El secreto mejor guardado de Ana Torrent: es madre de una hija neoyorquina

Siempre discreta y natural, Ana Torrent guarda para sí algunos secretos. Su maternidad, por ejemplo, no es muy conocida. 

Manuel Román

Una de las películas más sorprendentes, por su magia, su misterio, su trasfondo de poesía, fechada en 1973, fue El espíritu de la colmena. Si bien Fernando Fernán-Gómez encabezaba un brillante reparto, la heroína de aquella historia era la niña de siete años Ana Torrent. Quiso su director, Víctor Erice, que los personajes se llamaran igual que los actores en su vida real, para que los pequeños de la película no encontraran raro "llamarse" de otra manera.

Ana Torrent llegaba al cine, en un papel importante, tras ser elegida por Erice en el colegio donde estudiaba, lo que en principio encontró cierto rechazo en la familia de la neófita actriz. Los Torrent-Bertrán de Lis pertenecían a una clase social elevada, sobre todo la madre, de una dinastía aristocrática. El éxito sorprendente de El espíritu de la colmena, que no era en principio un filme para atraer en las taquillas a un público masivo y en especial el descubrimiento de Ana Torrent, con aquella inquisitiva mirada, sin pestañear, ante la cámara, indujo a pensar que esa niña, más que prodigio, dotada de una admirable naturalidad, podría seguir su incipiente carrera en el cine. La realidad, como puede comprenderse, es que para Ana fue poco más que un juego. Ni siquiera cobró por su interpretación: la llevaron a una tienda de El Corte Inglés y la invitaron a escoger un juguete. Eligió una bicicleta.

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Ana Torrent en El espíritu de la colmena | Cordon Press

Continuó sus estudios escolares pero con catorce años fue tentada nuevamente para ser coprotagonista de una interesante cinta de Jaime de Armiñán, El nido, premiando a la actriz en el Festival de Montreal. Ya decidida a continuar en el cine, rodó en 1996 Tesis, feliz experimento del entonces principiante Alejandro Amenábar. Y en Yoyes desarrolló su talante dramático en un guión inspirado en la vida de aquella terrorista arrepentida a la que ETA asesinó.

Que Ana Torrent, a mitad de esos años referidos, cursara unos años la carrera de Geografía e Historia no la alejó como se ve del mundo cinematográfico, ya totalmente convencida de que ser actriz formaría parte de su futuro. Se matriculó en la escuela de interpretación de Cristina Rota para luego irse a Nueva York becada en otro instituto donde reforzó sus conocimientos. La capital norteamericana le fascinó. Y en Estados Unidos intervino en 2008 en Las hermanas Bolena, incorporando el personaje de Catalina de Aragón en un elenco donde destacaban Natalie Portman y Scarlett Johansson.

Nueva York se convirtió en la ciudad donde Ana Torrent encontró el amor, tiempo atrás, en 1998. Su pareja desde entonces es un fotógrafo llamado Alan, que también trabaja en el cine en esa especialidad. Tienen una hija, ya con diez años. De su intimidad, Ana Torrent no habla con los informadores. Ha mantenido casi en secreto su maternidad. Es discreta y aunque con su buena educación de siempre suele atajar el asunto con una sonrisa, para responder a preguntas que sólo tengan que ver con su trabajo.

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Ana Torrent, en 2016 | Cordon Press

Yo la entrevisté en sus primeros tiempos artísticos y siempre se mostró solícita y amable, un punto tímida, muy sensible. Con los años, no ha perdido encanto, ganando desde luego en sus interpretaciones.

Suele trabajar últimamente menos en el cine y más en el teatro. De su época más reciente en los escenarios anotamos sus estrenos de Pingüinas, Ricardo III, Fuegos, Madame Bovary y en la actualidad compartiendo pareja teatral con Carmelo Gómez en Todas las noches de un día. Eso quiere decirse que desde hace unos meses ha vuelto a vivir en Madrid, su ciudad natal desde hace cincuenta y dos años, aunque no ha abandonado su residencia en Vermont, al norte de Nueva York.

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