Contra pedagogos

Santiago Navajas

Un pedagogo hablando de educación es como hacer toreo de salón. De ahí, quizás, que nunca haya visto a peores docentes que los pedagogos. Una ideología recorre la pedagogía: la concienciación emocional, un simulacro que desplaza al conocimiento racional. El enemigo está dentro, en la pedagogía dominante y los "expertos" que lideran el cotarro académico, las asesorías gubernamentales y diseñan los cursos para el profesorado.

La revista "Cuadernos de Pedagogía" es el foco de esta pedagogía hegemónica. "Cuadernos de Pedagogía Progre" debería decir, ya que es refractaria a los valores relativos a la enseñanza que prioricen la instrucción sobre la "concienciación", mientras jibarizan a los profesores convirtiéndoles en "profes". Estos pedagogos, que a su ideología la llaman "evidencia", ven al profesor como el culpable de los males del sistema, por lo que hay que puentearlo. Si un alumno suspende y repite la culpa, argumentan, es de los profesores. ¿Su solución? Regalar los aprobados, eso sí, con perspectiva de género (soslayando que los grandes damnificados del actual sistema son los alumnos varones) y socioemocional (lo que implica un paradigma antiintelectualista en el límite del irracionalismo).

Para ello cuentan con unos claustros en los que llegan "profes" convenientemente "concienciados" desde los Máster del Profesorado para ser "inclusivos", desde el lenguaje a las calificaciones. El asalto gramsciano a las instituciones culturales a través de los denominados intelectuales orgánicos. Un ejercicio de transparencia fundamental de nuestra clase política sería que, además de una declaración de bienes, los políticos también informasen de a qué tipo de escuelas y universidades llevan a sus hijos. También los pedagogos que ejercen de consultores y asesores.

¿Por qué los pedagogos son enemigos del sistema educativo? Son la razón principal de la pandemia de cambios legislativos. Porque el pedagogo vive de dichos cambios: nueva jerga, nuevos currículums, nuevos cursos de "formación del profesorado". La industria pedagógica. Cuando un pedagogo dice "hay que crear pensadores críticos, rigurosos y éticamente implicados en los cambios de la sociedad" lo que está queriendo decir es que hay adoctrinar para que los alumnos sigan los mantras políticamente correctos a través de talleres "socio-emocionales".

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Las ministras Pilar Alegría e Isabel Celaá

Cuenta Sexto Empírico en su obra Contra los profesores que el pedagogo Epicuro criticaba a los docentes porque envidiaba la sólida formación que tenían los mejores de ellos, como Platón y Aristóteles. Cabe sospechar que algo así sucede con los pedagogos y su insistencia de que es más importante "aprender a aprender" que aprender contenidos, llevando a los alumnos a un laberinto de confusión e ignorancia en el que es más importante manifestarse contra el cambio climático que saber de energía nuclear, con lo que al final no tienes ni ecologistas ni ingenieros nucleares aunque sí percusionistas de batucada.

Otro dogma pedagógico en relación al desprecio por los contenidos del conocimiento es que la memoria sobra. Por ejemplo: "La idea memorística se ha puesto en cuestionamiento, porque la información está ahí, no tiene que estar memorizada". De esta manera crean analfabetos funcionales, sin memoria, sin raíces. Con sobredosis de sentimientos pero sin cimientos. Advertía Emilio Lledó contra estos "futurólogos de la nada":

Todo lo que hacemos y, por supuesto, todo lo que vive nuestro cuerpo, se sostiene, entiende y justifica sobre el fondo irrenunciable de lo que hemos sido. Ser es, esencialmente, ser memoria.

Un pedagogo es alguien que cuando escucha las palabras "memoria", "esfuerzo", "excelencia", "mérito", "disciplina", "jerarquía", "autoridad", "trabajo duro", "crítica (de la de verdad)", "pluralidad", "honor", "inteligencia (de la de verdad)", "papel y bolígrafo", te llama facha. De ahí que el dogma supremo de la pedagogía hegemónica es que "Hay que pensar en otra escuela, no volver a la escuela anterior". Seguía Emilio Lledó sobre estos pedagogos canceladores del pasado:

Esa obsesión por borrar el pasado colectivo y quién sabe si el individual, aparte de interpretaciones psicoanalíticas, podría ser una clave para justificar cualquier vileza del presente con la impunidad de saber que nunca será recordado.

