A vueltas con la epidemia: la metamorfosis

Agapito Maestre

Lunes, 20 de abril de 2020.

La noche del 19 al 20 abril no dormí bien. Creo que me pasé con la comida. Mi hijo Rodrigo me mandó una "cena a domicilio" y no quería disgustarlo con sobras. Di fin al kebab, las empanadillas, las alitas de pollo y las patatas con mahonesa. Caí redondo en la cama, pero a las pocas horas estaba despierto. Puse la radio. Había música en EsRadio y me fui a la Cope. Hablaba El Pulpo, el entusiasta Carlos Moreno, con mi amigo Jorge Casesmeiro sobre un gran historiador norteamericano Michael Gannon, empeñado en enseñarle a sus paisanos la huella española por todo USA, empezando por recordarles que la popular celebración navideña estadounidense, el día de Acción de Gracias, tenía un origen español; Gannon habría acreditado con perspicacia que la primera Acción de Gracias (Thanksgiving) se festejó en San Agustín en 1565, bajo la regencia española.

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La conversación radiofónica entre Jorge y Carlos acabó con cualquier posibilidad de volver a dormirme. Alargué el brazo y cogí de la mesilla de noche el libro más cercano. Estaba completamente despierto y dispuesto a releer las primeras líneas de la Metamorfosis. Kafka nunca defrauda. Nadie como él ha expresado lo absurdo de la existencia humana con tanta precisión. Creo que a eso le llaman coherencia kafkiana. Otros dicen: "es kafkiano el vivir de los españoles". Kafka siempre intranquiliza. Ahí reside todo su arte: obliga a sus lectores a que lo relean. Nada es claro y unívoco. Todo es obscuro y ambiguo salvo la forma de decirlo. Acabé levantándome, después de volver por enésima vez al comienzo del libro:

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gugovir Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto...

¡Horroroso! Sin embargo, a Samsa, protagonista de esta metamorfosis, le preocupara más el descontento de su jefe por su ausencia laboral, que el modo vertiginoso del crecimiento de sus patas y antenas del horrible arácnido en que se había convertido. En eso los españoles nos parecemos mucho a Samsa. Nos atormenta menos haber perdido la libertad y la dignidad, el arrastrarnos sin columna vertebral, ante las medidas del Gobierno, que el disgusto de nuestros gobernante por desobedecerles.

Jorge, el Pulpo y Kafka consiguieron que, después de hacerme un café, comenzara a emborronar papeles. La vida cotidiana había vuelto a ganarle el terreno al sueño y la imaginación. ¡La vida cotidiana como absurdo! Sí, Kafka había vuelto a atraparme en su laberinto. Traté de salir de mis vanas elucubraciones y borré de la pantalla del ordenador: "el coronavirus está mostrando nuestra inhumana humanidad"… Dejé la radio de fondo y, a veces, cambiaba el dial. Federico Jiménez Losantos y Carlos Herrera coincidían en lo fundamental: el general de la Guardia Civil, el señor Santiago, se había pasado en sus declaraciones del día 19, o peor, se había dejado engañar por el Gobierno.

Cuesta creer que un general de la Guardia Civil esté al servicio de Sánchez-Iglesias, pero sus palabras fueron inequívocas: "Trabajamos para minimizar las críticas al Gobierno por la gestión de la epidemia del Covid-19". Si censurar y perseguir a quienes critican al Gobierno es el objetivo del general Santiago, entonces España como Estado de Derecho, o mejor, como democracia está en proceso de derrumbe. Si la preocupación clave del general Santiago es reprimir a quienes cuestionan la Comisión de Técnicos que asesora al Gobierno para gestionar la crisis del COVID-19, entonces estamos al final del régimen democrático de 1978. Si todo se queda en la "aclaración" perversa que hicieron los ministros de Justicia y de Defensa de las declaraciones del general Santiago, entonces la libertad de información y opinión en España están no sólo en retroceso sino que corren un grave riesgo de desaparición.

Si el ministro del Interior, Grande Marlaska, no diera explicaciones convincentes en el Congreso de los Diputados de las terribles declaraciones del general Santiago, entonces tendremos que pensar que vuelve a ganar la política represora del vicepresidente de Sánchez, quien ha expresado repetidas veces que los medios de comunicación tienen que estar al servicio del Gobierno. Parece que el Estado de Alarma se ha convertido ya en Estado de Excepción. Es otra muestra, en solo unos días, de la tentación dictatorial que el Covid-19 ha provocado en el presidente del Gobierno. La anterior se deslizó la semana pasada en una encuesta oficial manipulada, que pretendía justificar la censura sobre los medios de comunicación discrepantes, con abierto escarnio del artículo 20 de la Constitución Española. Otra vez se ha demostrado que a este Gobierno no le empacha poner todas las instituciones públicas a su servicio. Y nada menos, en este caso, que la Guardia Civil, a la que ha encomendado "minimizar" las críticas a la gestión del Gobierno. Es una forma rastrera de socavar la democracia pluralista.

