos tenido una falsa visión, un espejismo. ¿Cómo? ¿Qué el príncipe de Fez, conocido también a veces como el príncipe de Marruecos recibió el bautismo católico en España? Pues sí, señores. Y no fue ni el primero ni el único.

Con el nombre de Felipe de África, popularmente Felipe el Negro, porque era de piel más que oscura, fue bautizado, nada menos que en El Escorial en 1593, el príncipe de Fez [I]. Lo contó el gran Amador de los Ríos [II] y antes que él el mismo Lope de Vega, que escribió una obra sobre el tema, de la que hablaremos enseguida. Se cree que el "Fénix" fue incluso testigo del acontecimiento por ser amigo del marroquí.

El joven converso era el último descendiente directo de la dinastía sa'di, anterior en el dominio del Norte de África a la alauita. Muley Xeque era hijo del rey o sultán de Marruecos y de Fez, Muley Muhamet o Mohammed (Abu Allah Muhanmad ibn 'Abd Allah al-Mutawakkil), aliado del famoso don Sebastián, rey de Portugal, que fue vencido por Moluco (Abd al-Malik) en la batalla de Alcázarquivir (provincia de Larache)

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El biógrafo por excelencia del príncipe converso, conocido como "el príncipe negro" es Jaime Oliver Asín [III], sobrino del arabista Miguel Asín Palacios. Para dar término a su trabajo, tomó muchos datos de la obra de Lope de Vega, que mezcló los hechos de la derrota y desaparición del mítico rey Don Sebastián de Portugal y del bautismo de Muley Xeque en una única obra de teatro que desconcertó a Marcelino Menéndez Pelayo que no encontró la relación entre ambos sucesos.

Este vínculo fue descubierto por Oliver Asín en fuentes francesas [IV] mucho después. Tampoco creyó el polígrafo cántabro la participación de la romería de la Virgen de la Cabeza de Andújar en la cristianización del príncipe, algo que Lope de Vega dejó muy claro y que las fuentes ya habían subrayado. La relación estribaba en que el rey Sebastián fue a combatir a Marruecos defendiendo al padre de Muley Xeque, nuestro converso.


Escribió Lope de Vega en su obra:

AXA.
El trata hacerse cristiano.

ALMANZOR.
¡Por todo Alá soberano.
Que arrojo fuego infernal!
¿Cristiano el Jeque?

AXA.
No sé;
Él tiene este pensamiento;
Que el darle este mal violento
Por algún misterio fué.

Pues la tradición, Lope y las fuentes próximas a los hechos dicen que sí, que fue la Virgen de la Cabeza, tan negra como el príncipe de Marruecos y de gran devoción entre los moriscos, quien intervino en favor de su conversión (y, de paso, en la finura de la diplomacia española).

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Virgen de la Cabeza


Beatriz Alonso y Miguel Ángel de Bunes resaltan cómo fue de importante este "milagro" para la monarquía española. Su efecto propagandístico y desmoralizador para los musulmanes fue multiplicado por el acto del bautizo en El Escorial el 3 de noviembre de 1593, siendo padrinos del neófito el propio Felipe II y su hija Isabel Clara Eugenia. Sin embargo, la diplomacia española del momento no quiso ayudar a unas dinastías contra otras. De hecho, recién bautizado dejó de aspirar al trono al que tenía derecho y se convirtió en un noble y militar español, costeado por el Estado aunque no siempre a tiempo ni bien.

En la diplomacia española de aquellos tiempos, se combinaban otros factores con las conversiones ya que se estaba en vísperas de la expulsión de los moriscos ordenada por Felipe III entre 1609 y 1613. El propio Felipe II desaconsejó a su sobrino, don Sebastián, su participación en los líos dinásticos norteafricanos [V]. No le hizo caso y pereció en el intento.

Pero la renuncia al Islam y el bautismo católico siguió siendo un arma diplomática de primer orden. El propio Calderón de la Barca escenifica otro bautismo famoso en su obra El gran príncipe de Fez. En ella, se refiere la conversión de otro príncipe magrebí, Mohammed el-Attaz, al que llama el autor Muley Mahomet, que fue llamado tras el bautizo Baltasar de Loyola.

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En la efeméride taurina que hemos mencionado, se alude al bautizo de otro príncipe de Fez en 1648. No pudo ser el de Muley Hamet, que se cristianizó ese año tras ser hospedado inicialmente en Getafe. Tal vez, se festejó el de otro príncipe magrebí, otro don Felipe de África (1627-1686), bautizado en Palermo con idéntico nombre al primero. En ocho obras de Lope se mencionan estas conversiones, desde la ya mencionada aquí a El hidalgo Bencerraje, El cordobés valeroso Pedro Carbonero o El santo negro Rosambuco y La octava maravilla.

Beatriz Alonso, erudita en Sultanes de Berbería en tierras de cristiandad, investigó cómo portugueses, españoles y otomanos incidieron en las dinastías norteafricanas, que, a menudo, recurrían a unos y a otros para salvar sus tronos o refugiarse del exterminio político. En ese marco, no cabe duda que la inteligente diplomacia de los Austrias, se esté o no de acuerdo con ella, transformó la conversión al catolicismo en un elemento propagandístico de su política exterior.

¡Qué tiempos aquellos en los que había alguien al mando de la primera nación de Europa, alguien que reflexionaba sobre sus intereses generales y alguien que comprendía cuál era su papel en el mundo y su repercusión en el bienestar de sus compatriotas! Si se compara aquella diplomacia con la lerdomacia vigente, de manera inmediata se lleva uno las manos a la cabeza. Porque, ¿qué hemos hecho los españoles para merecer esta pena tan grande?


[I] También estuvieron acogidas en España reinas de Fez, como Juana de Carlos, vecina de Mijas desde 1526. Fue la primera esposa del Rey de Fez, al que dejó por amor a un liberto. Fue bautizada con gran relieve en 1520 siendo sus padrinos el emperador Carlos y Germana de Foix.

[II] José Amador de los Ríos y Juan de Dios de la Rada Delgado: Historia de la villa y corte de Madrid, 1863, tomo 3

[III] Oliver Asín, Jaime. Vida de don Felipe de África, príncipe de Fez y Marruecos (1566-1621.Universidad de Granada, 2008. Cuenta con un estudio preliminar imprescindible de Beatriz Alonso Acero y Miguel Ángel de Bunes Ibarra. Fue publicado por vez primera en 1955 por la Escuela de Estudios Árabes del CSIC.

[IV] Castries, Henry de. Fuentes inéditas de la historia de Marruecos, tomos 1-6.

[V Los alauitas derrocaron a los sadies a finales del siglo XVII.

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