Ramón Llull nunca escribió en catalán

Agapito Maestre

La semana pasada deslicé en mi columna que la novela Blanquerna, la famosa obra de Ramón Llull que da nombre al centro cultural y librería de la delegación de la Generalidad en Madrid, está escrita en catalán, pero Sebastián Urbina Tortella me hace una serie de consideraciones críticas para sacarme de mi error. Ramón Llull nunca escribió en catalán. Blanquerna está escrita en mallorquín. Los razonamientos y pruebas de mi lector son tan buenos y apabullantes que sería el ser más egoísta del mundo si me los reservarse solo para mi deleite y buen gobierno personal. Creo un deber ciudadano hacer pública la carta que me escribe don Sebastián. Su defensa de la lengua en que fue escrita una de las obras cumbres de la Edad Media española me parece un ejercicio de extrema generosidad ciudadana. La razón, como la verdad, es pública o no es.

Veamos qué argumentos exponen los catalanistas de ese supuesto creador del catalán prosaico. Y para ir abriendo boca podemos empezar por las manifestaciones que escriben en el libro titulado La llengua de Ramón Llull sus autores, D. Antoni María Badía i Margarit y D. Francesc de B. Moll (los dos, integrantes del equipo organizador del Congreso Internacional de Lingüística y Filología románicas en 1980 en Palma, y que sólo consiguieron el aval de 36 filólogos, frente a los más de 700 asistentes que se negaron a firmar un documento en el que se decía que catalán, balear y valenciano era un mismo idioma):

La génesis de las lenguas y de las literaturas románicas presenta unas características bastante semejantes. Hay unos principios vacilantes, diversos intentos más o menos conseguidos en diversos autores. Siendo un proceso lento de formación de las lenguas. (...) La prosa catalana, sin embargo, por la obra de Ramón Llull, salta prácticamente de la nada a su primera gran andadura clásica.

Y después de escribir eso se quedaron tan anchos. Es decir, que según esos dos grandes filólogos el catalán surgió cual seta silvestre, prácticamente de la nada. Lo cual lingüísticamente hablando es del todo imposible, salvo que se trate de una lengua sintética, o sea, una lengua fabricada en un laboratorio lingüístico. Y en tiempos del beato Ramón Llull aún no existían dichos laboratorios; hoy en día sí, pues cualquier cátedra de Filología de cualquier lengua lo es.

Este tipo de brutalidades filológicas se hallarán en libros colectivos como el de Dª Núria Cot, profesora de Lengua y Literatura catalanas; D. Manuel Llanas, catedrático de Lengua y Literatura españolas; D. Ramón Pinyol, catedrático de Lengua y Literatura catalanas, y D. Llorenç Soldevila, catedrático de Lengua y Literatura catalanas, coautores del Manual de llengua - NEXE COU, en el cual nos hacen saber:

Por primera vez en la Europa cristiana, gracias a Ramón Llull, una lengua romance, la catalana, llega a ser el instrumento de expresión de disciplinas científicas y humanísticas, reservadas hasta entonces exclusivamente al latín, único idioma culto indiscutido.

Ante estas manifestaciones debemos hacernos una serie de preguntas, que nos orienten hacia unas respuestas esclarecedoras de por qué han llegado estos doctos filólogos a esas conclusiones. La primera que nos pudiéramos hacer es: ¿en qué se fundamentan para aseverar que Ramón Llull, cuando escribió en "vulgar", como él lo llama en repetidísimas ocasiones, lo hizo en catalán? Porque es necesario que sepan ustedes que nunca jamás Ramón Llull usa la palabra catalán referida al idioma. La respuesta (siguiendo el pensamiento nacional-catalanista) para ellos es obvia: Baleares fue repoblada por catalanes en 1229, y por consiguiente sus habitantes, el Pueblo, no hablaba ni escribía en otro idioma más que en catalán.

Y así nos lo confirman los filólogos D. Antoni Mª Badía y D. Francesc de Borja cuando, en su obra mencionada más arriba, dicen:

¿Por qué Ramón Llull escribe en catalán? El catalán era su lengua más natural.

Bien... pero... esta respuesta sabemos que no es válida, por cuanto se ha demostrado fehacientemente que no hubo ninguna repoblación de Baleares por catalanes. Por consiguiente, la lengua del pueblo balear no podía ser el romance catalán.

