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"Cuando era joven me entretenía pensando: ¿cómo podría matar a la familia real noruega y librarme?"

El escritor de novela negra pasa por Madrid para presentar un nuevo caso de la serie de Harry Hole: El leopardo.

D. Soriano

Jo Nesbo (Oslo, 1959) no tiene pinta de malvado. De hecho, durante la entrevista con Libertad Digital sonríe casi sin interrupción y uno se pregunta por qué habrá decidido su editorial escoger para sus fotos de presentación unas imágenes en las que aparece un hombre muy serio, de mirada inquietante y aire misterioso. Probablemente sea cuestión de marketing. Alguien habrá pensado que no puedes vender un libro sobre un asesino múltiple con un tipo con cara de buen padre de familia en la carátula.

La serie de Harry Hole, que comenzó hace más de 15 años y que ya va por su décimo volumen, ha convertido a Nesbo en uno de los escritores de novela negra más conocidos del momento. No lo tenía fácil. Es tanta la producción del género que llega a las librerías en los últimos años que no resulta sencillo destacar. Si, además, eres un autor nórdico, es aún más difícil conseguir que se te distinga entre las decenas de nombres que han decidido situar sus asesinatos en la fría y, aparentemente, tranquila Escandinavia. Él lo ha conseguido. De entre todos estos escritores pocos alcanzan las cifras de venta de Nesbo.

En España, hasta el momento, Nesbo no se ha convertido en el fenómeno de masas que arrasa en su país de origen o en el Reino Unido. Ahora, con El leopardo, la octava novela de la serie, publicada originalmente en 2009, su intención es hacerse un hueco en la lista de los más vendidos. Para lograrlo cuenta con una historia trepidante, llena de giros inesperados, que atrapa al lector en la primera frase y lo suelta, exhausto, casi 700 páginas después.

Esta semana, Nesbo estuvo en Madrid y nos concedió unos minutos. Podría pasar por un tranquilo turista noruego, de esos que se queman con los primeros rayos de sol y que disfrutan tomando sangría y jugando al golf cerca del Mediterráneo. Nadie diría que en su mente se han fraguado decenas de asesinatos y secuestros y algunos de los más terribles malvados de los últimos años. Aunque tampoco en sus libros las cosas son lo que parecen. Y como él mismo dice: de joven ya se imaginaba cómo podría ser el crimen perfecto. Ya saben lo que dicen: el crimen perfecto es el que nadie sabe que se ha cometido...

- Seguro que le han hecho antes esta pregunta. Pero ¿hay alguna razón para el 'boom' de la novela negra escandinava? Jo Nesbo, Henning Mankell, Stieg Larsson,... ¿Tiene alguna explicación para que hayan surgido tantos autores y tan exitosos en los últimos 20 años?

- Es cierto que me han hecho esta pregunta muchas veces. La respuesta verdadera es que no lo sé. En los 70, había dos escritores suecos [Maj Sjowall y Per Wahloo], a los que se considera los padres de la novela negra en Escandinavia. Lo que hicieron es llevar estas novelas de los quioscos a las librerías. Hablaban de temas políticos, pero sobre todo eran buenos escritores. Quizás ésa es la razón por la que muchos autores de talento escandinavos escogieron este género, cuando podían haber escogido otros. Empezó a ser algo prestigioso escribir novelas de detectives, más que en otros países europeos. Y ahora la mayor parte de los escritores, en algún momento, trata de publicar algún libro de este género.

- Desde el sur de Europa, estos países se ven como un paraíso donde todo funciona bien. Por ejemplo, en su novela, el escenario principal es una cabaña turística que sirve de alojamiento a los montañeros. Allí no hay ningún responsable ni ninguna seguridad. Simplemente, los clientes que llegan deben anotar su nombre y pagar; si no lo hacen, nadie sabrá que se han ido sin abonar lo que les corresponde. Desde España, que exista un sitio así es algo increíble. Nos preguntamos si de verdad pagan aunque no les vigilen y si los gestores se fían sin más de la buena fe del cliente. ¿Cuál es la Noruega real: la de esa cabaña que se basa en la confianza o la del asesino múltiple que protagoniza la historia?

- Creo que ambas. Por ejemplo, tenemos la masacre de la isla de Utoya. Muestra esa paradoja: la sociedad noruega puede ser muy civilizada, pero también puede ser muy salvaje. Por un lado, nos fiamos del otro; pero por otro lado, un asesino de masas como Anders Breivik puede cometer sus horribles actos en Noruega como lo hubiera podido hacer en otras partes del mundo. En esto no somos diferentes a otros países. Todos conocemos las cualidades de nuestra sociedad, pero no son de ningún modo sociedades perfectas.

También es cierto que la inocencia, la ingenuidad y la confianza de esta sociedad es algo que nosotros queremos mantener, es muy preciado para nosotros. Hubo algo muy emocionante en la primera reunión oficial del Partido Laborista tras los atentados de Utoya. Decidieron no tomar ninguna medida de seguridad especial. El nivel de seguridad era el de siempre, casi inexistente.

