Primera Guerra Mundial

El doble filo de la intervención de Rumanía

Emilio Campmany

Conforme el Imperio otomano se fue mostrando incapaz de controlar sus territorios europeos y fueron naciendo y creciendo los pequeños Estados balcánicos, la rivalidad entre Austria-Hungría y Rusia por el control de la zona se fue acrecentando. Aquí estuvo el origen de la Gran Guerra. Austria se creyó con derecho a someter a Serbia y Rusia se consideró en la obligación de impedirlo. La causa inmediata fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo el 28 de junio de 1914. Sin embargo, no debe olvidarse que, con asesinato o sin él, la situación diplomática durante aquel verano era, desde el punto de vista austriaco, insostenible. Así lo demuestra un importante documento del Ministerio de Asuntos Exteriores fechado cuatro días antes del magnicidio. En él, un alto funcionario, Franz Freiherr von Matscheko, defendía la necesidad de que Austria emprendiera un cambio de alianzas en los Balcanes. El tradicional aliado de las dos potencias centrales en la región era Rumanía, asociada a la Triple Alianza por un tratado que fue renovado en 1913. Había salido muy beneficiada de la Segunda Guerra Balcánica tras humillar a Bulgaria. Sofía había sido obligada por el Tratado de Bucarest, que puso fin al conflicto, a ceder territorios a todos sus vecinos, incluida Rumanía. Matscheko sostenía en su memorándum que tras esa guerra estaba en los intereses de Austria aprovecharse de la irritación de Bulgaria y olvidarse de Rumanía, que, como Italia, era poco fiable. Al igual que había una Italia irredenta, también existía una Rumanía irredenta en la Transilvania húngara y la Bukovina austriaca, habitadas ambas por rumanos. Esta circunstancia, decía Matscheko, hacía desaconsejable fiarse de Bucarest y preferible acercarse a Bulgaria, que tan sólo tenía territorios que reclamar a Rumanía, Serbia y Grecia, pero no a Austria-Hungría.

El planteamiento de Matscheko era en principio impecable, pero había un inconveniente. El káiser Guillermo, de cuya protección dependía que Austria-Hungría continuara teniendo la consideración de gran potencia, simpatizaba con Rumanía porque su trono estaba ocupado por un Hohenzollern, el rey Carlos, con quien el káiser mantenía una fluida relación. En cambio, detestaba a los búlgaros y especialmente a su rey, el zar Fernando I, de quien no se fiaba en absoluto. Cuando, tras la muerte de Francisco Fernando, Viena propuso a Berlín el cambio de alianzas, Guillermo II consintió siempre que los rumanos fueran debidamente informados. Creía que, fueran cuales fueran las circunstancias, un Hohenzollern siempre se pondría de su lado. Luego no hubo tiempo para materializar el cambio de alianzas propuesto. Pero de lo acertado que estaba Matscheko y lo equivocado que estaba el káiser da cuenta el que, ya en plena guerra, y sin ningún tratado que honrar, Bulgaria se puso del lado de las potencias centrales y Rumanía acabó siendo aliado de la Entente.

Al principio, no obstante, pareció que Rumanía cumpliría su compromiso con Alemania. Hasta que el 3 de agosto tuvo lugar un turbulento Consejo de Ministros. El rey Carlos trató de convencer a su Gobierno de la necesidad de ser fiel a lo pactado. Sin embargo, el primer ministro, Ion Bratianu, se mostró inflexible y exigió mantenerse neutral, de conformidad con el interés general de la nación tal y como él lo interpretaba. Cuando llegó la noticia de que Italia había hecho precisamente eso a pesar de ser miembro de la Triple Alianza, el rey no pudo sostener su posición y Rumanía se declaró asimismo neutral.