Pero es que además todos los indicios de la vida de Ramón Llull nos llevan a asegurar que era hijo de montpellerenses, por cuanto gran parte de su vida la pasó entre Montpellier y Mallorca (nunca en Cataluña), por lo cual su idioma materno era el occitano-provenzal. Su padre, llamado igual, documentado está que viajó a la conquista de Mallorca en la galera de los de Montpellier, que precisamente era la misma en que viajó Jaime I, o sea, la galera real. Además, tanto el padre como el hijo fueron personas de mucha confianza de D. Jaime I, ya que don Jaime también era de Montpellier. Por ello, pues, a Ramón Llull hijo, cuando contaba tan sólo 14 años, lo nombró preceptor del príncipe Jaime, el que más tarde sería rey de Mallorca; el cual a su vez lo nombró senescal y mayordomo de su Casa Real. Y sabido es que el séquito de consejeros e íntimos de Jaime I estaba formado casi exclusivamente de montpellerenses y aragoneses.

Así que debió de haber otras razones para que Llull, supuestamente, escribiese en romance catalán. Estas razones también nos las dan a conocer los susodichos filólogos cuando comentan:

(...) había otra razón muy profunda: el afán de proselitismo. Era su obsesión. Este afán llevó a Ramón Llull a escribir en las lenguas que, naturalmente conocidas por él, fuesen las más habituales de sus posibles lectores.

Es decir, que Ramón Llull escribió sus obras pensando en sus posibles lectores, y por ello escribió en latín, árabe y vulgar. En latín, porque era la lengua oficial de toda la Cristiandad; en árabe, porque tenía pensado –y de hecho así lo hizo– intentar cristianizar el norte de África; y en vulgar, para que lo leyeran sus paisanos, los mallorquines, de habla baleárico-aquitana. Pues la imprenta tardaría aún bastantes años en inventarse, y por consiguiente era impensable pretender una tan amplia divulgación de sus escritos, hasta el punto de que la plebe del continente pudiera leer sus obras en vulgar. No nos olvidemos que estamos hablando del siglo XIII.

Lo que nos lleva a formularnos otra pregunta: ¿por qué un hombre tan culto como él no llama "catalán" a la forma en que escribe para sus paisanos? La respuesta es: porque la palabra catalán no está en su vocabulario, para él no existe tal término referido a la lengua.

Entonces, si para él no existe el término catalán en cuestión de lengua, debemos hacernos al menos una pregunta más: ¿cómo podemos saber si ese "vulgar" al que tantas veces alude se trata de romance catalán? La respuesta es obvia: haciendo un estudio pormenorizado de sus textos, buscando semejanzas lingüísticas estructurales, mediante las cuales podamos afirmar que efectivamente se trata de romance catalán.

Bueno, pues, miren ustedes por dónde, resulta que ese trabajo ya está hecho por los dichos filólogos D. Antoni Mª y D. Francesc, que en la susodicha obra nos hacen saber que "en realidad, (...) a medida que nos acercamos más y más al detalle del lenguaje luliano, descubrimos la presencia de diversos mallorquinismos".

Sin embargo, lo que ellos llaman "diversos mallorquinismos" resulta que se trata de la estructura lingüística mallorquina-balear, no catalana. Pues Llull hace uso de los artículos propios de Baleares: sa, ses; de los pronombres propios de Baleares: l ey (l’hey), qu ey (qu’hey), no y (no’y), nostro, ta (ta mare); de las dicciones propias de Baleares: veyes, llengo, homo, orde, dimars, divenres

Más lejos va el jesuita D. Miquel Batllori a la hora de echar tierra sobre la mallorquinidad de los textos en vulgar de Llull, pues, comentando el libro titulado Vida coetánea, a los términos de la estructura mallorquina-balear ya no los trata de mallorquinismos, como los anteriores filólogos, sino de vulgarismos característicos del habla mallorquina. Aseverando además que dicho libro no está escrito o dictado por Llull, sino redactado por un "traductor" que usa un lenguaje más bien grosero, que no sólo emplea dialectismos que en su tiempo no solían entrar en la prosa noble, y que usa el omnipresente nostro en vez de la forma pronominal catalana nostre.

Claro que Batllori tiene por seguro que en esa época la cultura del pueblo balear era catalana, de ahí su asombro y contrariedad al comprobar que la estructura lingüística no es la catalana, y asegure por ello que se trata de traducciones, no de originales.

Se olvida aquí en su enfado el padre Batllori de que Llull escribía o dictaba en vulgar para sus paisanos vulgares, porque para los cultos de todo el mundo conocido ya lo hacía en latín.

Por todo ello, creemos que queda bien claro que el vulgar en que escribe o dicta Ramón Llull es indudablemente romance mallorquín, no romance catalán. Pero por si acaso todo lo expuesto no fuese suficientemente esclarecedor para los más escépticos, oigamos la autorizada voz de D.

Josep Vidal Roca, licenciado en Teología por la Universidad Gregoriana y en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona, lulista y miembro de la Maioricensis Schola Lullista, quien nos hace saber:

El catalanismo de Ramón Llull es comparable al castellanismo del Cid. Es decir, son producto de la historiografía romántica.

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