Luis Alberto de Cuenca, un grande

Fray Josepho

El Ministerio de Cultura ha concedido el Premio Nacional de Poesía al colaborador de esta casa Luis Alberto de Cuenca. Entre la barahúnda de corrientes, tendencias, grupos, movimientos y sectas poéticas que han proliferado en la literatura española desde la Generación del 27, hay pocos nombres indiscutibles. Y uno es el suyo. De Cuenca está muy arriba en el escalafón del Parnaso. Es un poeta al que se le entiende todo. Que, encima, tiene un dominio técnico envidiable. Y una voz lírica de la que, sinceramente, siento envidia insana. Cuando alguien me pide el nombre de un poeta contemporáneo al que leer, siempre doy, en primer lugar, el suyo. En fin, que es un poeta enorme. Pero enorme. Y encima tenemos la seguridad de que al recoger el premio no va a despreciar a la nación que se lo otorga.

Vaya en su homenaje esta décima ovillejeada (u ovillejo decimado). Enhorabuena, maestro.

¿Quién no ofende a su país?
Luis.

¿Quién va de acierto en acierto?
Alberto.

¿Y su musa no es mostrenca?
De Cuenca.

A un poeta de excepción
hoy el Ministerio premia
(aunque la Real Academia,
do moran Cebrián y Ansón,
no quiera darle el sillón).
Vate sin barbas ni trenca;
libre de progrez zopenca;
claro, cabal y exquisito.
Pues eso, que felicito
a Luis Alberto de Cuenca.

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