Tomatito, genio de la guitarra, bisabuelo a los 62 años

Tomatito, uno de los dioses del flamenco, tiene nada menos que quince nietos y una biznieta recién nacida.

Manuel Román

Desaparecidos Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar, Tomatito es el referente de la guitarra flamenca, con otra derivación musical que lo ha llevado a acoplarla a otros ritmos asociados al jazz latino. Pero él insiste siempre que nació flamenco y morirá flamenco. Un genio que lejos del escenario se siente muy familiar junto a su esposa, sus seis hijos, quince nietos ¡y una biznieta!

José Fernández Torres nació el 20 de agosto de 1958 en el barrio almeriense de la Pescadería. Gitano "fino, filipino", como decía Peret. Lo de Tomatito le viene de los suyos, así apodados: su abuelo, su padre,que era también guitarrista, mote que ha heredado su hijo José, que tras estudiar piano pensó que era mejor seguir las huellas de sus ancestros y ya ha realizado giras con su progenitor y grabado algún disco con él.

No eran ricos como ahora lo es Tomatito cuando transcurrían los años 60 y su familia vivía de manera modesta. Dejó José Fernández Torres Almería y se afincó en Málaga unos años, siendo aún adolescente, pero ya con los suficientes conocimientos para actuar como guitarrista en los primeros "tablaos" que lo contrataron. A uno de ellos, "La Taberna Gitana" fueron a escucharlo una noche Paco de Lucía y Camarón de la Isla. Y Tomatito, que tocaba acompañando a los cantaores y bailaoras de turno, llamó la atención de aquellos dos grandes del flamenco. Con el paso de los años, llegaría a actuar con ambos.

La habilidad de Tomatito con la guitarra le serviría también para acompañar a grandes del cante: José Menese, Enrique Morente, Pansequito… El primer disco que grabó junto a Camarón fue "La leyenda del tiempo". En "Como el agua" lo hizo al lado de Paco de Lucía. Y con ambos en "Potro de rabia y miel". A la muerte de José Monge (Camarón) en julio de 1992, Tomatito estuvo tres meses sin querer pisar un escenario abrazado a su guitarra. Estaba de luto. Y le costó arrancarse al toque cuando un productor italiano, Pino Sagliocco, pudo convencerlo de que era necesario que volviera, ya en calidad de solista.

En esa nueva etapa Tomatito vivió satisfacciones, como actuar en espectáculos de Elton John, Julio Iglesias y sobre todo Frank Sinatra, que lo eligió como telonero en una de sus últimas giras internacionales. En España fue en Barcelona y La Coruña. Tomatito pulsaba las notas de su guitarra antes de que Frankie saliera a cantar y permaneciera entre bastidores con un vaso de whisky entre las manos y un cigarrillo en las comisuras de sus labios. Aquello tranquilizaba a la Voz. Tomatito lo recuerda con afecto. Alguien debió decírselo a Frank: que había muerto Camarón de la Isla. Y entonces le dio el pésame al almeriense.

Tomatito ha recorrido medio mundo. Como solista, en sus incursiones jazzísticas, bebió en las fuentes de dos leyendas: Stéphane Grapelli y Dyango Reinhardt. En esos terrenos del jazz latino Tomatito ha brillado junto al pianista dominicano Michel Camilo, desde la primera vez en 1997, con quien ha vuelto a actuar semanas atrás en Madrid. Hermanado el piano de éste con la guitarra de aquél. Y extasiando al público que los escuchaba ahora con su versión del famoso "Concierto de Aranjuez", del maestro Rodrigo. Toca de oído, con el instinto de los ciegos: él no lo es, desde luego; se sincera, porque no posee estudios musicales y por tanto es incapaz de leer partitura alguna. Y en ese peregrinaje artístico por los Estados Unidos, lo contrataron para figurar en una secuencia de la película Pactar con el diablo, cuyo protagonista era Al Pacino.

Tomatito, como hace décadas atrás hiciera junto a Chick Corea y John McLaughlin, también ha gozado con ellos, extraordinarios instrumentistas de alcance mundial en el campo del "jazz free". La cercanía de Tomatito con el jazz se remonta a 1984 cuando en el entonces Palacio de los Deportes madrileño tocara con Ray Barreto. Pero si Camarón estuviera vivo, ha dicho el de Almería que seguiría a su lado.

A Tomatito no se le ha subido el éxito a la cabeza. Ha alcanzado gran repercusión fuera de España, como guitarrista flamenco y como repetimos, fusionando su instrumento con notas de jazz. Pero él no ha perdido el norte, sus ancestros, no olvida de dónde procede, de una familia calé de condición humilde. Y vuelve siempre a Almería, su tierra, su querencia. Tiene casa en Aguadulce, uno de los más bonitos rincones del sureste andaluz. Y una finca también, que le sirve de reposo cuando quiere descansar después de sus largas giras. Allí cuida sus caballos, tiene ovejas, gallinas, gansos… Y lo principal, por supuesto: el hogar familiar. Junto a María de los Ángeles Torres, con quien se casó por el rito gitano. Así también lo hizo su hijo varón, José, quien como dijimos está destinado a ser el heredero de la guitarra de sus antepasados. Y de sus cinco hijas, está la llamada como su madre, que es cantaora. El padre y sus dos hijos artistas han actuado juntos ya en bastantes ocasiones. Un clan siempre unido.

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