Los seis años de Patricia Rato con Javier Moro (y lo que pasó con Espartaco)

El romance de Patricia y José Antonio, pese a discreto, tuvo sus avatares periodísticos. También la nueva vida de ambos.

Manuel Román

La vida tiene veces escenas de vodevil teatral. Juan Antonio Ruiz "Espartaco", matador de toros vivía muy feliz junto a su esposa, Patricia Rato y los tres hijos de la pareja. Un día presentó a su mujer a un conocido. Pasan los años. El matrimonio se divorcia. Y aquel "conocido", resulta que es ahora el amor de Patricia Rato. Casi veinte años duró la convivencia de "Espartaco" y Patricia.

Ella se había enamorado de él viéndole torear en las plazas, admirando su valor, su técnica, e imagino que atraída asimismo por su físico. Puede que también por las virtudes que los periodistas contábamos del diestro sevillano: sencillo, consciente de sus orígenes humildes, responsable, muy familiar...El caso es que Patricia Rato, perteneciente a una dinastía de banqueros asturianos, sobrina del que fuera vicepresidente del Gobierno, hoy caído en desgracia y encarcelado, decidió un día conocer a Juan Antonio Ruiz, y se encaminó muy resuelta al madrileño hotel Palace, donde aquel se hospedaba cuando dejaba su finca sevillana. No pudo hablar con él por lo que dejó una tarjeta de visita en la conserjería. Cuando la leyó, "Espartaco" consultó a sus allegados si era procedente llamarla. Lo hizo. Y a partir del primer momento surgió el amor entre ambos.

Una historia apenas conocida que supe de quien la vivió muy de cerca, sin género de dudas. El director madrileño de un semanario "del corazón", que sólo parecía interesarse por la lectura diaria de la prensa francesa, hizo caso a un siniestro y desprestigiado colega del mismo medio, quien adquirió de una agencia de prensa un reportaje que faltaba, como comprobé, a la verdad, y que decidieron publicar. Reportaje que luego se demostró contenía unas fotos robadas al torero, en las que aparecía con una antigua novia suya, Juana Valderrama, hija del afamado cantaor flamenco. Medié de buena fe en el turbio asunto y comprobé que, efectivamente, "Espartaco" ya había roto hace tiempo con la hija de Juanito Valderrama y Dolores Abril, y que tenía por novia a una sobrina carnal del político Rodrigo Rato. Tras mis gestiones, cené con la pareja. Los vi muy enamorados. No había duda: el torero y la atractiva joven estaban prometidos. Así lo confirmé aquella noche de mayo de finales de los años 80 en el restaurante del madrileño hotel Palace. La revista que había publicado la mentira antes comentada, con el agravante de unas fotos sustraídas al torero, para continuar con aquello tan español de "sostenella y no enmendalla", publicó a la semana siguiente en portada que "Espartaco" en realidad jugaba a dos barajas, con dos mujeres: Juana Valderrama y Patricia (a la que le hurtaba su apellido). Dos enfados seguidos que hirieron profundamente a Juan Antonio Ruiz y a su enamorada. Y también a los Valderrama.

Ajeno yo a ese sucio embrollo de la revista, alejada de toda ética periodística, tuve que dar explicaciones a la pareja, desplazándome para verlos dos centenares de kilómetros, a costa de mi propio peculio, hasta una ciudad extremeña, Mérida, donde "Espartaco" toreaba esa tarde, en la que Patricia, no soportando el peligro que su novio arrostraba ante sus dos toros, se pasó todo el tiempo que duró el festejo acurrucada en el hombro de mi esposa, pellizcándola llena de nervios. Cuento esos detalles personales para evidenciar que seguí muy de cerca el noviazgo de "Espartaco" y Patricia Rato. No querían celebrar una boda multitudinaria. Y eligieron la madrugada del 7 al 8 de julio de 1991 en el convento de Nuestra Señora de Loreto, en Espartinas, localidad natal del torero. Acudieron los más íntimos. La familia Rato no vio con buenos ojos aquella boda y sus miembros principales se abstuvieron de estar presentes en la ceremonia.

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Con Javier Moro, en la actualidad | Gtres

Un mes después, sin que se hiciera pública, di con la pareja en Bilbao, que trató de esquivar al fotógrafo que me acompañaba, aunque pude saludar al diestro y a Patricia. Que ya estaban casados, como digo, mas no me lo dijeron. Sería a finales del verano cuando se descubrió el pastel, repartieron alguna foto de la boda y ya pudo saberse que eran marido y mujer. Patricia Rato estaba acostumbrada a vivir en el madrileño barrio de Salamanca, rodeada de todo confort, habituada a recorrer las lujosas tiendas del distrito. Pero llevada por su amor a Juan Antonio no le importó sacrificarse, yendo a vivir a la finca del torero, en plena campiña sevillana. Y aguantando la dura vida de un matador de toros, las tardes en espera del teléfono para cerciorarse de que todo había ido bien, cuando no había algún percance. Tuvieron tres hijos, uno de ellos varón. Con los años, la mayor hubo de marcharse a Madrid, por sus estudios. Le siguió la segunda. Patricia se iba alejando de la finca andaluza... y del torero. Quien a su vez parece que ya no disfrutaba del mismo cariño hacia su esposa. Separación, divorcio. Y entre medias, la aparición de una alta funcionaria de la Junta de Andalucía, la abogada Macarena Bazán, sorprendida junto al matador. ¿Había sido él quien causó la ruptura matrimonial? Siempre tuvimos a Juan Antonio por un joven responsable. La intimidad de una pareja no se conoce de puertas hacia adentro. Y nos quedamos con la duda de quién de los dos dio aquel paso.

"Espartaco" se quedó en Sevilla, luego se estableció alguna temporada en otra finca onubense y apenas supimos ya más de él. En cuanto a Patricia Rato, ya de nuevo en Madrid, al cuidado de sus tres hijas, no dio motivo de escándalo alguno. Murió su padre, Ramón Rato. También su madre, Felicidad Salazar-Simpson, dama de grandes virtudes, muy religiosa. Al funeral último por supuesto acudió "Espartaco". Y un desconocido para la prensa, amigo de Patricia. Nadie de los reporteros reparó entonces en él. Mas a partir de entonces, año 2013, consoló a Patricia Rato, la acompañó en esos meses difíciles de su duelo familiar, hasta convertirse en su nuevo amor. Y ahora ya hemos sabido su identidad y que, a través de "Espartaco" precisamente y en una cacería, conoció a Patricia, de casada.

Se llama Javier Moro Peralta, empresario manchego, natural de Talavera de la Reina, donde es dueño de un próspero negocio familiar, fábrica de harinas muy productiva creada por sus antepasados. Tiene cincuenta y siete años, ocho más que ella, alto, delgado, cabellos negros alisados. De elevado patrimonio, También está divorciado. Su mujer, Sonsoles, le dio dos hijos, uno de veintiseis años en la actualidad y otro de veinticuatro. Javier estuvo luego a punto de casarse, pero dejó a esa novia para conquistar a Patricia Rato, con quien en las últimas fiestas de Navidad y Reyes ha pasado unos días de alegres vacaciones en Roma. Que vayan a casarse es algo que por el momento desconocemos. Patricia sigue muy pendiente de sus hijos. Las dos chicas, ya aparecen de vez en cuando en las revistas rosas, muy guapas, con aire de modelos, que frecuentan los locales más de moda de Madrid entre lo que viene conociéndose como "la gente guapa". Respecto a "Espartaco" y su vida actual, apenas se sabe nada, ni si alberga el deseo de casarse por segunda vez.

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