- Yo diría que hay dos tipos de novela negra. En primer lugar, están aquellas que se centran en el análisis de los personajes y de la sociedad que los rodea. En estas obras, el crimen es casi una excusa. Otro tipo de novela negra es aquella en la que lo importante es el crimen: descubrir al asesino. Se plantean como un pasatiempo y un reto al lector. Me da la sensación de que sus novelas tienen componentes de los dos tipos, ¿es eso lo que busca?

- Sin duda, me atraen las dos cosas. Incluso cuando era estudiante me acuerdo de pensar en tramas y en argumentos. No porque tuviera previsto escribir nada, sino porque me calmaba. Recuerdo cuando trataba de dormir en Bergen, donde siempre está lloviendo, hace mucho ruido y yo tenía mi dormitorio debajo de la azotea. Por eso, me entretenía pensando, ¿cómo podría matar a la familia real y librarme? Luego eso lo utilicé en una novela [Petirrojo]. Siempre me ha atraído el reto intelectual: idear el crimen perfecto.

- Muchas veces, parece que algunos escritores de género negro se contentan con plantear un crimen llamativo al principio y resolverlo de una forma más o menos espectacular al final. Pero en mi opinión, la clave está en el desarrollo, en saber mantener la tensión del lector entre estos dos puntos. Y ése es uno de sus puntos fuertes, ¿cómo lo hace para mantener la tensión durante 700 páginas?

- No tengo ningún secreto, aunque me alegra oírte decir esto. Como escritor, creo que lo que hay que hacer es ser lo más lector posible, ponerse en su lugar. Está muy relacionado con el sentido de la oportunidad, lo que uno siente en su interior. Siempre hay que estar dos segundos antes del lector.

¿Qué es el suspense? Una vez un comediante me dijo que en la comedia todo se centra en el timing, en el sentido de la oportunidad. En su opinión, la clave estaba en darle al público las claves justo un segundo antes de que ellos lleguen a esa misma conclusión. Les vendes algo que no es una sorpresa: es algo que ellos esperan, aunque no sepan que lo están esperando.

Yo creo que pasa lo mismo con el suspense. Hay que darles información que no sea sorprendente dos segundos antes de que ellos mismos lo averigüen. Lo que ellos viven como una sorpresa en realidad no es una sorpresa. El lector primero dice "¿Qué?" y un segundo después piensa "¡Ah! Claro".

- Su libro tiene muchas sorpresas, algunas espectaculares, pero ninguna trampa. ¿Es ésta la clave de una buena novela negra: sorprender al lector sin engañarle?

- Eso es lo que trato de hacer. Quiero ser justo y honesto con el lector, para que tenga la sensación, cuando se presenta la solución final, de que ha tenido una oportunidad de descubrirla por él mismo. Pongo toda la información que se necesita para que el lector pueda averiguarlo: la clave tiene que estar oculta en algún lugar anterior del libro.

- Este libro pertenece a la serie de Harry Hole. Mi primera novela de esta serie fue 'Petirrojo', publicada en el año 2000. Desde ese momento, me da la sensación de que el personaje se está volviendo más cínico, más pesimista, más triste. ¿Es ésta la evolución que usted estaba buscando?

- Creo que es cierto. La serie en su conjunto es una tragedia. Trata de la vida de una persona que poco a poco va físicamente y mentalmente desmoronándose. Cuanto más conoce a Harry, el lector me permite llevarle a lugares más ocultos. A veces hará lo correcto y a veces no, pero el lector me lo permitirá porque el personaje está más consolidado. Eso me permite investigar partes más oscuras de su mente. Estamos dispuestos a perdonar a la gente que queremos y sé que el lector va a perdonar a Harry prácticamente todo. Es como con Michael Corleone en El Padrino: se nos presenta como el protagonista y él mismo no se da cuenta de que se está convirtiendo en un asesino de masas... pero sigue siendo el protagonista y la gente le perdona. Lo mismo ocurre con Harry. Ha cometido muchos de los crímenes que cometen los asesinos que persigue, pero sigue siendo el protagonista, sigue siendo el bueno.

- En este sentido, Harry Hole es un perdedor, como la mayoría de los protagonistas de novela negra. De hecho, aunque en cierto sentido parece que cumple su cometido (porque descubre quién es el asesino), la sensación que queda es que son los malos los que se acaban saliendo con la suya, ¿es así?

- Bueno, es una visión pesimista. Para los asesinos en serie, matar es un anticlimax. Tienen que seguir matando para poder hacerlo todo de forma perfecta. En este sentido, Harry acaba acercándose emocionalmente a la mente del asesino. Al final, sus mentes funcionan de la misma manera.

- Por último, tres recomendaciones para nuestros lectores: el último libro que ha leído, un autor de su país y la novela de la literatura universal que todos deberían leer.

Un autor noruego: Karl Ove Knausgard. Su principal novela es Mi lucha, una autobiografía en seis tomos, que recuerda a Marcel Proust. Es un libro experimental sobre su propia vida en seis volúmenes y lo ha convertido en un best-seller.

Si tuviera que recomendar un libro que tuviera que leer todo el mundo, sería Lolita de Vladimir Nabokov. Me gusta porque es una historia muy buena, que explica muy bien cómo uno se encuentra completamente desamparado cuando está enamorado.

El último libro que he leído es Who I am, de Pete Townshend, una autobiografía muy ambiciosa.

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