Durante los meses siguientes, Rumanía se estuvo debatiendo entre la neutralidad y la intervención. Por un lado, había que considerar quién podía ofrecer más. En este sentido, Rumanía aspiraba, no sólo a la Transilvania húngara y a la Bukovina austriaca, también a la Besarabia rusa, habitada igualmente por rumanos. Por lo tanto, ambos bandos podían ofrecer atractivas recompensas. La otra cuestión era saber quién iba a ganar. De nada serviría entrar del lado de quien más podía ofrecer si luego iba a ser el perdedor. Y, a partir de Tannenberg y Gorlice-Tarnów, todo apuntó a que Alemania y Austria-Hungría vencerían a Rusia sin que Francia y Gran Bretaña pudieran hacer nada por impedirlo. No obstante, las ofertas más atractivas provinieron desde la Entente. Rusia llegó a ofrecer Bukovina y Transilvania tan sólo a cambio de seguir siendo neutral, sin tener que disparar un tiro. Francia y Gran Bretaña fueron más exigentes y se mostraron dispuestas a dar cuanto Bucarest reclamara, pero siempre que interviniera en el conflicto. A Zeman, historiador británico de origen checo, le sorprende que los rusos ofrecieran tanto por tan poco y, sin embargo, ésa fue la oferta inteligente. Los rumanos tenían un ejército relativamente numeroso, pero muy mal equipado y peor mandado. Su intervención añadiría poco al ejército del zar, a la defensiva, y, a cambio, incrementaría el territorio que proteger para unos rusos con muchos problemas para abarcar la enorme extensión del frente que debían defender.

En cambio, para Gran Bretaña y Francia la neutralidad rumana carecía de las ventajas que en cambio tendría su intervención si se unía a las ofensivas que coordinadamente los aliados habían pactado llevar a cabo durante la primavera y el verano de 1916. Un ataque de Rumanía podría unirse al ruso, al que desde Salónica se planeaba hacer, al italiano y al que tendría lugar en el Somme, obligando a los alemanes a atender a varios frentes a la vez. Era pues interesante desde el punto de vista franco-británico que la ofensiva rumana se añadiera a las planeadas.

El caso es que, desde que Bulgaria entrara en guerra, en octubre de 1915, Rumanía estuvo rodeada de beligerantes y, por lo tanto, cada vez más impulsada a intervenir. Además, el rey Carlos, el único que podía haber contenido las ambiciones territoriales de Bratianu, había fallecido en octubre de 1914. El acontecimiento que acabó por ser decisivo fue el apabullante éxito, aunque se demostrara luego fugaz, de la ofensiva Brusilov en junio de 1916, la primera de las acciones coordinadas consecuencia de lo acordado en Chantilly el diciembre anterior. Así que Rumanía entró en guerra en agosto de 1916. El nuevo aliado, en vez de actuar conforme a los intereses de la alianza, que hubieran aconsejado atacar a Bulgaria, prefirió atender a los suyos propios e invadió Transilvania. Los búlgaros se las apañaron para rechazar en el sur la débil ofensiva que los aliados montaron con los restos del ejército serbio y tropas franco-británicas desde Salónica. Luego se volvieron al norte para atacar a Rumanía junto con austriacos y alemanes. El débil ejército rumano apenas ofreció resistencia y los rusos se mostraron incapaces de prestarle ayuda. A finales de septiembre el país estaba ocupado por las potencias centrales explotando su petróleo y su trigo, los rusos tenían que hacerse cargo de un frente más amplio del que tenían antes de entrar Rumanía en guerra y se veían obligados a sostener en su propio territorio lo que quedó del ejército rumano. Un fracaso en toda regla, al menos desde el punto de vista ruso.

Puede por tanto concluirse que, aunque no fuera decisiva en ningún sentido, la intervención de Rumanía en la Primera Guerra Mundial tan sólo sirvió para acelerar la derrota de Rusia a manos alemanas. La ironía es que, a pesar de lo nefasto de su ayuda, al final de la guerra Bucarest se sentó en la mesa de negociación a cobrar el rédito de su débil intervención mientras que San Petersburgo, debido a la revolución y no obstante haber estado desde el principio en el bando de quienes ganaron la guerra, tuvo que sufrir las consecuencias de una derrota motivada, entre otras cosas, por la intervención rumana.


LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: Los orígenes - Los bloques - El Plan Schlieffen - El asesinato de Francisco Fernando - La crisis de julio de 1914 - La neutralidad de España en 1914 - De Lieja al Marne - El Este en 1914 - Turquía entra en guerra - Alemania vuelve la mirada al Este - La guerra se extiende a Extremo Oriente - Galípoli - El sagrado egoísmo de Italia - La inicial derrota de Serbia - Verdún - Jutlandia - La ofensiva Brusilov - El Somme.

Pinche aquí para adquirir un ejemplar de la obra de Emilio Campmany Verano del 14. (Disponible también en inglés).

A continuación