Por qué ha desaparecido la gripe y por qué no es tan buena noticia como parece

Este año España se ha librado de la epidemia de gripe. ¿Qué explicación hay a este fenómeno y qué podría pasar el año que viene?

Mercedes R. Martín

El año pasado la gripe provocó 3.900 muertes mientras que 27.700 personas necesitaron ser hospitalizadas, 1.800 en la UCI. Este año, sin embargo, la enfermedad parece haberse esfumado: el Sistema de Vigilancia de Gripe en España apenas ha secuenciado un puñado de casos desde el comienzo de la temporada. Un ejemplo de lo que está ocurriendo son las cifras de Madrid: sólo se han notificado 139 enfermos de gripe en lo que va de año frente a los 51.551 del año pasado.

La ausencia de gripe y de otros virus respiratorios, como el VRS responsable de la mayoría de bronquiolitis infantiles, tiene asombrados a los médicos. Frente a los temores que hicieron adelantar la campaña de vacunación de la gripe ante la posibilidad de coinfecciones y complicaciones por el coronavirus, la enfermedad con la que tantos compararon a la covid 19 ha desaparecido siguiendo la tendencia de lo ocurrido en el hemisferio sur, donde este invierno también se registraron unas cifras ínfimas. En España, el 70% de las temporadas el pico de la gripe se alcanza entre la segunda semana de enero y la segunda de febrero. Sin embargo, el virus no apareció en otoño y sigue sin aparecer ahora. ¿Por qué?

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Mascarillas y aeropuertos cerrados

Una posible explicación sería que la campaña de vacunación ha sido especialmente eficaz y que el llamamiento a vacunarse ha funcionado. El Instituto Carlos III señala cómo este año se están consiguiendo "coberturas de vacunación antigripal mucho más altas" y "es de esperar que esto influya en el impacto de la gripe en la población". El profesor de Microbiología y consejero científico del Centro Nacional de Gripe, Raúl Ortiz de Lejarazu, señala a LD cómo el año pasado se vacunó el 18 por ciento aproximadamente de la población española "y este año quizás se sobrepase el 25%", lo que supone "casi un 40% de incremento" en las vacunaciones. Sin embargo, para el especialista este factor "no es suficiente para evitar la onda epidémica estacional" de gripe.

La razón principal que aparece en todos los análisis del fenómeno es la extraordinaria eficacia que están pareciendo tener las medidas de protección individual implantadas en todo el mundo para combatir el coronavirus: mascarillas, lavado de manos, etc. Ortiz de Lejarazu destaca también el impacto del distanciamiento social, con la desaparición de los "eventos de masas", los cierres temporales de escuelas y universidades, el teletrabajo y las restricciones, y la desaparición de los viajes: la gripe, explica, es un virus estacional que "viaja de un hemisferio a otro pasando siempre por Asia" y "este invierno y desde el otoño ha habido grandes restricciones al movimiento internacional".

La gripe sí es muy distinta del coronavirus

¿Por qué entonces todas las medidas sí funcionan contra la gripe pero no arrinconan al coronavirus? Una de las razones es, que pese a lo que se dijera en un principio, el SARS CoV 2 tiene importantes diferencias respecto a los virus de la gripe. Uno de ellos, señala Lejarazu, es que el R0 (número reproductivo básico que marca el número de contagios que produce cada paciente) es de 1,1 o 1,2 en el caso de los virus de la gripe estacional (A/H3, A/H1 y B). El nuevo coronavirus, mientras, es mucho más contagioso, "más del doble que la gripe". Su R0 es de 2,5 y 3.

Otra diferencia relacionada con esto es el periodo de incubación: en el caso de la gripe es de uno a cuatro días; con el coronavirus, en cambio, se puede prolongar dos semanas. Como explicaba la inmunóloga del CSIC Matilde Cañelles a LD, eso implica que un infectado de covid pueda infectar durante un periodo de tiempo más largo, a lo que se suma el hecho de que existen personas asintomáticas o con síntomas muy leves que continúan haciendo vida normal y que pueden seguir propagando la enfermedad.

La "luna de miel" con el hombre

En la eficacia de las medidas de prevención con la gripe y no con el coronavirus también pesa la absoluta ausencia de inmunidad que tiene el hombre respecto a un virus que es totalmente nuevo. Según explica Lejarazu, "las personas tienen cierta experiencia por infecciones anteriores frente a los virus de la gripe aunque cambien, pero no hay ninguna o muy poca frente al SARS CoV 2". "Esta es una infección completamente nueva para el hombre y el virus vive una auténtica luna de miel infecciosa con los humanos", explica el doctor.

Supercontagiadores

También parece haber diferencias en la forma en que ambos patógenos se propagan. En el coronavirus, tienen un peso mayor los denominados supercontagiadores: personas que por motivos que se desconocen tienen una gran capacidad para transmitir la enfermedad aunque apenas presenten síntomas y pueden infectar a decenas en ambientes propicios (mal ventilados, masificados…). Como explicó a LD el catedrático de la Universidad de Navarra Ignacio López Goñi, es probable que la vía de los superpropagadores sea "más común" en el caso del coronavirus y que esta diferencia sea clave en que una enfermedad haya desaparecido y la otra siga expandiéndose.

