Cómo saber si un adolescente tiene una adicción tecnológica: "Siempre creen que controlan"

Según un estudio de Unicef España, un 20% de los adolescentes podría estar enganchado a los videojuegos y un 33% a Internet o las redes sociales.

Yésica Sánchez

Las llamadas adicciones tecnológicas, también conocidas como ciberadicciones, están en auge. El concepto engloba a las dependencias relacionadas con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (dispositivos y videojuegos, redes sociales e Internet). Entre las más habituales se encuentra la nomofobia, el miedo irracional a estar sin teléfono móvil. La pregunta es: ¿Dónde está el límite? Es decir, cuándo un mal uso (excesivo/desproporcionado) pasa a ser una adicción, y -por ende- una enfermedad.

Según el informe 'Impacto de la Tecnología en la Adolescencia. Relaciones, Riesgos y Oportunidades', presentado el pasado 16 de noviembre por UNICEF España, uno de cada tres adolescentes de nuestro país hace un uso "problemático" de Internet y las redes sociales, y uno de cada cinco podría estar "enganchado a los videojuegos". Y es que un 31,6% reconoce que invierte más de 5 horas diarias navegando en Internet o haciendo uso de las redes sociales, porcentaje que aumenta hasta el 49,6% durante el fin de semana. En lo que se refiere a los videojuegos, la mayoría dedica entre 7 y 8 horas a la semana, pero un 4,4% supera las 30 horas semanales.

A la vista de los datos que se desprenden de este y otros estudios, es importante tener las herramientas necesarias para detectar en qué momento hay un problema, especialmente cuando hablamos de adolescentes, el grupo poblacional más vulnerable a este tipo de adicciones. En LD, hemos hablado con la psicóloga sanitaria Cristina Pérez Vives, del Servicio de Atención en Adicciones Tecnológicas (S.A.A.T.) de la Comunidad de Madrid.

¿Cuándo hay un problema?

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Jóvenes jugando a Pokemon Go sin levantar la vista del móvil.

A grandes rasgos, la experta explica que podemos entender que hay un problema cuando un mal uso de las tecnologías de la información y la comunicación "causa un impacto en diferentes áreas de su vida".

En el caso de la población adolescente, público al que se dirige la actividad del S.A.A.T, podemos estar hablando -por ejemplo- de "un rendimiento académico disminuido, que incluso puede llegar al absentismo" o que se produzcan "alteraciones en actividades básicas, de hábitos saludables" (higiene, rutinas de alimentación, ejercicio o patrones de sueño).

Es común que entren en una fase de "aislamiento, en la que dejan relacionarse con sus iguales" o que disminuya su interés por actividades "que antes les eran placenteras y dejan de serlo".

¿Qué pasa si no se trata?

Una adicción relacionada con las tecnologías de la información y la comunicación que no se trata puede llegar a tener consecuencias fatales. Se pueden producir "situaciones de violencia en el entorno familiar" e incluso "autolesiones, deseos de muerte o intentos de suicidio".

No obstante, la experta subraya que cada caso es distinto y "siempre hay matices". Por lo general, hay "muchos factores" que "confluyen para que se den esas situaciones". "No se puede decir que el uso de las tecnologías sea la única causa", insiste.

En ocasiones, lo que hace es "exacerbar un conflicto no resuelto o traumas previos", ahonda en las "heridas emocionales" que han provocado situaciones de "abuso, acoso o violencia intrafamiliar" que son "factores de riesgo".

¿Cómo diferenciar mal uso y enfermedad?

"No es fácil", reconoce la psicóloga. Entre otras cosas, porque "un porcentaje muy elevado de la población" hace un uso excesivo. "Utilizamos la tecnología constantemente", explica, "para trabajar, pero también para informarnos y en nuestro tiempo libre". Ese es el ejemplo que damos a los jóvenes.

Pero ellos "no pueden pasar tantas horas", advierte la doctora Pérez. "Tiene unas consecuencias negativas, en su salud física y emocional". Y, sin embargo, promovemos que las usen incluso en sus labores escolares. "Ahí ya hay un abuso, aunque solo sea por el número de horas que dedican" a estar delante de la pantalla.

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Una niña haciendo los deberes en su casa (Algeciras).

