El pensamiento arco iris

Amando de Miguel

La provocativa tesis del último libro de Y. N. Harari es que el Homo sapiens ha vencido las tres milenarias amenazas de la humanidad: las epidemias, la guerra y la pobreza. Por tanto, ya no se necesita la religión, que ha sido el conjuro contra los tres enemigos de la especie. Entramos, pues, según el historiador israelí, en una época dorada donde los humanos conseguirán la eterna juventud y serán como dioses. Todo ello, gracias a la maravillosa expansión de la ciencia, singularmente la informática.

La tesis de Harari promete conseguir un éxito fulgurante, precisamente por lo simplista, utópica y buenista que es. Tanto es así que, de generalizarse, se habrá convertido en una nueva y universal religión. Podríamos denominarla como cientificismo. Se expresa con los ritos exhibicionistas del orgullo gayo, de las cumbres contra el cambio climático o en pro del desarrollo sostenible. Se traduce popularmente por la obsesión de mantener el cuerpo en forma (fitness). Se añade un nuevo interés: alterar el sexo a voluntad, como se cambia de look.

Resulta más que discutible la premisa de que la humanidad ha acabado con las epidemias, la guerra y la pobreza. El hecho es que los avances sanitarios son cada vez más costosos y no parecen accesibles a la mayor parte de la población del mundo. La especie humana solo ha conseguido erradicar una enfermedad epidémica: la viruela. Además, han aparecido otras nuevas enfermedades. Singularmente, las degenerativas son el equivalente de las pestes de antaño por su amplitud y su resistencia terapéutica.

La guerra tampoco ha desaparecido. Claro está, ya no hay batallas campales como las de otros tiempos, pero en el nuestro cunde el terrorismo. Es una forma de guerra la más miserable de todas: carece de héroes.

Respecto a la pobreza en el mundo, objetivamente es ahora menor que antes. Pero también es verdad que resulta más llamativa, pues contrasta con la opulencia de los estratos acomodados en los países ricos. Recordemos algo tan fundamental como que en la Edad Media los castillos de los nobles o los reyes carecían de cristales en las ventanas.

Mi impresión es que la religión no surge y se mantiene porque haya epidemias, guerras o pobreza. El hecho religioso, en su más amplio sentido, ha acompañado siempre a la especie humana. La explicación reside en que el Homo sapiens utiliza la inteligencia y la sensibilidad para buscar una explicación trascendente a la vida y a la muerte.

Ciertamente, hay muchas personas ateas o descreídas, como natural expresión de la libertad. Pero no se encuentra una sociedad en la que rija el ateísmo por mucho tiempo. Siguiendo a Chesterton, se podría decir que en cuanto se deja de creer en Dios, se empieza a creer fanáticamente en otras muchas cosas. Esta generalización la ejemplifica muy bien el libro de Harari. Por lo menos a mí me ha ayudado a no caer en la superchería del cientificismo buenista, el pensamiento arco iris.

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