Adictos a la innovación por la innovación, a los gurús y al "coaching", cuando no vendidos a la industria tecnológica, no saben qué fue la Academia de Platón, que volverían a cerrar como hizo Justiniano en 529 d.C., y que ellos son los nuevos sofistas, capaces de defender una opinión y la contraria según convenga a sus intereses. Como señalaba el Perich en una viñeta de 1993, los expertos pedagogos catalanes, que habían denunciado en los años 60/70 los traumas que se producían en los niños cuya primera enseñanza no era su lengua materna, pasaron a defender con el mismo entusiasmo y "evidencias", aunque seguramente con más subvenciones de la Generalitat, que la primera enseñanza de niños en otra lengua que no sea la materna no provoca traumas.

Sostiene el pedagogo progresista de turno, henchido de superioridad educativa, "La mayoría de los docentes tienen capacidad para hacer ese cambio pero tiene que haber un acompañamiento y un nivel de exigencia, evaluar al profesorado". ¿Y quién va a evaluar a los docentes, el pedagogo? Se preguntaba Marx en una de sus tesis sobre Feuerbach quién va a educar a los educadores. El próximo paso en la selección del profesorado será eliminar las oposiciones, pruebas objetivas y ciegas, para introducir perfiles de idoneidad pedagógica, o sea, ideológica. Así surge el Frankenstein pedagógico posmoderno en los Máster de Profesorado: el "profe", alguien con conciencia de impostor que como no sabe de lo suyo no puede enseñarlo, así que se limita a divertir (lo llama "gamificación") en lugar de enseñar y sustituye la instrucción por concienciación. Mezcla de bufón y catequista, el "profe" significa la pauperización moral de una clase docente que se pregunta el porqué de su desconsideración social sin darse cuenta de que tiene la respuesta en el espejo.

¿Cómo reconocer a un pedagogo?

Fácil, es alguien que da clases magistrales explicando que las clases magistrales están obsoletas. Alguien que les dice a los "profes" que no hay que permanecer sentado en el aula. Por supuesto, lo dice sentado. De fondo, un powerpoint cutre que lee con desgana. Sostenía Rafael Sánchez Ferlosio que había que establecer un cordón de seguridad alrededor de los institutos para no dejar acercarse a los padres y, de este modo, instruir con la perspectiva de la impersonalidad y la distancia. A años luz de todas las perspectivas ideológicas, del género a lo medioambiental, con el que pedagogos, "profes" y AMPAs comercian psicológicamente con los alumnos. Para muestra, Greta Thunberg. Si la distancia de seguridad de los colegios a los padres podría ser de 100 metros, el de los pedagogos se ha de elevar de 100 kilómetros. En honor al Maestro, que tituló su reflexión ¡Fueras papás!, podría haberse denominado este artículo ¡Fueras pedagogos!

¿Cómo no van estar los pedagogos y los "profes" en contra del sistema de calificaciones si lo que están creando las universidades son candidatos con faltas de ortografía? Pero, ¿que es más importante, las tildes o el amor? ¿la verdad o la solidaridad? En 2019 un titular rezaba "Los suspensos en las oposiciones de maestros y secundaria dejan 1.780 plazas vacantes". Si grave es que los candidatos suspendiesen exámenes de lo que se supone es su especialidad, peor era el subtítulo del periódico "progre": "El profesorado sale de la crisis envejecido: por cada docente menor de 30 años hay seis mayores de 50". El mensaje subyacente es que la experiencia en la docencia es un lastre, una carga para la sociedad y los alumnos que hay solucionar inyectando carne fresca. Lo que late como prejuicio es que los docentes mayores son una molestia porque saben más, son menos manipulables y no se dejan impresionar por la modas pedagógicas, del lenguaje inclusivo a la perspectiva de género pasando por el alarmismo climático. Es lo que tiene haberse formado estudiando a los clásicos en papel en lugar de suscribirse a vídeos en YouTube.

La vanguardia pedagógica es el principal causante de la confusión educativa y la trampa cultural en la que estamos inmersos. Si los "expertos" consultados para hacer la enésima reforma educativa (que únicamente les beneficia a ellos mismos) son los primeros que no saben que no saben, o sabiendo que no saben lo ocultan con sofisterías, ¿hacia dónde vamos?

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