La línea que separa el mal uso (por excesivo) de la adicción es muy fina. Para los profesionales, el quid de la cuestión está en la conducta de dependencia. Para detectarla, miran "una serie ítems o de características" que pueden indicar que se tiene o se está muy cerca de tener la enfermedad. Se resumen en tres puntos:

  • Existe una pérdida de control del tiempo de uso (muy excesivo)
  • Crece la necesidad de usar una determinada tecnología, a la que cada vez se le dedica más tiempo en detrimento de otras de actividades.
  • Ansiedad cuando no tiene acceso a las tecnologías, o se produce la retirada de las mismas.

La tercera de las situaciones suele ser conflictiva. De hecho, "cuando los progenitores tratan de poner unos límites", impidiendo o reduciendo el uso de las tecnologías, es precisamente el momento en que se pueden producir situaciones de violencia. Esto pasa, entre otras cosas, "porque el cerebro adolescente todavía no tiene la parte de autocontrol desarrollada". Es fruto de la combinación de "la frustración" (generada por la decisión de los cuidadores) y "la falta de control y de regulación emocional".

Y habría un cuarto punto (item) que es clave para diagnosticar una dependencia: el aislamiento. En un primer momento, dejan de tener contacto con sus iguales". Pero progresivamente abandonan "cuestiones relevantes para su día a día" (higiene, alimentación, sueño...) hasta que llega "un malestar". Ocurre poco a poco "de manera natural". Por eso, hay que estar muy atentos a las señales, "si dejan de asistir a clases o empiezan a suspender".

Las señales de la adicción

Según explica la psicóloga Cristina Pérez, en el servicio del S.A.A.T., cuando dan sesiones de orientación a las familias y les explican "dónde poner un ojo" para detectar si hay un problema, les dicen que tienen que observar lo que ocurre en 5 áreas:

  1. El área académica: si baja el rendimiento o empieza a faltar a clase injustificadamente.
  2. El área social: pérdida de contacto / aislamiento creciente.
  3. El área de hábitos saludables: cambios en sus patrones de alimentación, sueño, higiene o deporte.
  4. El área emocional: excesiva inestabilidad emocional / síntomas depresivos.
  5. El área de convivencia o área familiar: crecen los conflictos, especialmente los que están relacionados con el tiempo de uso de las tecnologías / abandono de rutinas o actividades habituales.

El papel de la familia

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El 20% podría estar "enganchado a los videojuegos", según Unicef España.

Uno de los mayores problemas con los que se encuentran en el servicio, explica Pérez, es que los adolescentes enfermos "no tienen conciencia del problema". "Normalmente ellos piensan que están haciendo un uso normal" porque "cuando se comparan con otros compañeros, efectivamente existe un uso muy excesivo de las tecnologías en términos generales".

Es curioso que las frases de los jóvenes con este tipo dependencias son las mismas que las de otras adicciones. "Siempre creen que controlan, que no tienen ningún problema y que simplemente se divierten", señala la experta. "Y aquí entra en juego el papel de la familia", advierte. "Es necesario que, desde pequeños, se vaya haciendo un acompañamiento en el uso, poniendo límites y tareas progresivamente, para que sean acordes a su edad".

"Muchas veces los progenitores se centran en el ámbito académico cuando les inculcan responsabilidades" y, en consecuencia, ellos consideran que han cumplido cuando ya han hecho sus tareas. "El resto de responsabilidades no existen y creen que se pueden dedicar a jugar", explica. Para que se conviertan "en adultos independientes y autosuficientes, tenemos que ir guiándolos, dándoles cada vez más responsabilidades".

Requieren un abordaje multidisciplinar

El tratamiento de este tipo de adicciones siempre ha de ser individualizado. "Lo que vemos es la punta del iceberg", explica la psicóloga del S.A.A.T., "pero hay que mirar lo que hay debajo del agua" para ver "lo que lleva a cada adolescente a hacer ese uso (de las tecnologías) o mostrar esa sintomatología".

No obstante, sí hay una serie de puntos que se trabajan en todos los casos. "Cosas básicas", exclama. Por un lado, están orientadas a "reintroducir, o introducir en caso de que no las hubiera antes, actividades al margen de la tecnología, que les permitan socializar con sus iguales de manera saludable". Por otro, dirigidas a "recuperar rutinas perdidas tanto de sueño como de alimentación", e incorporar hábitos "como el de hacer ejercicio, que es muy importante en la adolescencia".

Y, por supuesto, hay que prestar atención a la parte emocional. Realizan un "acompañamiento" hasta que se regula y pueden "identificar esas emociones y gestionar qué pueden hacer con ellas, de una forma más adecuada". Trabajan con las habilidades sociales, su manera de afrontar las dificultades... En definitiva, se realiza "un abordaje multidisciplinar".

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