El precedente de 2007

Topillos: esperando a la plaga

En circunstancias ambientales favorables, puede producirse una explosión demográfica. Ocurrió así en 2007 y las consecuencias aún se notan.

Miguel del Pino

La gran plaga de topillos campesinos que sufrió la Comunidad de Castilla y León el año 2007 y los impactos causados por las toneladas de rodenticidas empleados para combatirla han dejado un amargo recuerdo, tanto entre agricultores como entre conservacionistas. Estamos en unos años de relativa tranquilidad pero muchos se preguntan, no si volverá, sino cuándo volverá la plaga.

Las extrañas fluctuaciones cíclicas

El fenómeno de plagas que se presentan cada cierto número de años, si bien no con exacitud matemática, no es nuevo, ni siquiera raro en la naturaleza. Especialmente espectacular es el caso de los lemmings del norte de Europa. Los roedores, orden al que pertenecen lemmings y topillos, presentan un potencial de reproducción verdaderamente extraordinario, y cuando se producen circunstancias ambientales muy favorables pueden darse explosiones demográficas de sus poblaciones, que aparecerán entonces con carácter de plaga. En ciertas ocasiones estas superabundancias temporales pueden presentarse de manera cíclica. ¿Será éste el caso de los topillos campesinos?

¿Qué ocurrió en Castilla antes de la plaga?

Ya el año 2006 pudo observarse en muchas localidades de Castilla y León un número de topillos exageradamente elevado, pero nada hacía presagiar la gran plaga de 2007 que causó verdaderos estragos en diversas localidades de la Tierra de Campos, afectando especialmente a los cultivos de alfalfa. Es imprescindible averiguar las causas, y muy especialmente si éstas se encuentran sólo en mecanismos de ajuste naturales o si ha intervenido la mano del hombre. En el caso de las plagas de topillos campesinos esto último parece incuestionable.

El topillo campesino (Microtus arvalis) no es un roedor propio de la estepa cerealista, sino más bien de praderas húmedas y frescas del limite inferior de las montañas. Lo que atrajo a estos animales hacia las tierras de cultivo fueron las imprudentes explotaciones de regadío lindantes con dichas praderas húmedas. En lugar de una seca barrera entre su paraíso fresco y verde lleno de pastos jugosos, los cultivos citados constituyen una incitación a bajar y a invadir los cultivos herbáceos, especialmente los de alfalfa. En ecología suelen pagarse muy caros los errores en la planificación y gestión del territorio.

De todas formas estamos aún lejos de conocer con exactitud todos los factores que condicionan las explosiones poblacionales de los roedores. Seguramente la mala gestión de las superficies de cultivos sin establecimiento de barreras se vería complementada esos años 2007 y 2008 por factores climáticos. En definitiva, cuando llegó la plaga sorprendió a agricultores y autoridades y ya era tarde para prevenir la catástrofe.

Millones de euros y toneladas de veneno

Al amparo de la Ley de Plagas, que permite la utilización de rodenticidas en caso de proliferación alarmante de roedores, se emprendió de inmediato la solución del envenenamiento. En los meses de mayo y julio de 2007 fueron derramadas toneladas de clorofacinona directamente sobre los sembrados. Se trata de un rodenticida anticoagulante en forma de gránulos, muy poco apetecible para los topillos campesinos, que son predominantemente herbívoros. La plaga comenzó a declinar, pero el efecto secundario sobre otras especies, algunas de ellas de interés cinegético, fue tan grande que hubo necesidad de prohibir el consumo de la carne de palomas y liebres. Sin contar las bajas en las poblaciones de rapaces, que hubieran sido las enemigas naturales de los roedores-plaga. Una sucesión de desatinos, con el atenuante de la premura con que era necesario actuar en función de la lógica presión de los agricultores sobre politicos y administrativos.

Las siguientes campañas, como las de febrero y abril de 2008, se basaron en un rodenticida mucho más tóxico, la bromadiolona, si bien se tomaron medidas de protección, como la introducción de los gránulos venenosos en tubos de dificil acceso para animales grandes. De todas formas, el derrame de parte del producto fuera de los tubos, siguió resultando letal para los predadores y para para muchos pájaros, como las alondras de los cultivos. La fauna natural de la zonas envenenadas posiblemente no volverá a regenerarse nunca.

¿Volverá la plaga?

Las experiencias sobre plagas cíclicas de roedores y los estudios efectuados sobre las mismas parecen indicar que la vuelta de la plaga de topillos es sólo cuestión de tiempo, especialmente si no se corrigen los errores cometidos y se mantienen esos regadíos limítrofes con la montaña. Cuando los topillos vuelvan será preciso estar prevenidos.

Un proyecto esperanzador

De manera silenciosa se vienen realizando una serie de trabajos de laboratorio y de campo para tratar de paliar los efectos de la próxima plaga de topillos campesinos. Se trata de la instalación estratégica de perchas de vigilancia y de casetas-nido para la introducción en los bordes de los cultivos amenazados de dos especies de aves de presa que son en la naturaleza los principales predadores de los topillos: la lechuza común y el cernícalo vulgar. Ellos serán nuestros principales aliados.

No estamos hablando de fantasías ecologistas. El proyecto está siendo llevado a cabo por GREFA, una entidad de gran prestigio cuyas siglas se traducen por Grupo de recuperación de especies de la fauna autóctona. Colaboran la Universidad de Valladolid, la Fundación Biodiversidad, el Instituto para las Investigaciones Cinegéticas y otras solventes entidades. Todas unidas para evitar la ruina agrícola , cinegética y conservacionista de una plaga tan terrible.

Los modelos predador-presa

Las relaciones entre los depredadores y sus presas se conocen relativamente bien en el estudio sobre modelos de la ecología de campo, y resultan muy fáciles de entender. Cuando un predador captura un roedor no sólo lo elimina como individuo, sino que corta su capacidad de reproducción y detiene así las progresiones geométricas. A más presas la rapaz no sacará adelante un par de pollos, sino cinco o seis, que actuarán a su vez limitando el número de aquéllas: un círculo de control que funciona de manera maravillosamente equilibrada.

En algunas localidades palentinas y abulenses, los campesinos se van familiarizando con la silueta de las perchas y las cajas nido-que van apareciendo en linderos y bordes de cultivo, y lo que es mejor, muchas de ellas ya están siendo ocupadas por las brigadas de cernícalos y lechuzas, los cuerpos de seguridad a los que se ha encargado el trabajo. A ellos se unen "cuerpos de voluntarios", como los ratoneros, milanos, aguiluchos y hasta los pequeños mochuelos. Esta vez los topillos no nos cogerán desprevenidos.

*Miguel del Pino Luengo es Biólogo y Catedrático de Ciencias Naturales

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