1914-2014 Centenario de la Gran Guerra

De Lieja al Marne

Emilio Campmany

En 1914, donde primero tronaron los cañones fue en el frente occidental. A pesar de que Moltke el Viejo escribió que no hay plan que sobreviva al primer contacto con el enemigo, alemanes y franceses trataron en las primeras semanas de atenerse a los suyos. El de los alemanes, diseñado por Schlieffen y retocado por Moltke el Joven, consistía en invadir Bélgica y Luxemburgo, caer desde el norte sobre París y envolver al ejército francés, desplegado entre la capital y Verdún, en una enorme bolsa. El francés, llamado Plan XVII, era más sencillo. Consistía en montar una vigorosa ofensiva en el lugar que eligiera el jefe del Estado Mayor, según las circunstancias. El general Joffre decidió llevarla a cabo en Alsacia y Lorena, las provincias perdidas durante la Guerra Franco-prusiana.

Habiendo renunciado Moltke a invadir Holanda por razones políticas, el ejército alemán estaba obligado a pasar por un estrecho pasillo donde se encontraría con la poderosa fortaleza de Lieja, un conjunto de modernos fuertes, construidos a finales del siglo XIX, capaces de resistir los impactos de los obuses más poderosos de su época. Sin embargo, en los años inmediatamente anteriores al estallido del conflicto la casa alemana Krupp había diseñado un cañón enorme, el gran Berta, que tenía el inconveniente de tener que ser transportado por ferrocarril. Skoda ideó unos cañones no tan grandes pero que podían ser transportados por carretera. Con esa poderosa artillería, los alemanes lograron que Lieja se rindiera el 16 de agosto, y unos días más tarde también lo hizo Namur, otra moderna fortaleza. El resto del ejército belga se refugió en Amberes con su rey. Los alemanes se olvidaron de ellos por el momento y cayeron desde el norte sobre Francia. La rendición de Lieja y Namur supuso el reconocimiento de que en 1914 ya no tenía sentido tratar de sostener un frente unido por una cadena de fortalezas tal y como se llevaba intentando desde hacía trescientos años. No había ya muro capaz de resistir el asalto de la moderna artillería.

Mientras, los franceses atacaron con todas sus fuerzas en Alsacia-Lorena. Allí Moltke había situado más fuerzas de las que su plan había en principio previsto a costa de debilitar su brazo derecho, el que tenía la misión de invadir Francia desde Bélgica y llegar en seis semanas a París. Al principio, los franceses encontraron escasa resistencia, pero luego los alemanes fueron capaces de frenarlos, rechazarlos y obligarlos a fijar el frente nuevamente en territorio galo. Sin embargo, Joffre no renunció a su gran ofensiva. Viendo que los alemanes penetraban por Bélgica y eran capaces de resistir y rechazarlos en Alsacia y Lorena, creyó que no encontraría resistencia en las Ardenas y, penetrando por el bosque, podría abrir una brecha entre el norte y el centro alemanes. Allí atacó y volvió a fracasar, siendo nuevamente rechazado. Ambas ofensivas fueron lo que se llamó la Guerra de las Fronteras. Durante la misma, los franceses se dieron cuenta de que, con ametralladoras y cañones, en la guerra moderna era mucho más fácil defender que atacar y que, por tanto, para tener éxito, una ofensiva debía contar con una abrumadora superioridad de medios y hombres.

A partir de ese momento, a pesar de algún esporádico éxito de la fuerza expedicionaria británica, enviada a ayudar a los franceses, éstos se mostraron incapaces de detener el avance alemán. Fue necesario incluso que algunos reservistas apresuradamente equipados en París acudieran al frente en taxis, al carecer de transportes militares suficientes. Aquello fue llamado la Gran Retirada. Parecía que Francia caería efectivamente a las seis semanas de iniciado el conflicto, tal y como había planeado Schlieffen.