Es obvio que esta epidemia ha sido aprovechada por el gobierno socialista-comunista para recortar libertades, bajo el "ideologema" de que todo hay que doblegarlo al objetivo de salvar vidas. Sin embargo, es el país con más muertos del mundo por esta peste del Covid-19. Quizá por eso el Gobierno solo se preocupa por ocultar los miles de muertas y muertos… ¡Aún no se ha puesto una corbata negra Sánchez! Y es que esta crisis del Covid-19 es planetaria, por eso se llama pandemia, pero las soluciones no solo son nacionales sino que, seguramente, serán las naciones la principal prueba para medir el grado y calidad democrática de los países de la UE. La presente pandemia ha hecho revivir en el gobierno socialista-comunista de España la ideología del odio, la ira y el rencor contra el discrepante, el crítico y el disidente. Basta ver una comparecencia del presidente del Gobierno en la televisión para saber que estamos ante alguien que no le interesa lo más mínimo dar una información veraz y precisa. Estamos ante un ideólogo sin escrúpulo. Todo es propaganda barata.

Hacer desaparecer la pluralidad de opiniones

Detrás de la mala gestión de la epidemia en España, hay un explícito propósito de hacer desaparecer la pluralidad de opiniones. El gobierno español está dando múltiples pruebas no sólo de su mala gestión de la enfermedad, sino de la utilización ideológica para eliminar a la oposición y a los medios de comunicación que los critican. El Estado de Alarma ha terminado por convertirse en Estado de Excepción. La privación de las libertades están siendo privilegiada por encima de las políticas de solidaridad, convencimiento y persuasión. Este proceso de deterioro democrático acabará afectando la vida cotidiana de los españoles, especialmente será trágico para quienes prefieren vivir en libertad antes que someterse a los diktat de los socialistas y comunistas, que están siendo fuertemente apoyados por las radios, las televisiones y los periódicos que ha pagado el gobierno de Sánchez-Iglesias.

Estamos al borde del desmoronamiento del Estado, sin embargo, aún hay gente, personas supuestamente ilustradas, que se hacen preguntas que ni siquiera el escarabajo de Kafka se atrevería a formular: "¿Llegará pronto la Tercera República?", preguntan con voz engolada, o peor, afirman con tono de siervos voluntarios: "En España será difícil que se instale un Estado bolivariano". Majaderos. Creo que el pueblo español no aprenderá nada de esta crisis. Y quizá salgan reforzados, como empiezan a predecir las encuestas, nuestros actuales represores. Tengo la sensación de que los medios de comunicación socialistas y comunistas, junto a sus cientos de "intelectuales", que no se les cae de la boca la acusación de "quinta columnistas" a los críticos del gobierno, están imponiendo la ideología del engaño, la ira y el odio contra la democracia y las libertades individuales.

Mil son los ideologemas que utilizan los "intelectuales" del gobierno de Sánchez para lesionar los derechos civiles de todos los ciudadanos. Hay uno que destaca por su perversidad lingüística. Se trata de hablar únicamente de la pandemia, de la universalidad del mal, para ocultar su ineptitud para detener aquí y ahora, en España, la epidemia. Es obvio que estamos, desde el punto de vista médico, ante una pandemia. Está estatuido por la OMS que el Covid-19 afecta a muchos países y millones de seres humanos de modo similar, incluso esta institución da prescripciones de carácter universal para detener la enfermedad, pero lo decisivo es cómo los diferentes Estados nacionales, insisto, ponen en práctica esos remedios sin transgredir los derechos de los ciudadanos.

Nadie diga, por lo tanto, que el coronavirus, una enfermedad universal, afecta a todos por igual. Mata más, mucho más, allí donde los gobiernos son ineptos e incapaces y, sobre todo, utilizan la epidemia como coartada para vigilar, reprimir y castigar. Cualquier cosa es buena para los socialistas-comunistas, incluso estar hablando dos horas seguidas sin decir nada, para ocultar que son incapaces de enfrentarse a un mal real. Tratan de subvertir la democracia. No les interesa salvar vidas, no reconocen la dignidad humana, no valoran la vida, de viejos o de jóvenes, de blancos o de no blancos, de musulmanes, judíos, católicos, de los desocupados o de los que tienen trabajo, etcétera… Solo se preocupan por decir que ellos lo hacen muy bien. Solo les interesa la ideología. La propaganda. Son sabios en el negocio de la mentira. La palabrería es la fuente de su poder.

Me prepararé con diligencia para distinguir la palabra de los mejores, de quienes saben que hablar nunca es fácil, de las retóricas vacías de quién solo sabe hablar bien de sí mismo. Tendré que aprender a amar el silencio de los buenos. Y sobre todo procuraré estudiar las siempre complejas metamorfosis de los hombres.

