Chicote encuentra al cocinero más cerdo de 'Pesadilla en la cocina'

Tenemos que hablar de Manolo, con toda seguridad el cocinero más cochino de toda la historia de Pesadilla en la cocina. 

Juanma González

Tenía que llegar el momento en que Chicote se internase en su particular Cámara de los Horrores. Con La Terraza Rocío, un restaurante con aire de patio andaluz en Valencina de la Concepción (Sevilla), el gore alimenticio regresó a Pesadilla en la cocina a lo grande y de la mano de Manolo, sin duda el cocinero más guarro de todos los que se han medido con Chicote.

Las dos Rocíos, madre e hija y propietarias del local, se ven incapaces de internarse en la cocina, el reino donde Manolo lleva gobernando con impunidad durante 51 años. El señor es un problema tan grande que la joven e inexperta dueña no alcanza a controlar. La joven Rocío no acaba de dar la cara y solo su madre asume las responsabilidades del desastroso servicio.

María, camarera y segunda hija, es la chivata de Chicote. Ella es quien le confiesa que hay problemas graves entre madre e hija que no tardaremos en presenciar. Pero antes tenemos que hablar de Manolo, un chef cochino y cerdo como ninguno de los vistos en Pesadilla en la cocina. Manolo, que sirve alimentos estropeados sin inmutarse. Manolo, que coge alimentos del suelo y los echa al plato. Manolo, que se suena las narices en la comida, no cierra los recipientes ni tampoco admite consejo alguno. Manolo.

Unas croquetas más duras que el escudo del Capitán América y una rosada caducada fueron solo el primer plato de la pesadilla sevillana. El bueno de Manolo lleva un buen puñado de años envenenando poco a poco a Valencina de la Concepción.

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La joven Rocío y Chicote | Atresmedia

Primero, Chicote cambió las funciones de las hijas en el negocio y estableció un sistema de notas para que los clientes valorasen. El resultado, 39 suspensos de un total de 40 notas, pero la semilla del cambio, con las chicas conscientes del desastre, estaba ya plantada. Llegó la hora de las reformas en el local y una nueva carta, reflejo de la nueva actitud personal, pero fueron insuficientes para que las Rocíos solucionaran los problemas. Consecuencia: tormenta sevillana, y no precisamente de sabor.

Y a la tercera va la vencida… más o menos. La Terraza de Rocío levantó el vuelo, o comenzó a hacerlo, cuando la jovencísima María, hasta ahora poco más que la secundaria cómica en el show de las Rocíos, reveló su verdadera utilidad en la cocina… ¿quizá una futura sustituta del veterano Manolo? El final optimista de la Terraza fue el abrazo de una madre y sus dos hijas, por fin reconciliadas y decididas a sacar adelante el negocio. Pero de Manolo, ahí plantado mirando todo, mejor hablamos otro día.

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