No a la "rebálida" franquista

Amando de Miguel

Han sido un éxito de la opinión pública movilizada las manifestaciones organizadas para reivindicar la abolición de las reválidas escolares. En algunas pancartas aparecían etiquetadas como "franquistas", en otras como "rebálidas", que suenan como balidos ovejunos. En ambos casos expresaban latentemente la necesidad de que, en efecto, se prescindiera de los exámenes públicos para certificar el paso de los escolares de un grado a otro. En todo caso, se reforzarían las actuales evaluaciones que hacen los alumnos sobre los profesores. La finalidad es clara: hacer más llevadero el currículum escolar. Sobre todo, que los chicos y chicas no sufran.

El Gobierno del diálogo y el consenso ha accedido a que se suspendan las reválidas escolares. A este paso me imagino los siguientes. Se organizarán manifestaciones para suprimir los exámenes todos y aun las notas. Se argumentarán que son también restos del franquismo, que habrán de ser eliminados en pro del progreso y como homenaje a la memoria histórica de los ciudadanos y las ciudadanas. Los padres y madres, los abuelos y las abuelas podrán estar tranquilos y tranquilas.

Puestos a reformar el sistema educativo, se podría ampliar a toda España ("a todo el Estado" dicen los que saben) la iniciativa de la comunidad autónoma cántabra de introducir una semana más de vacaciones por cada trimestre. ¿Por qué limitarse a una semana? El curso entero podría ser una continua vacación para practicar deportes, excursiones o juegos electrónicos. La vieja educación autoritaria y memorística podríamos superarla por la kultura. Se arbitraría solo un día por semana para que los estudiantes se reunieran con los docentes para verificar los conocimientos que habrían adquirido on line. Todo es cuestión de organizar manifestaciones para expresar las correspondientes protestas: "No a los esámenes". "No a los livros". "No a las eskuelas". El nuevo principio sería que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a un título educativo superior sin mayores esfuerzos o controles. Se podría otorgar en el mismo momento de nacer.

Si el argumento fuera el de la conexión con el franquismo de todas esas antiguallas docentes, la protesta podría ir mucho más allá. Por ejemplo, debería imponerse la negativa a las pagas extraordinarias de invierno (Navidad) y verano (18 de julio) que instauró Franco. Por la misma razón habría que demoler los hospitales y otros edificios públicos que se erigieron durante la ominosa cuarentena franquista. La enaltecida "memoria histórica" debería liquidar todas las supervivencias de un pasado vergonzoso. La misma idea de la educación como disciplina tendría que ser desterrada. En su lugar se alzaría la verdadera educación progresista como una parte de la vida lúdica en las etapas de la niñez, la adolescencia y la juventud. El derecho al sufragio debería reducirse al periodo entre los 14 y los 49 años.

Me siento profundamente frustrado por haber sido educado en el plan 1938 de la enseñanza represiva franquista. La cual nos condenó a ser virtuales analfabetos, dependientes del hábito de constantes lecturas, obligados a retener poemas de memoria, a aprender algo de latín y griego.

A continuación