El asno de oro

Martes, 21 de abril de 2020.

"El cambio ya está en marcha.Únete al periodismo del cambio. Únete a nuestro movimiento. Únete a Ethic". Son las últimas líneas de un Manifiesto recibido en mi correo electrónico. Llamo a Carlos Díaz y le pregunto de qué va esto. A la hora recibo una de sus meditaciones libertarias. Mi amigo no deja títere con cabeza. Tendrá razón. Se trata de un "nuevo periódico", o mejor dicho, se trata de un "nuevo tanque de pensamiento", llamado Ethic. ¡Qué miedo! Impulsado por su aviso, me paseo un ratito por la web de la cosa y no salgo de mi asombro. Y es más de lo mismo, miseria sobre miseria… Metamorfosis atrabiliarias, por decirlo suavemente, hallo en la cosa de Ethic. Este engendro nada tiene que ver con la grandeza de Ovidio, el gran poeta latino que escribió La metamorfosis, y menos con las 41 Metamorfosis recogidas por Antonio Liberal; quizá tenga algún parecido con la Metamorfosis de Lucio Apuleyo, más conocida por El asno de oro, sí, recuerda algo al famoso mercader de Corinto de nombre Lucio, que sufre una cambio brusco por el sortilegio de una vieja. Lucio es transformado en asno por Fotis, una criada, fruto de un accidente… Uno y otros pierden su razón de ser.

Tengo la sensación de que el covid-19 ha impulsado a unos pocos a seguir luchando y cayendo, pero sin sacrificar la dignidad, sin vender la justicia, sin transigir con la impostura… ¡Impostura pública es, sin embargo, la de muchos, la mayoría de los "intelectuales" al servicio de El País, que ahora demandan un periodismo libre y objetivo! Serán bastardos. ¡Impostura pública es la de toda esa gentuza que se reúne en torno a un "Tanque", así lo llaman ellos, "de pensamiento", buscando una nueva idea de mundo por que la peste del covid-19, y un gobierno que les desprecia, les ha pillado con las vergüenzas al aire! Serán descarados.

Presumen de lo que carecen: ética. Etihcs han llamado a su invento para ocultar como España muere por todas partes. Ethics es un placebo para ocultar la muerte de millones de seres humanos idiotizados por sus cantos de sirena. Veo los caretos de los que forman parte del Consejo de Redacción y es para salir corriendo. Son unos impostores declarados.

¿Cómo puede demandar un nuevo periodismo quienes han estado legitimando y aplaudiendo al periódico, El País, el medio de comunicación que más daño ha hecho a la creación en España de una opinión pública-política madura y desarrollada. Hay que tener el rostro de cemento armado para exigir un "nuevo periodismo", objetivo y veraz, quien aún cobra de ese periódico, que está intervenido y comprado por el Gobierno de los socialistas y los comunistas. Y por el Ibes 35 o cómo se llame. Luego, sí, están los que cobran de El Mundo, los muchachotes domingueros, antiguos falangistas, que nos dan lecciones de psicología barata, que bien acompañados por el antiguo jefecito de opinión de El País, se apuntan a cortina rasgada por la "Ética" desapasionada de las mujeres socialistas… Vamos, todos, en unión, izquierdas derechas, guapos y feos, a abrazarnos con los pobres de la tierra. Solo falta el padre Ángel o Papa Francisco.

En fin, la cuadrilla es de lujo. Su sencilla faena no es otra que impedir lo más urgente: mostrar que la misión más alta de la vida, cada vez que la ocasión se ofrezca, es enseñar claramente dónde está nuestra posición. Estoy con los más débiles y, por supuesto, enfrentado a los embaucadores vengan de dónde vengan. Nunca estaré con los partidos sino con la verdad. Ethics, como todas las éticas mínimas para llegar a acuerdos máximos y cosas parecidas, no son nada más que un placebo para que las sociedades occidentales mueran sin rechistar. O peor, acaso están sirviendo a la "nueva normalidad", que exige el Gobierno de Sánchez-Iglesias. Se parece tanto la expresión "nuevo periodismo", utilizado por los del "Tanque del Pensamiento-Basura", a la de la "nueva normalidad" (período de excepción en mi lenguaje) de Sánchez que asusta… Y, además, está Borrell, ojito con él, no es de los que se quede mucho en un sitio si no le dejan trincar. O seas si se queda el nuevo Asno de Oro, entonces es que trincan todos; de momento, ha entrado en la cosa con espíritu pragmático, o sea, haciendo de la moral un trapo: "Me molesta esa manía de sacar conclusiones moralizantes. Frases como hemos vivido equivocados, hemos de cambiar nuestra manera de existir, la culpa la tienen los abusos del egoísmo o la falta del respeto a la ecología. No, es una plaga y se acabó".

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