El cobrazo bisbalino y las neuras de Pitita

Pablo Molina

España está en estos momentos dividida entre los que afirman que David Bisbal rechazó un beso de Chenoa en la gala televisada de Operación Triunfo y los que aseguran que todo obedece a un efecto óptico y a la gente, que es muy mala y ya no sabe de qué hablar. Hay una tercera España, la inevitable tercera vía, que no vio en directo la retransmisión del concierto pero pasó la mañana del día siguiente documentándose sobre el suceso en las redes sociales, así que, a efectos del debate sobre el presunto cobrazo bisbalino, cuenta también en perfecto régimen de igualdad.

Hay ya diversas líneas de investigación centradas en determinar si Bisbal retiró la cara a propósito, con el fin de evitar el beso de su exnovia. La más prometedora se basa en unas imágenes tomadas desde la parte posterior del escenario, en las que parece que no existe intención de abortar ese beso al final de la canción, pero el asunto está todavía muy lejos de haber quedado zanjado para la Historia.

¿Hubo osculus interruptus o no hubo osculus interruptus? ¿Dejó en evidencia el ingrato Bisbal a la dulce Chenoa por pudor? ¿Por mala conciencia? ¿O todo obedece simplemente a una campaña –otra más– del IBEX 35? Sea como fuere, el suceso ha permitido a la portavoz del muy podemita Ayuntamiento de Madrid ofrecer otra lección de dignidad democrática desde una perspectiva de género –ya la conocen; siempre tan concienciada–. Pitita Maestre, en efecto, se ha posicionado al lado de la cantante despechada y ha dedicado una reprimenda a los que pretenden ridiculizar a una mujer por el mero hecho de haber sido rechazada.

Podemos estará siempre enfrente de los que desdeñan a las de abajo y las privan de su momento romántico ante el público de este país de naciones. Acabemos con los que se enriquecen a costa del deseo besucón de los que peor lo están pasando. Porque fueron, somos; nunca más una cantante sin su beso. Chenoa es gente y Bisbal, casta. Ahora ya se entiende todo.

A continuación