El récord de temperatura de Escocia, anulado por culpa de un camión de los helados

El 28 de junio se registró una temperatura de 33,2°C, pero un vehículo estacionado cerca de la estación meteorológica ha puesto en duda la cifra.

Daniel Rodríguez Herrera

Es un problema conocido de las estaciones meteorológicas que toman las temperaturas usadas para los registros oficiales. Aunque generalmente fiables a corto plazo, su localización las hace susceptibles de presentar datos más altos de los reales cuando se usan para tomar series de temperaturas a largo plazo debido a los cambios en su entorno por la urbanización, que provoca la aparición de superficies de cemento o asfalto o de fuentes de calor como compresores de aire acondicionado. Un estudio de 2015 concluyó que alrededor de dos tercios de las estaciones de Estados Unidos presentaba este tipo de problemas.

A veces, sin embargo, este tipo de problemas son más puntuales. Y eso es lo que ha pasado con la estación situada en el Strathclyde Park de Motherwell, que marcó una temperatura récord en Escocia de 33,2ºC en la tarde del pasado 28 de junio, un día especialmente caluroso. El abrigo meteorológico que protege los instrumentos de medición –llamado en inglés "biombo de Stevenson" en honor al ingeniero inglés que lo diseñó, el padre del novelista Robert Louis Stevenson– está junto a un aparcamiento. Y el día de autos se situó junto a él un camión de helados con el motor encendido para mantener funcionando los congeladores.

Debido a esto, el Met Office británico ha decidido descartarlo como récord de temperatura en Escocia desde que hay mediciones y volver al anterior de 32,9°C medida el 9 de agosto de 2003. Aunque habría que ver las condiciones de la estación de Greycrook donde se tomó; no deberían ser demasiado buenas porque la cerraron casi inmediatamente después, en 2004.

La baja fiabilidad de las estaciones meteorológicas a largo plazo y los problemas de las correcciones estadísticas que se les aplican para corregirlos han sido una queja habitual de los escépticos con las teorías alarmistas del cambio climático, quienes suelen preferir las medidas de satélite siempre que estén disponibles.

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