La cruzada contra el porno de Mabel Lozano

Mabel Lozano se ha reciclado con varios libros y un documental sobre la trata de blancas y la explotación sexual.

Manuel Román

Es Mabel Lozano muy activa y así figura en su "curriculum" profesional: actriz, presentadora de televisión, guionista, directora de cine y escritora, con dos libros publicados en torno a la trata de mujeres y su explotación sexual. En el segundo de ellos, recién aparecido, PornoXplotación, sostiene que El porno mata el amor. Ha contado para escribirlo con la colaboración de su compañero, inspector de policía. Unas camisetas con ese lema se están vendiendo con fines benéficos, destinados a una ong. Ya alejada de su faceta de actriz, Mabel Lozano dedica su tiempo a una lucha en favor de las mujeres desprotegidas, de las que abusan mafiosos sin escrúpulos. Casada con el director y productor Eduardo Campoy, es madre de dos hijos, que ha superado la operación para extirparle un cáncer de mama que sufrió en la pasada primavera.

La personalidad de Mabel Lozano sorprende siempre al interlocutor que acaba de conocerla. Tiene una simpatía urgente, acompañada por su amplísima sonrisa: la de una toledana muy atractiva, con ojos algo achinados, que en diciembre próximo cumplirá sus muy bien llevados cincuenta y tres años. En su pueblo manchego, Villaluenga de la Sagra, dijo un día "que no había instituto, pero sí un puticlub". Ya de niña, Mabel se distinguía en su pandilla porque jugaba al fútbol: entonces no era como ahora, que hay liga femenina de Primera División. Por esa afición, le endosaron el mote de "La Machirulo", que ella soportó con buen humor.

Como tenía, y mantiene, un cuerpo escultural, cuando llegó a Madrid con sus afanes de coinvertirse en actriz, aceptó ser modelo. Como tal, disfrutó de su estancia en París, Milán e incluso Tokio. Alternó esa faceta con la de presentadora y actriz en televisión, también en el cine, medio en el que se enamoró de Eduardo Campoy, importante productor y asimismo realizador. Roberta y Jacobo son los hijos de la pareja. El varón tiene ya dieciocho años. A los dos los ha educado Mabel, con especial cuidado a la hora de hablarles del sexo y sus consecuencias, un peliagudo tema que a veces los padres no saben abordar con acierto.

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Con su marido e hija | Cordon Press

Cansada de que no tuviera oportunidad de interpretar papeles importantes, fue dejando de lado su trabajo de actriz y tras cursar estudios universitarios y cinematográficos se convirtió en documentalista y escritora de ensayos sobre el maltrato a las mujeres, la compra-venta de niñas y adultas para su explotación sexual, la maternidad en el siglo XXI… La dedicación intensa a esas investigaciones, dentro y fuera de España, tuvieron su recompensa con sus conferencias y premios. "Dicen que estoy loca porque me ocupo de la trata de mujeres", comentaría. No parece corriente que un rostro conocido como ella, guapa, inteligente, con un nivel notable en su paso por la televisión y el cine, abandone esa actividad que le granjeó dinero y popularidad para interesarse por unos problemas sociales, que en el aspecto material no le han proporcionado ni el dinero de ayer ni la atención de los focos en los estrenos y las revistas del corazón, como disfrutó hace dos y tres décadas. Mas Mabel se siente muy recompensada e íntimamente es feliz con ese compromiso en defensa de quienes padecen agresiones sexuales. "Cuando el cuerpo de una chica vale unos pocos euros al prostituirse, su vida ya es una desgracia".

En su último libro, antes mencionado, le ocupa una triste realidad: la de que menores, adolescentes, consuman porno con el descuido de sus padres, desconocedores de lo que les supondrá en el futuro; chavales ante el ordenador o sus tabletas buscando webs, gratuitas o de pago, que condicionarán su conducta cuando sean mayores. Para documentarse en tan problemático asunto, Mabel Lozano tuvo que efectuar bastantes entrevistas personales con actores de esas películas pornográficas y con adictos al sexo. Conoció, por ejemplo, a un niño de ocho años que se enganchó a tan temprana edad al porno. Sobre el particular, Mabel dice que quienes así se comportan, llegada su edad adulta tratarán a las mujeres como simples objetos de placer. En busca de testimonios reales viajó a Colombia, donde permaneció varias semanas, país vivero de mafias que obligan a niñas y jóvenes a dedicarse a la pornografía. Mujeres del Este de Europa, rumanas, y todas aquellas que, engañadas, llegan a España, sometidas al maltrato de sus captores, es algo que como un cáncer está presente en nuestra sociedad. Citada esa enfermedad, Mabel Lozano hubo de interrumpir sus trabajos en el pasado mes de abril para someterse a una intervención quirúrgica, cuando le detectaron un tumor de mama. Estos últimos meses de pandemia, Mabel se ha ído recuperando felizmente.

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