María Salerno, la chica del destape que vino de la radio y después se desvaneció

María Salerno, musa del destape, se desnudó en el cine y protagoniza el último serial radiofónico Simplemente, María.

Manuel Román

La leonesa María Salerno nació en febrero de 1948 y establecida en Madrid, primero con el sobrenombre de Marta Monterrey y finalmente con su primer apelativo, hizo su debut en el cine con pequeños papeles en aquellos filmes rodados la mayoría en las secas tierras almerienses, que serían etiquetados en un subgénero conocido como "spaghetti-westerns", en razón a que, simulando estar ambientados en el Oeste norteamericano solían producirse con protagonistas italianos, directores y actores, aunque quienes los financiaran no sólo fueran de aquel país: contaban también con asistencia española. Películas de poca monta aquellas en las que tomara parte María Salerno, caso de La muerte busca un hombre y Reverendo Colt. Era María Salerno una belleza de mediana estatura con un rostro de los que se llaman fotogénicos, en el que sobresalía el magnetismo de sus ojos claros, con una sonrisa sensual que aprovecharían cuantos realizadores la tuvieron en sus repartos. Pero, con anterioridad a que su cuerpo deslumbrante se exhibiera sin ropa alguna en aquellos años del destape, una María Salerno ajena a tales experiencias se haría muy popular en toda España a través de las ondas: fue la protagonista del que se considera el último gran serial radiofónico de nuestro país: Simplemente, María.

Desde 1971 y durante tres años la cadena REM, que pertenecía al llamado Movimiento franquista, emitió diariamente esa radionovela. Quinientos episodios escritos por el más veterano especialista en ese lacrimógeno género, Guillermo Sautier Casaseca, que ya había conseguido, tiempo atrás, ruidosos éxitos como Lo que nunca muere y Ama Rosa. Podría decirse, sin caer en una exageración, que millones de españoles seguían aquellos seriales, con verdadero interés, con mayoría de oyentes femeninas. Interpretados por un cuadro de actores muy profesionales que, con voces bien timbradas, conforme las características de cada personaje, lograban comunicarse con la gran audiencia, hasta conseguir la emoción perseguida. Sautier Casaseca se había servido de una novela de la argentina Celia Alcántara, de la que en Perú y México, y posiblemente otros países hispanoamericanos, se hicieron asimismo adaptaciones para la radio. Y no sólo eso: en España se publicaron exactamente noventa y seis fascículos con el mismo argumento, en 1972, año también en el que se estrenó una película con el mismo tema. Protagonista en la radio española de Simplemente, María, fue nuestra recordada amiga María Salerno. Que representaba a una modesta muchacha santanderina que, como tantas chicas que estrenaban su juventud buscaban salir de su ciudad, con el afán de lo que se llamaba "ver mundo", alcanzar una proyección social más avanzada, vivir de paso alguna aventura... Y en esa huida hacia adelante, aquella María recalaba en un Madrid bullicioso, donde en un principio la joven parecía perdida aunque esperanzada. Al no tener estudios ni mayor preparación tenía que ganarse la vida como criada, chica de servicio, o como se llamarían luego, en un puro eufemismo, empleadas de hogar. Y un día, iba a conocer su primer gran amor. O eso creía ella. Era un guapo estudiante. María se hacía ilusiones. Podría casarse, tener hijos, ser feliz en la gran ciudad. Terminó quedándose embarazada, sola, sin saber a qué puerta llamar para que la ayudaran en ese trance. Su Adonis, el galán de novela con el que tantas ilusiones se hizo, voló para picotear en el mundo soñado por otras ingenuas.

Una historia vulgar, desgraciadamente harto sabida en la vida real. Pero que funcionó en aquel serial, tras cuyo capítulo, los radioyentes lloraban, conmocionados por la mala suerte de María. No necesitaba apellidos. Era una simple criatura, como tantas y otras desvalidas en semejantes circunstancias. (Y no sigo, no sea que derrame alguna lágrima sobre las teclas de mi ordenador). El caso que nos ocupa nos lleva a que María Salerno se convirtió en una actriz muy popular. Si a través de los aparatos de radio o los primeros transistores sólo se conocía su limpia voz, la fotonovela daba testimonio de su belleza física. Y las revistas del color acabaron por convertirla en esos tres años que duró la radionovela en un personaje asiduo en sus páginas, ya contando su vida propia, los novios que tuvo.

Dio el salto a la televisión en la mitad de los años 70. Chicho Ibáñez Serrador, buen ojeador de chicas con encanto, la fichó como azafata de Un, dos, tres..., en la primera época del programa- concurso más visto en la historia de TVE, hacia 1974. Y desde allí pasó con similar cometido a Señoras y señores, año 1978, y también a otro recordado espacio musical, Aplauso, que comandaba el tempranamente desaparecido José Luis Uribarri. En esas apariciones de la pequeña pantalla, María Salerno acrecentó su notoriedad. Una belleza de corte elegante. Que aprovecharon algunos productores para contratarla en películas del destape que mencionábamos al principio: Las delicias de los verdes años, El erótico enmascarado, La masajista profesional, Caray con el divorcio, Playboy en paro... Subproductos que obtenían buenas taquillas partiendo de historietas de cama y despelote, viniera o no a cuento. Cualquier pretexto era bueno para contemplar a María Salerno y otras colegas, como mínimo en ropa interior y, a las primeras de cambio, se quedaban tal y como su madre las trajo al mundo.

Mariano Ozores, muy profesional, se especializó como director de esas películas. Y la pareja formada por Pajares y Esteso, habituales protagonistas de enredos y disparates vodevilescos, reforzados por la presencia de Juanito Navarro, Antonio Ozores y demás cómicos del momento. Las revistas que algunos denominaban "guarras" no desaprovecharon la oportunidad de tener a María Salerno mostrando sus interioridades. Eso duró hasta la primavera de 1985. Una enamorada actriz que quiso ya olvidarse de ser sólo una actriz que enseñaba su cuerpo y deseaba casarse y montar un hogar. Que es lo que hizo, cumpliendo el primer sueño que albergaba aquella María del serial. Con sus ahorros, abrió un par de peluquerías de señoras en los aledaños del estadio Santiago Bernabéu. Y después, ya no supimos más de ella.

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