Tres jubilados y medios precarios: la realidad de las vacunas españolas contra el coronavirus

Los científicos que lideran los tres proyectos más prometedores explican sus ventajas a LD, pero denuncian sus pésimas condiciones laborales.

Sandra León

Las últimas noticias sobre la investigación contra el covid-19 abren la puerta a la esperanza. Tanto Pfizer como Moderna han confirmado ya que sus respectivas vacunas tienen una eficacia del 95% y eso, unido al hecho de que ya hay otros 9 proyectos en la fase 3 de los ensayos clínicos, hace más que probable que a lo largo de 2021 pueda haber varias vacunas en el mercado. La pregunta que muchos se hacen, sin embargo, es si entre ellas podremos contar con alguna española. En estos momentos, nuestro país cuenta con una docena de proyectos en marcha, pero todos ellos se encuentran en la llamada fase preclínica, es decir, en ensayos con animales.

La buena noticia es que las vacunas españolas prometen ser más estables y accesibles, ya que ninguna necesitará conservarse a 80 grados bajo cero, pero… ¿Por qué vamos tan despacio en comparación con otros países? Las razones que esgrimen los investigadores son diversas, pero hay una en la que todos coinciden y es la precariedad de la ciencia española. Falta financiación, falta personal, falta infraestructura y de los salarios ni hablamos.

Todo es matizable, pero hay un hecho que da buena cuenta del gran problema al que nos enfrentamos como país y que se resume en un titular cuanto menos sorprendente: los tres investigadores españoles que lideran las vacunas más prometedoras en España son jubilados. El relevo generacional está en peligro y no lo está porque falte talento, sino porque esa precariedad hace que los científicos con más potencial hagan las maletas para buscar en el extranjero la estabilidad y la promoción que aquí no encuentran.

Una vacuna "muy potente" con pocos medios

Entre los proyectos más sólidos dentro de esta carrera para acabar con el covid-19, destaca el que Luis Enjuanes lidera en el Centro Nacional de Biotecnología, ya que este investigador lleva 35 años trabajando con otros coronavirus. Esta vacuna, derivada del propio virus, va más lenta que la de Pfizer y Moderna porque, tal y como él mismo asegura a Libertad Digital, "es un poquito más compleja que la que han hecho estas dos compañías". Si todo va bien, eso sí, la espera tendrá su recompensa, ya que Enjuanes está convencido de que la suya será "una vacuna muy potente", que "posiblemente" tendrá una eficacia superior al 95% e "inducirá inmunidad de más larga duración".

En cualquier caso, este investigador ad honorem -la distinción que se otorga en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a aquellos que, a pesar de estar jubilados, continúan su labor investigadora- reconoce que la falta de medios no ayuda en absoluto: "Estas compañías tienen un número elevadísimo de empleados. Nosotros somos 14 en el laboratorio". Y lo peor no es la reducida plantilla con la que cuentan, sino su delicada situación laboral, ya que, incluyéndole a él, "sólo cuatro tienen plaza fija". El resto son temporales que dependen de los fondos que van consiguiendo para cada proyecto. En este sentido, Enjuanes recuerda que la inversión española en Ciencia "ha descendido un 35%" y que "hay gente que lo está pasando muy mal". Aún así, su equipo no es el que se enfrenta a la peor situación.

Investigadores con contratos temporales

Mariano Esteban, que también trabaja en el Centro Nacional de Biotecnología como ad honorem, está desarrollando una vacuna basada en una versión muy atenuada de la que se utilizó en el programa de erradicación de la viruela, sin contar con ni un solo investigador fijo en su plantilla. Todo son temporales, incluso su número dos. De momento, este jubilado sigue al pie del cañón, pero lamenta que la falta de financiación y la precariedad de los contratos de nuestros científicos acaben frustrando el relevo generacional.

"La media en el CSIC es de 53 años y eso no puede ser -lamenta en conversación con Libertad Digital-. Necesitamos esa savia que pueda ir alimentando el sistema". Desde su punto de vista, está bien que los más jóvenes quieran trabajar en el extranjero, porque eso contribuye a mejorar su formación, pero insiste en que "hay que recuperarlos".

"Nepotismo" y sueldos bajos

Entre las vacunas españolas más prometedoras se cuela también la liderada por otro "jubilado reenganchado", como él mismo se denomina: el profesor Vicente Larraga, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas. A pesar de sus 72 años, este científico trabaja de sol a sol para conseguir sacar adelante su proyecto, basado en un ADN recombinante. Apenas descansa y, tanto es así, que declina amablemente nuestra petición de entrevista y nos deriva a su número dos, Pedro José Alcolea.

Con dos carreras a sus espaldas (Química y Biología), un doctorado, 27 publicaciones y 4 tesis doctorales como codirector, Alcolea se ha tenido que conformar con una plaza de técnico, porque el acceso a plazas de categoría superior "es casi imposible y hay mucho nepotismo". La opción era esa o no saber si mañana habría dinero para mantener su contrato: "Cobro muchísimo menos de lo que me correspondería, pero por lo menos tengo estabilidad".

El mundo de la ciencia en España se mueve a base de proyectos. Cuando uno se termina, no hay dinero para mantener los contratos, así que todo aquel que no tenga una plaza fija, se va a la calle. De ahí su decisión. De hecho, el de su laboratorio es el ejemplo más gráfico. Al profesor Larraga le ampliaron su permiso para seguir trabajando como ad honorem gracias a la vacuna. "Si no, en febrero hubiéramos cerrado el laboratorio y a mí me recolocarían en otra parte -lamenta Acolea-. Es una pena, la verdad es que a uno se le cae el alma a los pies".

¿Ha cambiado algo con el Gobierno socialista?

Ante este panorama, los tres investigadores con los que ha podido hablar Libertad Digital esperan que el Gobierno de Pedro Sánchez tome cartas en el asunto y cumpla su promesa de aumentar la inversión en ciencia. El PSOE presentó el nombramiento de Pedro Duque como ministro como una auténtica declaración de intenciones en este sentido, pero Alcolea asegura que siguen sin notar "ninguna diferencia" respecto a etapas anteriores.

Precisamente por eso, piden al Gobierno que aprenda la lección que nos ha enseñado el coronavirus al demostrarnos la gran importancia que tiene la investigación en nuestras vidas: "Es una oportunidad para reinventarnos como país y que el sector industrial se fortalezca".

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