Lola Flores murió hace 25 años cautivada por "El Junco", su último amante

Lola Flores murió cautivada por El Junco. Así contaba ella sus otros escarceos sexuales.

Manuel Román

Iba a clarear ya la mañana del 16 de mayo de 1995 cuando, aún con las últimas luces de la noche, en su chalé "El Lerele", a las afueras de Madrid, moría Lola Flores tras una larga lucha contra el cáncer de mama, que le detectaron en 1972 y que atenazaba su existencia. Desaparecía la artista folclórica más popular de España. Triunfó en los escenarios; vivió amores intensos: el último, con un gitano apodado "El Junco", al que quiso apasionadamente en la sombra, sin dar pública noticia de ello, quizás consciente de que nadie se atrevería a divulgarlo. Acertaba. Algunos, estábamos enterados del asunto. Callábamos. Además: "La Faraona" insistía que nunca dejaría a Antonio González "El Pescaílla", como había prometido a sus tres hijos. Esta que sigue es la historia de aquellos amores clandestinos.

Verano de 1973. Me encontraba en la Costa del Sol, enviado especial de la revista en la que trabajaba, para cubrir informativamente la estancia por aquellos pagos de todo personaje que "se pusiera a tiro". Concerté un almuerzo con Lola Flores y su hermana Carmen. Mi compañero, el redactor gráfico Santi Álvarez, las fotografió en Puerto Banús luciendo sus hermosas piernas. Lola lucía unos morenos muslos de escándalo. Contaba cincuenta años muy bien llevados, con la energía de una joven de menos edad. A los postres, me confesaría: "Mira, yo quiero a mi Antonio, pero una cosa es el sexo y otra, el cariño. Llevamos dieciséis años casados. Eso no se puede olvidar. Nuestros hijos nos dijeron que teníamos que vivir siempre bajo el mismo techo. Y Antonio ya no llevó a cabo lo que había pensado: irse de casa. No dormimos en la misma cama; él hace su vida, se encarga de nuestro negocio, el restaurante "Caripén", nos vemos todos los días… Yo soy desde luego "el tío" de la casa. Bastantes personas viven gracias a lo que yo gano. Porque los pantalones, los llevo bien puestos. Y he amado, sí, a otros hombres. Han sido pocos esos amores; pero intensos...".

Mentalmente, pensaba yo en esos lances de su corazón. Comenzando por la primera vez que se acostó con un hombre. Ella misma se lo contó a Tico Medina en sus "memorias": "Fue en Valladolid, en una pensión de artistas… Perdí mi virginidad en los brazos del "Niño Ricardo", mi guitarrista". Luego vendrían otras fogosas relaciones: con los futbolistas Biosca, del "Barça", y Coque, delantero del Atlético de Madrid; con el matador de toros Rafael Gómez "Gallito", sobrino de Joselito y con el diestro sevillano Manolo González; también con el galán de cine Rafael Romero Marchent. Ella quería casarse, tener descendencia. Y eso sólo lo consiguió al conocer a Antonio González, el guitarrista calé. Lola no era gitana, pero solía decir que en su sangre había un cuarterón que venía de esa raza.

Todavía, en aquel almuerzo marbellí, me quedaba por escuchar una sorprendente confesión de Lola Flores. En el imaginario de haberla grabado con una cámara provista de sonido, sería una pieza de elevada carga erótica. Llevándose las dos manos desde los pechos hasta más abajo de su vientre, me dijo: "Yo llevo aquí un fuego que me quema. Para apagarlo, necesito ver siempre que puedo a un hombre al que quiero con locura y que me corresponde. No puedo darte ningún dato más. Me voy ahora mismo a encontrarme con él". Me dejó intrigado. Y no pude publicar aquello. Todavía funcionaba la censura franquista. Y si no, de antemano, la propia autocensura de las publicaciones, por el miedo al secuestro o a una fuerte multa.

Con el tiempo, supe quién era aquel hombre con el que estaba citada aquella tarde agosteña: un antiguo bailaor de su compañía, el gitano Antonio Carrasco "El Junco", al que había contratado siete años antes, cuando Lola contaba cuarenta y tres años y él, diecisiete. No importó que "El Junco" se casara con una cantaora llamada Marta Amaya. Fueron amantes hasta que pocas semanas antes de su muerte Lola viviera con él su última noche de ardiente amor.

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El entierro de Lola Flores | Archivo

"El Junco" quiso acudir desde Bormujos, donde vivía con su familia, a darle la despedida. Se lo desaconsejaron. ¿Quiénes? No se supo. Y él se quedó en su vivienda sevillana, pagada en buena parte por Lola, llorando amargamente su muerte. Pasaron unos años. El 17 de mayo de 2004, noveno aniversario del fallecimiento de Lola Flores, la cadena Telecinco consiguió que Antonio Carrasco "El Junco" acudiera como invitado al programa ¿Dónde estás, corazón? para contar sus confidencias sobre aquel amor furtivo con Lola, a cambio de una elevada cantidad que, profesionales de muchos ámbitos no cobrarían entonces y puede que ahora también ni en un año: cuarenta y ocho mil euros. De aquellas dos horas de entrevista, recogimos lo que, extractado, sigue a continuación.

"Yo soy bailaor. Estando trabajando en "El Platero", un "tablao" de Marbella, llegó una noche Lola y Antonio, su marido porque querían contratarme para su próximo espectáculo, "La Guapa de Cádiz", que se estrenó dos años después. Medió el representante, Pulpón, firmándome una exclusiva de doce años con la compañía de Lola Flores, en calidad de primer bailarín de su cuadro flamenco. Yo estaba bien considerado, era un buen bailaor. La relación que Lola y yo tuvimos comenzó cuatro o cinco años después de mi contrato. Recuerdo que cierta mujer iba mucho a visitar a Antonio González a su camarín, y entonces Lola cogió celos. Aquella pasión que sentía por Antonio dejó de existir y Lola comentó que se le había caído la venda de los ojos".

