Mensajeros del infortunio

Agapito Maestre

El pensamiento oscuro nunca se hace cargo de su contexto. Dice cosas sin ton ni son, o peor, elude el esfuerzo de la reflexión. Quien condena la violencia en abstracto, sin entrar en los matices concretos de una determinada situación violenta, pudiera estar legitimando a los violentos y criminales. Dos asuntos me impresionaron en la última semana: los judíos madrileños avisándonos de los peligros que traen algunos partidos políticos de Madrid y la violencia desatada en Vallecas contra Vox. Es impresionante el vídeo de la comunidad judía de Madrid alertando contra los partidos antisemitas que se presentan a las elecciones del 4 de mayo. La denuncia de los judíos madrileños contra Unidas Podemos y MásMadrid está tan justificada, tan llena de razones y argumentos, que al momento me recordó la frase de Bertold Brecht: Ein Bote des Unglücks, un mensajero del infortunio. Otra vez, nuestros hermanos judíos, las narraciones de cada uno de ellos, sin el menor trazo de sentimentalismo, se nos presentan como presagios de lo que puede venir. 

También yo me he sentido como un “mensajero del infortunio”, como un exiliado en mi propio país, cuando he visto las imágenes de unos salvajes, alentados por un partido del gobierno, contra los dirigentes VOX. Querían matarlos. En el fondo, no me extrañó tanto odio. Sabía que eso podía suceder en el momento menos pensado. ¡Cuánto tiempo llevo denunciando el odio contra VOX! ¡Para qué entretenernos en lo que ha quedado por escrito! Además, no creo que eso ayude ya a reparar el asunto ni a plantear seriamente la novedad de este nuevo acto de violencia. La cuestión ahora es otra muy distinta: ¿por qué  odian a VOX los violentos y los “equidistantes”, los que denuncian con la boca chica, o peor, sugiriendo que algo malo habrían hecho los de VOX? Creo que la respuesta a esa pregunta se halla en una declaración que ha hecho Abascal este sábado en la Asamblea Nacional de su partido. Ha manifestado algo digno de ser pensado. Quizá ahí resida la explicación a muchos de los enigmas de una España sin nación. VOX ha conseguido abrir, expresado en corto y por derecho, todos los debates que los socialistas, los comunistas, los separatistas, los del C´s y los del PP habían cerrado. 

Si eso fuera verdad, y no tengo por qué dudar de las palabras de Abascal, entonces estaríamos asistiendo a la vuelta de la política a España, es decir, a la discusión y contraste sobre los fines y los medios de los diferentes partidos políticos. Ojalá fuera así. Pero, nadie se engañe, ahora domina la violencia, o sea, la voluntad extrema de silenciar a VOX, el partido que lidera la rebelión no sólo contra lo “políticamente correcto”, sino que se toma muy en serio que España es, hoy por hoy, un país sin dioses, sin historia y sin destino, o sea, un partido que asume la tremenda responsabilidad de repensarlo todo. Se diría que la política para este partido se ha vuelto filosofía. Pensamiento. Es menester, pues, redefinir nuestros dioses, nuestra historia y nuestro destino. La tarea es dura pero apasionante. La posibilidad de establecer una comunidad real de habla, donde pueda redefinirse en términos éticos las posibilidades de un destino común, es una tarea tan política como filosófica. 

Sin embargo, por desgracia, no creo que los actuales partidos políticos quieran entrar en una batalla intelectual como la propuesta por VOX. Al contrario, prefieren zanjar la cuestión con los peores métodos conocidos en la historia. La mentira, el escarnio y la difamación de los grandes medios de comunicación contra los dirigentes de VOX siempre han competido con una acusación absolutamente falsa: VOX era un partido de corte violento. Mentira. Es hora de decir lo obvio: jamás este partido ha caído en violencia alguna. Siempre ha rehuido la confrontación civil. En realidad, los totalitarios, quienes no discriminan entre el poder, el saber y el derecho, acusan a un partido recién creado de su principal defecto: imponer el odio y la rabia por todas partes. ¿Qué puede hacer este partido para defenderse? No lo sé, pero, aparte de seguir eludiendo la confrontación con los violentos, debería persistir en su tarea reflexiva, o sea, tendrá que defender su principal convicción, a saber, una sociedad abierta y desarrollada no tiene temas tabúes. Todo es susceptible de discusión. Eso es filosofía. Cuidado, amigos, con pasar de ella; porque, como dijo el clásico, siempre se venga de quien la desprecia. 

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