Cuando la Luna estaba poblada de hombres con alas

¿Cree que la mentira en la prensa es cosa de ahora? En 1835 ya se montaban bulos enormes para vender más periódicos.

América Valenzuela / Cóctel de Ciencias, QUO

"Medían metro y medio y estaban cubiertos de pelo a excepción del rostro. Era un pelo corto y lustroso color de cobre teniendo además alas compuestas de una membrana delgada y sin pelo las que con toda comodidad plegaban sobre la espalda desde lo alto de los hombros hasta las pantorrillas". Así describía a los habitantes de la Luna el diario New York Sun en el año 1835. Fue una de las mayores farsas de la historia de la ciencia.

"Tenían la cara de un color de carne amarillento mejorando en algo la del orangután por ser de una expresión más despejada e inteligente y tener la frente mucho más extensa. La boca sin embargo sobresalía más de lo regular aunque este defecto lo disimulaba una espesa barba que tenían en la quijada inferior y unos labios mucho más parecidos a los humanos que los de ninguna de las razas simias", añadía. Lo bautizaron como Homo vespertilio y aseguraban que se reunía en torno a grandes templos que habrían construido.

En seis entregas que dispararon las ventas del periódico, un tal Dr. Andrew Grant, supuesto alumno inseparable del prestigioso astrónomo John Hershel (hijo del más afamado aún William Hershel), explicaba los descubrimientos sobre la vida en la Luna de su maestro, que en realidad nada tuvo que ver con el texto. Describía con emoción y todo tipo de detalles los paisajes, la geografía y los colores que vieron a través de un telescopio óptico muy potente que habían diseñado.

Además de los habitantes humanoides se cruzaron en su largo paseo por los enormes bosques, lagos y playas de brillante arena blanca que salpicaban el satélite, con fauna de lo más diversa, como "un castor bípedo sin cola" o "cuadrúpedos de cuello desproporcionado, cabeza de carnero y cuernos espirales tan blancos como el marfil pulimentado". Otro ser que descubrieron lo clasificaron como monstruo. Era azul y tenía cabeza de cabra con un solo cuerno. Era ágil y elegante como una gacela.

Aunque nunca lo admitió se sospecha firmemente que el autor real de los textos fue el reportero Richard Adams Locke. Fue descubierto pocos días después del inicio de las publicaciones. No queda claro si su intención era simplemente aumentar las ventas del periódico o burlarse de las publicaciones salidas de madre de algunos astrónomos en aquellos tiempos, que aseguraban haber encontrado restos de megaconstrucciones en el satélite. Sea como fuere, nos deja una magnífica historia de ciencia ficción.

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