Interferencia viral

Otra posible explicación sugerida por estudios recientes es la de la interferencia viral: que la pandemia de covid 19 presente "una interferencia con otras infecciones víricas epidémicas importantes" como la gripe o el VRS, señala Lejarazu. El investigador José Jiménez, del departamento de Enfermedades Infecciosas del King’s College de Londres, destaca en LD que "hay estudios que indican" que las infecciones de gripe y coronavirus "podrían ser excluyentes". El fenómeno de interferencia viral, explica, consiste en que "cuando una célula es infectada por un virus puede volverse resistente a la infección por otros patógenos" al producirse un fenómeno conocido como "estado antiviral". Se trata de algo que "no ocurre con todos los virus" y de efecto "muy temporal". Es una hipótesis, apunta, que aún "hay que estudiar en profundidad".

¿Buena o mala noticia?

La desaparición de la gripe (aunque los epidemiólogos piden no lanzar las campanas al vuelo porque aún podría tratarse de un retraso) ha supuesto un fenómeno extraordinario en medio de la pandemia: se habrían esquivado problemas como una saturación aún mayor de los hospitales o la existencia de coinfecciones que agravaran la enfermedad. Pero aunque en principio se trate de una buena noticia dentro de la catástrofe que está suponiendo el coronavirus, podría en realidad no serlo tanto.

Que no haya gripe este año, según advierte en LD Iván Sanz, responsable científico y de Vigilancia Virológica del Centro Nacional de Gripe de Valladolid, implica que la vacuna contra la gripe "no se va a poder actualizar tan bien como todos los años". Las vacunas de la gripe, explica, se elaboran tras una "vigilancia muy programada durante todo el invierno" y las de la temporada siguiente se hacen estimando las cepas que más han circulado en esta. El año que viene, avisa, "nos enfrentaremos" a la gripe "con una vacuna que probablemente tenga que llevar las mismas cepas que llevaban las vacunas de este año", algo que "no tiene por qué ser malo" pero que puede implicar una menor efectividad "si el virus evoluciona un poco más de lo que suele hacer". Como recuerda Sanz, el virus de la gripe muta "mucho más que el SARS Cov 2", motivo por el cual hay que actualizar las vacunas anualmente.

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Vacunarse de la gripe será aún más importante que este año | EFE

Por otro lado, según Sanz, también puede ocurrir que la epidemia del año que viene sea "más grave, más duradera" y que "empiece antes", como se ha estudiado que ha ocurrido en otros momentos con temporadas más leves de gripe. El motivo, el descenso en el porcentaje de población inmunizada: "Cuando hay una epidemia normal, se infecta un porcentaje de población que varía entre temporadas. Esa población obtiene una protección natural de forma que al año siguiente hay gente naturalmente resistente. Pero si este año un gran porcentaje de la población no se va a infectar, la bolsa de individuos susceptibles de infectarse va a ser más grande y los virus de la gripe, por decirlo así, van a tener más comida de la que alimentarse". La inmunidad, continúa Sanz, "se diluye si no nos exponemos al virus". "El cuerpo mantiene cierta memoria inmunológica" pero en enfermedades con virus que varían, que cambian, como los de la gripe, "se pierde más fácilmente". "Es muy probable que el año que viene la gripe haga más de las suyas. Quizás no se pueda decir que la epidemia vaya a ser más grave, pero sí más abultada", destaca.

El virólogo José Jiménez coincide en esta hipótesis: "La respuesta que nuestro cuerpo genera cuando nos infectamos por el virus de la gripe depende mucho de la inmunidad previa que tengamos, ya sea por una infección anterior o por las vacunas. Por lo tanto, si este año hemos tenido tan pocos casos de gripe y sabemos que la inmunidad no dura mucho tiempo, es posible que el año que viene la temporada sea peor que en años anteriores".

Vacunarse será aún más importante

"A medida que el virus va evolucionando, los anticuerpos que tenemos disminuyen y dejan de ser tan específicos, se alejan del virus. Y cuando eso pasa, puede que vuelvas a coger una gripe", añade Sanz. "Si aumentamos la cantidad de gente que es susceptible" al virus de la gripe, "la epidemia va a ser mayor: si bajamos la inmunidad de grupo, es más fácil que el virus infecte a un porcentaje mayor de población".

Sanz subraya como nota positiva que este año "la vacunación ha sido masiva", con lo que quizás se pueda "suplir" de algún modo esa falta de circulación del virus. "Lo que tenemos que sacar como conclusión importante" es que hay que mantener esa tasa de vacunación de la gripe, apunta el doctor, que avisa de que el año que viene vacunarse será aún más importante que este aunque quizás la vacuna no sea tan eficaz como en otras ocasiones: "Aunque tengamos una vacuna subóptima, eso es mejor que nada" y servirá para incrementar los anticuerpos, algo que puede "marcar la diferencia" a la hora de proteger al de al lado o evitar una enfermedad grave.

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¿Mascarillas para siempre?

En este contexto, cabe preguntarse si en el futuro, cuando lo peor de la pandemia de coronavirus haya pasado, algunas medidas de prevención se mantendrán. El doctor Lejarazu señala que es "difícil aventurarlo: los humanos nos olvidamos rápidamente de lo malo", aunque ve posible que algunas personas mantengan la precaución de llevar mascarilla "cuando estén acatarradas o con gripe". Cree improbable que se puedan implementar "todas las medidas y restricciones para mitigar la gripe estacional". Pero sí aventura que si nos enfrentáramos a una pandemia de gripe "de la gravedad de la covid 19", como la de 1958 de gripe asiática, "no dudaríamos en aplicarlas" desde el primer momento.

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