El coraje de 26 científicos

Agapito Maestre

Son las 22:00 h. del domingo, 7 de marzo, cuando comienzo a escribir esta columna. A las 21:00 h. me llamó un amigo para comentarme una cosita de El Mundo. Se trataba de las opiniones de unos supuestos líderes intelectuales acerca de la pandemia de la Covid-19. ¡A quién le llamará este periódico “líder intelectual”! Me picó la curiosidad. Entré en la Internet para leer la cosa, pero había que suscribirse. Pasé de este rollo y salí corriendo a comprar el periódico en papel. Vivo a dos minutos de siete establecimientos de venta de prensa. Siempre hay gente con suerte, pensé yo, mientras me ponía zapatos cómodos para salir a la calle; pero pronto me di cuenta de que vivía equivocado. Aquí ni el más pintao se salva.  Somos todos unos pringaos. Todos los kioskos de Sol estaban cerrados. También en El Corte Inglés habían chapado. El domingo pliega antes las puertas que los días laborables. 

Enfilé, decidido en mi empeño, la calle Preciados hasta Callao, pasé por la FNAC y también habían echado el cierre, bajé hasta el Vips de la Gran vía, pero tampoco hubo suerte. El servicio de prensa y libros hace tiempo que no funciona. Regresé a mi casa por la Gran Vía hasta la Red de San Luis y no hallé un puñetero kiosko abierto. Me rendí y aquí estoy para levantar acta de otra ruina. En el centro Madrid a las nueve de la noche de un domingo no se puede comprar prensa escrita. Vivimos en época de pandemia. Tiempo roto. Salvo la casta política y la chusma totalitaria del gobierno, no hay un ciudadano en España que se sienta seguro en un país que la beneficencia, según informa el periódico mexicano La Jornada,  alimenta diariamente a 1.6 millones de españoles. 

Sospecho que esto de la prensa, junto a la democradura de España sin España,  irán de mal en peor. En fin, con el paseo he conseguido olvidarme de los muchachotes de El Mundo. Quizá ni sean líderes ni intelectuales ni nada. Por otro lado, si en el reportaje no aparece ninguno de los que ha firmado la Carta del Grupo de París contra la comisión de la OMS en Wuhan, entonces no merece la pena el reportaje. Sí, sí, los 26 que han firmado esa carta, aparte de mucha inteligencia, demuestran tener coraje. Es la primera condición para pensar. Sin valentía para enfrentarse a la OMS y a China no se podrá investigar lo fundamental: 1. Es menester entrevistar e investigar a todas las personas que trabajaban en el Instituto de Virología de Wuhan y enfermaron en el otoño de 2019. 2. Es necesario conocer todos los protócolos de los ensayos de manipulación sobre el covid para saber cómo pasó del animal a los humanos. La Administración Trump exigía una rigurosa investigación sobre el Instituto de Virología de Wuhan, que tenía mucha relación con instituciones norteamericanas, desde el año 2016 hasta que sus investigadores estudiaron el RaTG13, el coronavirus de murciélago identificado en enero de 2020. En efecto, mientras no se descubra cómo pasó el virus del animal a los humanos, no sabremos casi nada… La carta de los 26 ha venido a poner en evidencia la falta de rigor de la comisión de la OMS para estudiar el origen de la pandemia. 

Por cierto, en este grupo de los 26 se halla el investigador y empresario biofarmacéutico Dr. Steven Carl Quay, médico, inventor y exprofesor del Departamento de Patología de la Universidad de Stanford, quien hace dos semanas fue entrevistado por Jorge Casesmeiro, en El Imparcial, y otros medios anglosajones, cuya principal conclusión es que “más allá de toda duda razonable” el SARS-CoV-2 (Covid-19) tiene un 99,8% de probabilidades de ser un virus diseñado en un laboratorio, y solo un 0,2% de tener un origen natural o zoonótico. La investigación de Steven fue remitida a todos los miembros de la Comisión de la OMS en Wuhan y no le han rebatido nada que cambie sus resultados. En fin, Steve Carl Quay concluye que hay partes y formas de actuar del virus que encajan más con un experimento de Ganancia de Función que con una zoonosis. La entrevista y el trabajo de Casesmeiro con el doctor Steve Carl Quay es de nota. Léanlos y aprenderán. Es un trabajo de gran periodismo para mostrarnos que hace falta una investigación de verdad sobre el origen del Covid-19; y, sobre todo, regular en serio la experimentación biotecnológica con Patógenos potencialmente pandémicos.

Bravo, pues, por el doctor Steven, uno de los firmantes de los 26, y otro bravo por Jorge Casesmeiro que me lo dio a conocer antes de que lo hiciera el WSJ y Le Monde.  Y a los intelectuales de El Mundo que les vayan dando.

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