Las sombrías tramas que acaban de descubrirse de la vida de Maradona

Maradona falleció hace menos de un mes, pero ya circulan episodios turbios y desconocidos de su vida.

Manuel Román

Cuando aún no ha transcurrido un mes de la muerte de Diego Armando Maradona (acaecida el pasado 25 de noviembre) circulan episodios sobre su turbia vida y se estrenan varios documentales que recuerdan su paso por tres equipos europeos, Barcelona, Nápoles y Sevilla. También se especula sobre su testamento, la fortuna que dejó aún sin precisar sobre todo en cuanto a propiedades en varios países. En definitiva: "El Pelusa", desde el punto de vista informativo, continúa generando interés público y creemos eso seguirá por cierto tiempo, desde luego en Argentina, donde su leyenda tardará muchos años en apagarse, posiblemente.

Su llegada a Europa fue procedente del Argentino Juniors y Boca Juniors, sus equipos de referencia. La directiva del Barça perseguía el fichaje del jugador, pero resulta que un almirante de la República Argentina, muy relacionado con la cúpula del gobierno dictatorial, se opuso a que Maradona abandonara el país. Por lo que la llegada de éste al equipo blaugrana se retrasó un año, previo pago de seis millones de euros al cambio actual. Dos años fueron los que residió el pibe en la Ciudad Condal, instalado en una lujosa vivienda del privilegiado barrio de Pedralbes, calle de San Francisco, por donde transitaban sus suegros, otros familiares, allegados como se dice ahora, amigotes y caraduras aprovechados que bebían, comían y se divertían a costa de Dieguito.

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Maradona | Archivo

Ni qué decir que la vida cotidiana del jugador no era la apropiada de un deportista, de un astro de su categoría. Las juergas que allí se corría aquella tropa de permanentes invitados no se terminaban hasta la salida del sol. Modelos y admiradoras del Pelusa se paseaban por las habitaciones de la casa, y Diego Armando no perdía la oportunidad de encamarse con ellas. ¿Qué pasó al poco tiempo? Que un día el cuitado tuvo que acudir a un hospital. Oficialmente le diagnosticaron una hepatitis. Lo que lo ausentó tres meses de su actividad futbolística. Ahora se ha podido saber que la tal hepatitis no era sino una contagiosa enfermedad venérea, que se ocultó a la afición del Barça por motivos fácilmente comprensibles.

A pesar de la vida frívola que seguía el jugador, la directiva barcelonista trataba de no amonestarlo, habida cuenta que los goles que conseguía y el buen juego en general proporcionaba al club muchos beneficios, ganancias aparte por el negocio del merchandising. Jugaría en total cincuenta y ocho partidos marcando treinta y ocho goles. Lo peor vino en un decisivo encuentro del Barça contra el Atletic de Bilbao: fue lesionado por una violenta entrada de Goicoechea. Y allí se quebró la estancia de Maradona en el equipo blaugrana. El presidente del club, José Luis Núñez, estaba hasta la coronilla de cuanto le sucedía a su estrella, en el campo y fuera del césped. Así es que acordó traspasarlo al Nápoles por mil doscientos millones de pesetas. En la operación se beneficiaba de doscientos millones, según había contratado al Pelusa. Intentó éste entrevistarse con Núñez, que no lo recibió. "Me ha faltado al respeto", musitó el delantero argentino. Por él, hubiera seguido viviendo en Barcelona, donde fue muy feliz y su familia se había adaptado a la vida barcelonesa. Allí, éxito deportivo aparte, es cuando comenzó su bajada a los infiernos, no ya por su relación constante con mujeres de toda condición, sino por su inicio con las adicciones de sustancias que iban a llevarlo después en Nápoles, a ser un drogadicto irrecuperable.

Dejamos a un lado ese paso por el equipo napolitano, para contarles lo que le pasó después en Sevilla, una vez transcurrido los quince meses que le suspendió la Fifa para jugar al comprobarse que consumía habitualmente cocaína. Setecientos cincuenta millones de pesetas fue el precio del traspaso que hubo de satisfacer el club sevillista. Al que llegó por la insistencia con la que el entrenador Carlos Salvador Bilardo mostraba por tener a sus órdenes a su compatriota. Lo recibieron en la capital de la Giralda como si fuera un personaje mundial (que lo era en el fútbol) aunque magnificando demasiado su petrsonalidad. Y él, que ya acusaba su declive físico, se aprovechó de aquella admiración que despertaba entre la simpática afición sevillista.

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La vida de excesos de Maradona | Archivo

Por lo pronto lo instalaron en un chalé lujoso, a las afueras de la capital, en la urbanización "Simón Verde". Era propiedad del matador de toros Juan Antonio Ruiz "Espartaco", ajeno por supuesto a lo que nada más irse a vivir allí el Pelusa, su mujer y sus dos hijas, ocurrió entre aquellas paredes. Porque una vez sus familiares y allegados lo visitaron, creyeron con la venia del divo, que era su propia casa. Y no dejaron de seguir aprovechándose de la generosidad de Maradona. Mogollón de fiestas hasta altas horas de la madrugada. Desfile nuevamente como en Barcelona de modelos de "alto standing" y putas, también de alguna "hincha" sevillista que otra. ¿Resultado? Que Diego Armando se saltaba su obligación de entrenar cada mañana a las diez porque estaba absolutamente destrozado por su vida de crápula. Su esposa, Claudia Villafañe, tragaba, cornuda siempre. Y las hijas, Giannina y Dalma sólo contaban tres y cinco años. Poco parecía importarles al jugador, por mucho que las quisiera. Las drogas circulaban por aquella casa con la mayor impunidad, sin discreción alguna.

La directiva sevillista, avisada del ritmo de alegre vida de Maradona, tanto en Barcelona como en Nápoles, contrató a tres detectives privados, que lo seguían en una potente moto. Aún así, difícil de ejercer su trabajo, pues el Pelusa manejaba un "Porsche". Los informes de aquellos detectives daban cuenta puntualmente a los directivos de los excesos que a diario protagonizaba el astro argentino. No llegaría a jugar una temporada completa, sino sólo veintinueve encuentros. Iba a percibir trescientos millones de pesetas por cada uno de los dos años firmados. Y hartos de sus devaneos el club lo facturó a Buenos Aires pagándole únicamente ciento cincuenta. Maradona iba cayendo cada vez más bajo en el fútbol y en su vida privada, en tanto su salud ya daba nuestras de empezar a resquebrajarse.

El director de cine Emir Kusturica dirigió un documental sobre Maradona en 2008; el mejor de los tres que últimamente han comenzado a emitirse en canales de pago. Entretanto no cesan las investigaciones policiales en Buenos Aires para esclarecer si hubo "mala praxis" médica en la atención recibida por el jugador en vísperas de su inesperado fallecimiento. El chófer de Maradona ha sido objeto de ese seguimiento. También por otro lado la familia del extinto trata de conocer cuál es el patrimonio que ha dejado, en metálico en cuentas corrientes y en propiedades, algunas en varios países, tanto americanos como europeos. Se especula con una deuda que el gobierno venezolano de Nicolás Maduro mantenía con el Pelusa. Al parecer, éste proporcionó un préstamo al dictador chavista, cifrado en cincuenta millones de dólares.

La leyenda de Maradona, como decíamos al principio, puede que siga proporcionándonos más sorpresas. El ídolo muerto, descansa. Pero no ciertos asuntos de su controvertida existencia.

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