Lola y "El Junco" se veían a escondidas. Se amaban con arrebato. Quien entonces se anunciaba como Antonio el Cordobés, luego "El Junco", refería que la admiraba mucho antes de encamarse con ella. Lola se lo contó a "El Pescaílla", su marido: "Me he enamorado de ese muchacho, pero, tranquilo porque yo te sigo queriendo a tí. Como un hermano. Y no quiero que te vayas de nuestra casa". Hubo un amago de Antonio González por dejarla, pero no se atrevió. Por su prole. Y porque seguía queriendo a Lola.

"Yo era su amor en la sombra – continuaba confesando "El Junco" - . Sentía que eso estaba mal, que no gustaba entre los míos, pero a ella me la puso Dios, el Divino, en mi camino… Nunca hablamos Antonio González y yo de eso. Y yo no podía salir con ella por la calle para no perjudicarla. Los amigos de Lola sí que me aceptaron. Nuestro amor fue muy difícil. Llorábamos juntos. Quería estar conmigo todo el tiempo posible, pero no tanto como yo deseaba. Y nunca le pedí que dejara a los suyos, su casa, su familia y se viniera a vivir conmigo".

Resultó, al cabo de unas temporadas, que Lola Flores le pidió a Antonio Carrasco "El Junco", que dejara de bailar en su compañía. Él se extrañó. "¿Y a qué me voy a dedicar, de qué voy a vivir?". La respuesta de Lola lo tranquilizó. Se ocuparía de él, de su mujer, de los hijos que tuviera, para que no pasara privaciones. De momento pagó el alquiler de un bar situado en el centro de Sevilla, que atendieron dos hermanos de "El Junco". Negocio ruinoso al final. Lola se ocupó de financiarle un piso en la Alameda de Osuna, que luego "El Junco" vendió por doce millones de pesetas, cantidad con la que se hizo, en una pequeña parcela, una casa en el campo, en Bormujos. Y además, generosa como siempre fue, también sufragó los costes de una operación de menisco a la que se sometió la madre de su amante, que realizó un afamado cirujano del Real Madrid.

"El Junco" tenía que esperar a Lola. Cuando ella quisiera, cuando ella pudiera encontrarse con él para continuar sus encuentros amorosos a escondidas. "Yo renuncié al baile, a los hijos, para estar en un segundo lugar quedándome en casa sufriendo. A mis cincuenta y siete años no encontraba trabajo, aunque estuve un tiempo con los albañiles, recogiendo aceituna… Lola me decía que cuando necesitara yo dinero, escribiera un libro contando lo nuestro. Pero siempre pensé que si llegaba a esto, lo contaría con todo respeto, sin ofender a nadie. No he traicionado a Lola ni a su familia. No he vivido de Lola aunque me ayudó lo que pudo. Y si me retiró del baile, aunque yo no quería, fue porque era muy celosa".

A "El Junco" no le entraba en la cabeza que alguien pudiera tratarlo de chulo. Pero Lola Flores lo mantuvo unos años. Eso lo reconocía él mismo. Dos semanas después de que enterraran a Lola, un tipo se comunicó con "El Junco", de parte del representante de la gran artista fallecida, Pepe Vaquero: le ofrecía un maletín con cincuenta millones de pesetas, contantes y sonantes, si accedía a contar para una revista, en varios capítulos, la historia de sus amores con Lola. Y algo ofendido y muy digno, Antonio Carrasco se negó en redondo. Pero como, pasados los años, el hambre, y las necesidades que en general "El Junco" acumulaba para seguir adelante con su familia, no tuvo más remedio que recurrir a las hijas de quien fuera su amante. "Si llamé a Lolita es porque era el último hombro en el que podía apoyarme. La llamada fue porque precisaba tres millones de pesetas para montar un negocio. Y esa cantidad se la pedía como préstamo. Y me contestó que no podía porque su madre había dejado muchas deudas. Reconozco que Lolita regaló tres mil euros a mi mujer. Yo quise a los hijos de Lola como si fueran míos también. De parte de Rosario, a poco de morir su madre, me vino a ver una mujer, que me dio un millón de pesetas. Y en otra ocasión recuerdo que también me mandaron otras trescientas mil". En total, en diez años tras la desaparición de Lola Flores, "El Junco" se embolsó una cantidad, entre las antiguas monedas y euros, equivalente a un millón ochocientas mil pesetas. No estaba mal para quien en vida de Lola se benefició de su ayuda, que él no podía cuantificar en su totalidad. O no quería. Suficiente para estar unos años sin dar golpe, sufriendo según sus confesiones, siempre esperando que llegara Lola. ¿Y qué hacía entre tanto? Misterio. Una espera, un goce después. Retribución que le compensaba, puesto que no cambió de proceder, ni de vida.

Para este hombre, su pasión por Lola fue un constante sacrificio. Un sinvivir. Ella le pidió que dejara su profesión, el baile, y él aceptó. Por amor, insistía una y otra vez en sus confesiones. "Fue lo que más quise en este mundo".

Tras aquel programa en Telecinco, "El Junco" también se sentó posteriormente ante las cámaras de Antena 3, para contar lo mismo y cobrando otro goloso talón bancario. Hace tiempo que no se ha sabido más de este personaje. Sin duda lo fue. Como protagonista de la última historia de amor que vivió la inmortal, para el mundo del espectáculo, Lola Flores.

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