Si me dan 400 niños, los sentamos en jaulas

Rosa Belmonte

Dos mujeres, Martha y Jennifer. Martha Mitchel y Jennifer Lopez. La primera, muerta. La segunda, muy viva. Dos documentales en Netflix. La serie de Startz con Julia Roberts sobre el Watergate y Martha Mitchel, mujer del fiscal general y hombre de confianza de Nixon, es una mata que no ha echado. Un desperdicio. Una especie de Thick of It sin pretenderlo. ¿Todos eran idiotas en el Watergate? El documental El efecto Martha Mitchel es mucho mejor que la serie Gaslit. Lo del ‘efecto’ en psiquiatría con su nombre sólo se dice al final en un letrero, no va de eso. Va de Martha Mitchel en el Watergate. De sus intervenciones televisivas, de su tratamiento en la prensa, de las bromas con ella al teléfono (a las que se prestaba), de Nixon diciendo que sin Martha no habría habido Watergate. O de su entierro y esa corona de flores con un "Martha tenía razón". Siempre ha sido un personaje muy interesante dentro de una trama legendaria.

El documental de Jennifer Lopez también es interesante. Incluso conmovedor. Halftime es ella preparando su actuación en la Super Bowl. Claro que es mucho más, pero ese es el hilo del que tiran. Es Estafadoras de Wall Street. Es la temporada de premios. Es no ganar el Globo de Oro y no ser nominada al Oscar. Es llorar cuando lee que es una actriz infravalorada. También sale su madre ("nos daba palizas"), sus hijos feos y el vestido verde de Versace. Cuando lo lleva en los Grammy y cuando desfila con el mismo en la pasarela, Donatella le dice que tiene mejor cuerpo y Anna Wintour la saluda efusivamente desde la primera fila, para pasmo de JLo. Tampoco se esconde de decir lo mal que le parece que en la Super Bowl tenga que compartir el espectáculo con Shakira. Aunque no dice nada contra ella ("Dos artistas. Lo peor que se les podría ocurrir"). Lo más gracioso es que se le ocurre llevar a Bruce Springsteen para cantar "Born in the USA", pero decide que es mejor que su hija Emme interprete la canción. Tras las jaulas de Trump a los inmigrantes, se interesa por los asuntos sociales. Ve a unas niñas bailando y quiere poner jaulas en el escenario con niños dentro. Y a su hija. "Si me dan 400 niños, los sentamos en jaulas". La NFL se niega, pero lo cierto es que en el espectáculo se ven. Bueno, son como las jaulas de Piolín con los barrotes muy separados. No dan miedo. La hija, Emme, ahora es de género neutro, según se pudo ver en la Gala Diamante Azul de los Dodgers de Los Ángeles hace poco. La presentó utilizando el they/them. La última vez que habían cantado juntas fue en la Super Bowl. "Le pido que cante conmigo y no quiere". "Me cuesta dinero cuando canga. Pero vale cada centavo porque es mi pareja de dúo favorita de todos los tiempos". Salió Emme, con una pinta muy diferente a la vista en el documental, y cantó ‘A Thousand Years’, de Christina Perri.

Supongo que un documental de Marie Curie sería bonito, pero no baila. El de Jennifer Lopez me parece más inspirador. Me da tanta envidia descubrir la radiactividad y los dos premios Nobel que ver a Jennifer Lopez entrenando en la barra. Eso del pole dance, que lo he intentado, es para supermujeres. Me acuerdo cuando la monitora decía "¡Bombero en zeta!", que era deslizarse de arriba abajo en la barra con las piernas en zeta. Lo único que conseguí fueron unas agujetas que para qué. En la barra parecía un koala. Solo me parecía a Jennifer Lopez en los morados (los enseña).

Jennifer Lopez se merece que Ben Affleck le dirija esa película por la que le den un Oscar. Aunque acaben hablando el efecto Affleck.

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