Nos la comemos doblada

Katy Mikhailova

Primero fue la bolsa de Ikea. Ahora es la camisa-camiseta, ese híbrido extraño entre una prenda y la otra, que al final no queda en nada y abarca todo al mismo tiempo. Una guarrería. Igual que los inodoros con chorros de agua para ahorrar tiempo, la hamburguesa de tofu -querida hermana, no te ofendas- para ahorrar karma, las botas-sandalias ante la indecisión de los caprichos del cambio climático y el agujero de la capa de ozono, los tampones con alas y la copa menstrual. Sí, es verdad: los tampones con alas no existen. Pero puede que sea el invento de la humanidad de la próxima década.

Camisa-camiseta. Ni te queda ni te aprieta. Eso si, cara de tacones. 950 euros. Es lo que tiene llevar "ropajas" de esos pseudo-genios electos por la industria de la moda, cual Vaticano escogiendo al Papa, solo que aquellos tienen bastante menos criterio y moral.

Se llama Demna Gvasalia, georgiano, el director artístico de la firma Balenciaga -y como no es español, no habla español, y no me va a leer, puedo hasta meterme con él sin que se ofenda-. El ente en cuestión ha parido este no-arte y esta no-moda, que pronto Inditex y otros grupos expondrán en sus tiendas: pero más baratas -bastante más baratas- y, si me apuran, hasta más estéticas.

La camisa-camiseta es de esas prendas que de haberlas llevado en mi infancia al colegio me habrían retirado la palabra. Por ‘nerd’ y ‘gilipollas’. Pero ahora los ‘alternativos’ son los que ‘molan’. Sí, amigos: porque mola ponerse gafas sin graduación para que estética de ‘empollón’ cobre sentido. Y esa camisa-camiseta sólo le puede sentar bien a Milhouse. Para afirmar después que Los Simpson también predijeron la debacle del gusto de la estética de los humanoides de Occidente.

A los que les sabe a poco, además de la camisa-camiseta, existe la ‘doble camisa’: que es algo así como camisa con otra camisa incrustada, con 4 mangas. Entiendo que está creada para algún ser con las manos muy largas -llámese chorizo-, o, en su defecto, 4 brazos. Se me ocurren muchas bromas políticas con esto de las manos; más aun en los tiempos que corren, en los que un mudo le dice a un sordo que un ciego le está mirando. Dicho de una manera más clara: que un partido corrupto ataque a otro partido por corrupto para pactar con independentistas y llamar a todo ello Democracia. Y mientras, nos la comemos doblada, la camisa, lógicamente.

Pero volviendo a la moda, que es en lo que estamos… Hubo un tiempo en el que Balenciaga era un genio, y un señor de carne y hueso que creaba auténticas obras de arte. Hoy día "Balenciaga" representa, o bien a un jugador del Athletic de Bilbao -aunque es Balenziaga con Z-, o a una marca del conglomerado Kering -grupo que controla Gucci- que adquirió la firma en el 86, dejando de ser propiedad del creador, que hoy es leyenda.

La marca se dedica a cachondearse de media humanidad con semejantes bazofias confeccionadas y explicadas como arte y alta costura, y esas palabrejas de marketing que engañan a más de uno.

Lo preocupante de todo esto es que el producto se compra. Se consume y se lleva. De verdad. Creánme. Instagram se llena de memes y mofas con la camisa-camiseta y la camisa-camisa. Si Cristóbal levantara cabeza… ¡Ay, España!

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