Arqueología de palabras olvidadas

Amando de Miguel

Un idioma es un ser vivo que se nutre de neologismos, que irrumpen para designar nuevas realidades, al tiempo que se va desprendiendo de los arcaísmos que ya no sirven. El problema reside en que muchos neologismos son inútiles, se introducen solo por figurar, mientras que otros tantos arcaísmos se desvanecen por ignorancia. Conviene establecer un criterio racional para que ese trasiego se realice con la mayor utilidad posible. Algunos arcaísmos merecen ser reanimados, aunque sea practicando el boca a boca.

La recuperación de viejas palabras puede equivaler al descubrimiento de pequeños tesoros ocultos. En el campo lingüístico son abundantes y no se necesita más que un instrumento sencillo: la curiosidad. Si restauramos con cuidado objetos y muebles antiguos no se entiende por qué no vamos a hacer lo mismo con algunas palabras o giros que utilizaban nuestros mayores. En esta seccioncilla he dedicado mucho espacio y tiempo a la labor de demolición de algunos neologismos del politiqués. Me voy a concentrar ahora en una labor complementaria y constructiva: recobrar algunas voces del pasado.

No se trata del mero gusto por lo antiguo, sino de las voces lamentablemente perdidas que pueden ser de utilidad. No voy a pretender que los libertarios jóvenes se familiaricen con la palabra mancera (= el mango del arado), para mí muy noble pero perfectamente prescindible. Ya nadie ara a mano. Otras veces serán palabras en desuso, pero que algunos las seguimos utilizando, más aún nuestros hermanos al otro lado del charco. Creo que solo Federico Jiménez Losantos y yo recurrimos en España al hermoso vocablo dizque, concentración de la expresión dicen que, pero con un aire irónico. Tengo leído que mis colegas mexicanos recurren a tal arcaísmo con toda naturalidad.

A la tríada famosa de "limpia, fija y da esplendor" de los académicos, habría que añadir otras varias operaciones con el prefijo re-: recuperar, rehabilitar, reconstruir, restaurar, remodelar, refinar. Incluso la admisión de algunos neologismos debería pasar por tales operaciones reconstituyentes. Solo así se puede justificar el título de esta seccioncilla: "La lengua viva".

Solicito un esfuerzo adicional a los libertarios curiosos y pertinentes para que me envíen propuestas de palabras olvidadas, arrumbadas en la memoria colectiva o reducidas a un círculo familiar o local. La condición es que sean expresivas y válidas para el tráfico actual. Serán recibidas con alegría y tratadas con mimo en esta Academia real española.

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