Cómo la vida arrebató a Roberto Carlos lo que más quería (y su eterna pugna con Julio Iglesias)

Roberto Carlos, el cantante brasileño más popular, acaba de cumplir 80 años.

Manuel Román

Acaba de cumplir ochenta años. Continúa siendo el cantante más popular de Brasil. Le teme a la vejez. A su edad, en situación de riesgo, se cuida al máximo, está confinado en la casa que tiene en el elegante barrio de Urca, en Río de Janeiro. En cada aniversario muchos de sus vecinos y admiradores acuden hasta esa vivienda y no se van hasta que Roberto Carlos sale a la terraza a saludarlos. Es un mito de la canción romántica. Probablemente otros colegas y compatriotas, ostenten mayor prestigio, como Vinicius de Moraes, Antonio Carlos Jobim, Chico Buarque, Caetano Veloso…, pero él les gana en cercanía con la gente, no sólo en Brasil, también en Centro y Sudamérica y en Europa; no digamos en España, donde se le considera un ídolo. La última vez que nos visitó fue para cantar en Madrid en 2019. Ahora, medita su próxima gira para 2022, si es que el Covid-19 ya ha remitido. En Brasil son ya más de trescientos mil los fallecidos por el virus y el cantante no se ha atreve a poner los pies en la calle. Se entretiene componiendo canciones para el disco que prepara. El último está fechado en 2019, "Especial Alem do orizonte". El año anterior publicó en español "Amor sin límites". Hasta la fecha ha vendido en todo el mundo ciento cincuenta millones de copias en varios idiomas. Sus canciones más conocidas son : "El gato que está triste y azul", "Detalles·", "Un millón de amigos", "Amante a la antigua","Eu daría a minha vida", "Namoradinha de un amigo meu", "Cama y mesa" y entre algunas otras, la que dedicó a su madre, "Lady Laura".

Roberto Carlos es un hombre piadoso, que cumple con los deberes de su religión y lleva un enorme medallón sobre su pecho con la efigie del Sagrado Corazón de Jesús; que yo lo he contemplado las veces en las que me encontré con el cantante y compartí mesa y mantel a su lado. Siempre cordial, la única vez que se enfadó conmigo fue cuando le pregunté por su accidente de infancia cuando tuvieron que amputarle la pierna derecha a la altura de la rodilla. Accidente que sucedió teniendo seis años, cuando jugaba en la estación de ferrocarril de su pueblo, Cachoeiro de Itapemirim, siendo arrollado por una locomotora de vapor. Desde entonces lleva una prótesis. Tuvo que acostumbrarse a caminar con esa deficiencia y si alguien lo ignora y se fija en sus andares lo disimula bien tras el largo tiempo transcurrido.

Tiene algunas manías, como la de vestir en el escenario regularmente de blanco y azul. No es su única obsesión, parece ser a causa de cierto desajuste en su idiosincrasia. Hace unos años rivalizaba con nuestro Julio Iglesias. El caso es que no mantienen relación alguna y puede que nunca se saludaran siquiera. Dos divos que cuidan su parroquia de seguidores.

La idolatría que los brasileños sienten hacia Roberto Carlos se amplía, no sólo por sus canciones: también ha intervenido en once películas. Para el próximo año va a estrenarse una más, de corte biográfico. Libros sobre su vida han aparecido unos cuantos, y él desautorizó uno de ellos, logrando que lo retiraran del mercado. Es muy exigente con todo lo que se publica sobre él.

Viene a ser ahora mismo uno de los más veteranos intérpretes en activo. Hay que recordar que a los nueve años se subió por vez primera a un escenario. Se le considera líder de un movimiento musical, la Joven Guardia. La música de los Beatles le inspiró en gran parte de su repertorio. Dudó en sus comienzos si enrolarse entre aquellos compatriotas que difundían la bossa nova, pero él no tuvo mucha fortuna en esa línea, y decidió probar suerte con temas de pop-rock y finalmente baladas de corte romántico y espiritual, que es donde encontró el filón para triunfar durante medio siglo. No quiere jubilarse. Ha ganado mucho dinero y el reconocimiento de millones de admiradores de medio mundo.

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Roberto Carlos | Gtres

En cambio, su vida sentimental le ha sido esquiva y dolorosa. En ese lado afectivo lloró la muerte de su madre, Laura Moreira Braga, fallecida a causa de una infección respiratoria. Su primera mujer, Cleonice Rossi, acabó víctima de un cáncer en 1990. Otra de sus esposas, la pedagoga Maria Rita Simöes Braga, con quien llevaba cuatro años casado, también murió de cáncer. Tan enamorados estaban que Roberto Carlos sigue recordándola y cuando va a terminar sus actuaciones suele dedicarle unas palabras y una canción. En 1991 la justicia le obligó a reconocer un hijo suyo, fruto de sus relaciones con María Lucila Torres cuando él contaba veinticinco años. Amoríos juveniles. Dos días antes de que ella se fuera de este mundo, Roberto Carlos firmó los documentos reconociendo la paternidad de ese muchacho, que luego quiso hacer carrera como cantante, pero fracasó y se gana la vida en un concesionario de automóviles. Y para completar esa lista de desgracias, uno de los tres hijos que tuvo con su primera esposa está casi ciego.

Se emparejó con otras mujeres que, afortunadamente, no tuvieron el siniestro final de las otras: María Gladys y María Stella Splendore. Porque Roberto Carlos fue siempre un seductor. Su último amor se llama Myriam Ríos. Tantas desdichas no han acabado con el espíritu de lucha que preside el carácter de Roberto Carlos, que espera reanudar cuando le sea posible su vuelta a los escenarios, como si empezara de nuevo su larga y meritoria carrera.

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