Sin embargo, ocurrió el milagro. Un milagro que tiene explicación en los pecados originales del plan alemán, la falta de confianza con la que Moltke lo ejecutó y la sangre fría de Joffre.

El pecado original del Plan Schlieffen estriba en que no se previó que un avance tan rápido del extremo derecho del ejército alemán plantearía enseguida problemas para establecer líneas de suministro fluidas, debido a las grandes distancias recorridas en tan poco tiempo. Estando ya cerca de París, resuelto el problema de alimentar a los soldados con lo que se requisaba sobre el terreno, empezó a escasear la munición. Una de las causas del imparable avance alemán fue la de disponer de una artillería muy superior a la francesa. La falta de obuses con qué cargarla anuló esa ventaja. La escasez de suministros afectó también a los caballos, que, carentes de forraje suficiente, morían a miles, sembrando las carretas francesas de animales muertos. La tensión en las líneas de aprovisionamiento frenó lógicamente el avance.

La falta de confianza de Moltke en el plan se demostró no sólo cuando decidió detraer tropas del brazo derecho para fortalecer el centro que tendría que rechazar a los franceses en Alsacia y Lorena, también cuando sustrajo dos cuerpos de ejército de ese mismo brazo para enviarlos a combatir a los rusos en el este sin esperar, como el plan indicaba, a derrotar a los franceses ni a que transcurrieran las seis semanas previstas. Debilitado el extremo derecho alemán, los dos ejércitos encargados de avanzar desde ese extremo cubriendo un amplio frente estuvieron en varias ocasiones en peligro de perder contacto el uno con el otro, dando al enemigo la oportunidad de abrir una brecha entre ellos. Para evitarlo fue necesario renunciar a envolver París desde el oeste y descender por un camino más próximo a la frontera, dejando la capital a la derecha del ejército alemán y exponiendo éste así su flanco.

Con todo, la maniobra podría haber tenido éxito si, como había planeado Schlieffen, Moltke hubiera permitido que los franceses ocuparan Alsacia y Lorena para luego envolverles desde el oeste. Como los rechazó y devolvió a su territorio, ya no fue tan fácil rodearlos y les facilitó que pudieran reorganizarse en el Marne.

El tercer elemento para explicar el milagro que salvó a Francia fue la sangre fría de Joffre, un tipo de mal carácter que destituía un general tras otro sin despeinarse y que no permitía ser interrumpido mientras almorzaba bajo ninguna circunstancia. Con su energía y frialdad, se deshizo por fin de su obsesión por la ofensiva, organizó con unidades extraídas de otros lugares y reservistas un sexto ejército del que no disponía al principio de la contienda y, con la inestimable ayuda de los ingleses, con los que las relaciones habían sido hasta ese momento difíciles, ordenó a sus tropas que se dieran la vuelta, frenó su retirada y fijó el frente en el Marne.

Detenido el avance alemán, comenzó lo que se llamó la Carrera al Mar, en la que los dos ejércitos trataron de superarse el uno al otro por el flanco, que era el derecho alemán y el izquierdo francés, sin que ninguno acabara de conseguir su propósito, hasta que el mar detuvo sus esfuerzos. Al final de esa carrera los franceses habían recuperado dos quintos del territorio ocupado por los alemanes y el frente quedó fijado en una línea que permanecerá poco más o menos inmóvil el resto de la guerra, y que iba desde Ostende hasta Mulhouse. Será a partir de entonces cuando comiencen los enfrentamientos que han sido icono de la Primera Guerra Mundial, los inútiles asaltos de infantería sobre posiciones de ejércitos atrincherados, defendidas con ametralladoras, que arrojabana el resultado de miles de soldados muertos o heridos en tierra de nadie, sostenidos en inverosímiles posturas por sus guerreras prendidas en los alambres de espino.


LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: Los orígenes - Los bloques - El Plan Schlieffen - El asesinato de Francisco Fernando - La crisis de julio de 1914 - La neutralidad de España en 1914.

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